MIAMI.- Francisco Borrero es un exitoso empresario que se declara “un colombiano con retrovisor”, porque jamás olvida a su país y siempre está mirando hacia la tierra que lo vio nacer. Colombia, ese bello país sudamericano, está tan metido en su corazón que por eso luchó, de sana forma, hasta llegar a la presidencia de la Cámara de Comercio Colombo Americana, con sede en Miami.
Oriundo de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca, en el Pacífico colombiano, este hombre visionario llegó a los Estados Unidos hace 12 años y desde entonces viene escalando posiciones en el mundo de los negocios. Pero no todo ha sido “color de rosa” para este emprendedor colombiano. Sus primeros días en el denominado “país de las oportunidades” no fueron nada fáciles.
“Yo vine con muchas ilusiones junto a mi esposa y mis dos hijos, pero ya estando aquí en más de una ocasión estuve a punto de dejarlo todo y regresarme a Colombia”, asegura con un timbre de voz que bien hubiera servido para presentar noticias en radio o en televisión.
Borrero considera a su esposa, Sara Salazar, el motor de su vida, la voz de su conciencia. “En esos primeros días en Estados Unidos, ella me daba aliento en los momentos más duros y me decía palabras de estímulo que aún tengo en mi memoria. Si no fuera por ella, yo no estaría hoy aquí”. Juntos tienen 19 años y todavía se juran amor eterno, “como el primer día”.
Él es ingeniero industrial egresado de la Universidad Javeriana, de Bogotá, con una especialización en mercadeo de la Universidad de los Andes, también de la capital colombiana, mientras que su compañera es psicóloga de profesión. “Ella es muy importante en mi vida porque me ha sabido guiar en todo momento, como buena psicóloga que es”, dice.
Su experiencia en los negocios la adquirió trabajando en el sector privado en Colombia. Nunca ha estado vinculado a empresas o instituciones del Gobierno y tampoco ha participado en política y –asegura– “es algo que no me quita el sueño”.
En más de una ocasión le han propuesto, tanto en Colombia como en Estados Unidos, que ponga sus conocimientos al servicio de la política, pero quienes lo hicieron han fracasado en sus intentos. “Yo sigo con mis negocios, en la vida privada. La política no me llama la atención para nada”, recalca convencido de una verdad absoluta.
En esos primeros días en Estados Unidos el camino que empezó a recorrer lo llevaba hacia un destino equivocado. Trabajaba duro, desde antes de que saliera el sol, pero la pequeña distribuidora que estableció en Miami solo le traía pérdidas o, en algunos casos, muy pocos ingresos. En Colombia le iba mejor. ¿Por qué quedarse en la Florida?
Solo el día que entendió que no podía pensar como latino viviendo entre “americanos”, el sol empezó a brillar en el horizonte de este empresario. “Yo mismo, algunas veces, me iba en un van a repartir los productos en las tiendas y eso me tomaba mucho tiempo, desde las 4 de la madrugada hasta casi el mediodía. Algo andaba mal”, asegura.
El secreto estaba en la distribución y los tiempos que una compañía debe dedicarle a esta tarea. Por tanto un buen día se decidió a contratar ese servicio con “los grandes”, como él mismo cataloga a las firmas comerciales que se dedican por completo a esa labor.
“Entendí que un camión grande de una de esas compañías cuando llega a una tienda tiene preferencia, y que ellos hacen el trabajo de diez o veinte empresas como la mía en mucho menos tiempo. Al comprender eso, las cosas empezaron a cambiar y comenzó a irnos bien”, afirma lleno de convicción y seguridad.
Desde hace 10 años tiene su propia marca comercial que ha logrado posicionar principalmente en los mercados del este de los Estados Unidos. Bajo el logotipo de su compañía se ofrece azúcar y pastas de Colombia, arroz de Brasil, aceite girasol de Argentina, aceite vegetal de Ucrania, y leche condensada y evaporