El plan del presidente Donald J. Trump contra el régimen del Ayatolá, Alí Jamenei, eliminado durante el primer día de la operación militar conjunta con Israel “Furia Épica”, data desde su primer mandato (2017-2021).
Un proyecto de legislación para frenar las acciones militares de Washington contra Irán se hundió en el Senado con 53 votos opuestos y 47 a favor. Otro en la Cámara de Representantes corrió con igual destino: el fracaso
El plan del presidente Donald J. Trump contra el régimen del Ayatolá, Alí Jamenei, eliminado durante el primer día de la operación militar conjunta con Israel “Furia Épica”, data desde su primer mandato (2017-2021).
Y estaba previsto para el segundo término después de que el Presidente impusiera una extensa batería de sanciones y diera marcha atrás al "funesto acuerdo nuclear firmado por Barack Hussein Obama y Teherán”, como lo denominó el líder republicano.
Lo anterior significa que es un plan extremadamente estudiado y calculado, con todos los posibles escenarios de guerra junto a su impacto económico y geopolítico.
La escasa cúpula militar y de poder que aún sigue en pie en Irán había tirado la toalla (a punto de una rendición) y pide negociaciones urgentes. Trump respondió que “es demasiado tarde para eso”.
No obstante, un reporte del New York Times señala que jefes militares iraníes habrían contactado a altos funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para terminar la guerra.
El viernes 6 de marzo, el presidente Trump aclaró: "Sólo una "rendición incondicional" del régimen asesino de Irán pondrá fin a la guerra.
"No habrá ningún acuerdo con Irán salvo la RENDICIÓN INCONDICIONAL!", escribió el mandatario en su plataforma Truth Social.
Luego, añadió: Tras la elección de un "líder(es) GRANDIOSO(S) Y ACEPTABLE(S)", Washington trabajará con sus aliados "para sacar a Irán de la destrucción, haciéndolo económicamente más grande, mejor y más fuerte que nunca".
EEUU sigue hacia adelante en su operación militar conjunta con Israel para eliminar el régimen de los ayatolás, el principal promotor y patrocinador financiero e intelectual del terrorismo en el mundo.
Más ahora que acaban de fallar otros dos intentos de los nuevos demócratas del Congreso en Washington, que por lo visto siguen en el bando equivocado, el de los enemigos de EEUU y del pueblo estadounidense; ya ni se sabe por qué. Si es porque [se volvieron antiamericanos] o porque [el odio a Trump] los tiene completamente ciegos y enfermos.
Un proyecto de legislación para poner freno a las acciones militares de Washington contra Irán se hundió en el Senado con 53 votos opuestos y 47 a favor. Todos los republicanos, menos Rand Paul, votaron en contra y todos los demócratas a favor, menos John Fetterman, el más digno americano de izquierda en la Cámara Alta del Congreso federal.
En la Cámara de Representantes otro texto similar tuvo el mismo destino: el fracaso.
La Casa Blanca tiene cuatro objetivos principales en Irán: 1) Destruir las capacidades de misiles balísticos de Teherán; 2) Aniquilar su Armada; 3) Asegurar que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo jamás pueda tener un arma nuclear; y 4) Garantizar que el régimen iraní no pueda continuar con su labor de armar, financiar y dirigir ejércitos terroristas dentro y mucho menos fuera de sus fronteras.
La capacidad de lanzamiento de misiles y de drones por parte de los iraníes se redujo un 86% en el quinto día, después de comenzar la ofensiva conjunta militar de EEUU e Israel, informó el jefe del Estado Mayor Conjunto Dan Caine.
Teherán ha lanzado más de 500 misiles balísticos y más de 2.000 drones, pero lo más relevante es que la efectividad de impacto no llega al 5%, de acuerdo con informes del Pentágono.
Es decir, en su primera gran ola de respuesta, el régimen lo que ha hecho es quemar o botar su arsenal con un mínimo de efecto. Una segunda oleada de misiles tendría el mismo curso o peor.
La única estrategia posible para el acorralado régimen es extender la resistencia y lanzar misiles graneados cada cierto tiempo a modo de “sorpresa” con el objetivo de la tensión y el suspenso durante varias semanas más, mientras sigue fabricando misiles, y así [hacer creer a la opinión pública] que tienen “recursos para una resistencia sólida”; similar a la llamada guerra de desgaste que ha hecho Ucrania frente a Rusia, pero que en este caso la situación estratégica es muy diferente, al igual que sus actores.
De acuerdo con expertos, EEUU no ha utilizado ni el 3% de su capacidad de fuego ni de su arsenal y se ha dedicado a garantizar el campo estratégico de Israel para sus incursiones, en un rol que podría definirse como un potente escudo de poder.
Lo anterior pudiera significar que apenas cinco días de intensa ofensiva han sido suficientes para desmoronar la capacidad de ataque iraní, un régimen totalmente aislado en su respuesta, bloqueado y vigilado por mar, aire y tierra.
Se supone que los jefes militares aún vivos no quieren desaparecer al igual que toda la cúpula del clérigo y del resto del gobierno junto a los altos mandos. El Mossad tiene información precisa de todos y hacia dónde se mueven.
Según un reportaje del Financial Time, el Mossad de Israel lleva años de hackeo de las cámaras de vigilancia del régimen iraní, desde las calles hasta instalaciones, refugios y puntos clave.
El simple hecho de pedir negociar refleja la crítica situación del régimen, sin liderazgo; con muy escaso apoyo interior y cero del exterior. Pero también podría ser una nueva estrategia de los iraníes para [tomar un respiro y ganar tiempo].
El dato del brusco descenso de los lanzamientos de misiles y drones tranquilizó a los mercados bursátiles, que temían una afectación severa del comercio de petróleo por el Estrecho de Ormuz, por donde transita entre el 20% y el 25% del “oro negro” que se emplea en el planeta. Un cierre prolongado de la zona de comercio elevaría los precios con un efecto inflacionario inmediato en gran parte de la economía mundial.
El análisis, más especulativo que real, contrasta con el dramático ascenso a 112 dólares el barril cuando dio inicio la guerra en Ucrania en febrero de 2022. Esta vez, los precios oscilan por debajo de ese valor y el gobierno del presidente Trump hará todo lo posible para evitar que el conflicto se convierta en un estallido inflacionario, a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre.
A pesar de que el precio subió el viernes 6 de marzo por encima de los 90 dólares el barril y con perspectivas especulativas de llegar a los 100 dólares, los expertos no alineados a las políticas globalistas o a la izquierda consideran que habrá como es lógico un impacto, pero sería circunstancial y controlado a medida de que se intensifiquen las incursiones y ataques de EEUU, que aprobó la venta de más armas a Israel y el compromiso de los contratistas federales norteamericanos de cuadruplicar la producción de armas de alta tecnología.
De acuerdo con informes del Pentágono, EEUU ha atacado en una semana 3.000 objetivos en Irán.
En el momento de la invasión rusa, el pánico fue muy moderado, a pesar del severo impacto en los precios del crudo. Pero cuando se trata de Trump, los medios de la prensa globalista de izquierda comienzan sus campañas de desinformación y manipulaciones para crear el terror y la angustia dentro de la población, los gobiernos y las empresas. Sin embargo, hasta los inversionistas se están acostumbrando al [dramatismo ideológico mediático] de la ultraizquierda.
El miércoles 4 de marzo, las bolsas en Europa y EEUU reaccionaron como de la noche al día al cerrar sus sesiones con los principales índices en fuerte alza, después de las declaraciones del presidente Trump de que el régimen iraní no tiene la capacidad de cerrar el Estrecho de Ormuz como había prometido y que de ser necesario, los buques de guerra y los aviones estadounidenses escoltarían cada petrolero que enfrente alguna adversidad en la zona.
Otra noticia también subió la confianza de los inversores.
El secretario de Defensa Pete Hegseth y la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, informaron que EEUU estaba a punto de controlar de forma total el espacio aéreo iraní, para garantizar no sólo la seguridad y el éxito de la operación, sino para supervisar el tráfico aéreo dentro y fuera de Irán.
Las preocupaciones afloran entre diversos analistas porque Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo con una producción diaria de 3,3 millones de barriles de crudo como promedio.
Sin embargo, esa cantidad puede ser absorbida por el resto de los países productores de crudo y miembros de la OPEP y la OPEP+. De hecho, la situación le puede favorecer a Vladimir Putin, que junto a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y EEUU podrían asumir esa cantidad en el suministro mundial, lo que mantendría los precios controlados dentro del rango de subida que se espera.
Resulta muy probable que ya este análisis lo hayan hecho -mucho antes de la operación militar contra Irán- la Casa Blanca y los principales asesores económicos de la actual administración.
De acuerdo con estadísticas y expertos, lo que se vaticina hasta ahora es un impacto limitado y coyuntural.
Las bolsas, aunque han cerrado con índices negativos en Europa y EEUU, en Asia los mercados ganan terreno.
El valor del bono del Tesoro a 10 y 15 años apenas ha sentido el golpe en su rentabilidad, mientras que la subida del precio del petróleo es de un 20% y 30%, aún lejos de crisis históricas como la de 1979 o la guerra en Ucrania en febrero de 2022.
Los mercados, ya acostumbrados a más de un año del presidente Trump en la Casa Blanca y al rumbo de sus políticas económicas, descuentan que el conflicto no escalará mucho más por parte de Irán de lo que hemos visto hasta ahora; entre otras cosas, porque Teherán atraviesa su mayor crisis político-social desde la llamada revolución islámica de 1979: sequía severa, escasez de alimentos y una recesión económica que dificulta sostener una guerra prolongada sin el caos interno, que ya estalló a finales de diciembre con un saldo de más de 30.000 muertes de manifestantes en las últimas semanas, decenas de miles de heridos y casi 100.000 detenidos durante la salvaje represión protagonizada contra millones de personas que se lanzaron a las calles a pedir libertad y el fin del régimen de Jamenei.
Debido a todo lo anterior, el riesgo económico global puede ser mucho menor de lo que parece o lo que anuncian los voceros de la extrema izquierda, seguidores y defensores del sanguinario régimen iraní. Por su parte, Washington parece tener todo bajo control y siguiendo el plan trazado.
Las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, confirman la prioridad y la determinación de la Casa Blanca: “Los golpes más duros aún están por venir de parte de nuestros militares. La siguiente fase será aún más severa para el régimen iraní… y el mundo será un lugar más seguro cuando terminemos con esta operación.
FUENTE: Con información de Afp, EFE, Reuters, The New Yor Times, Bloomberg News, Casa Blanca y Departamento de Defensa

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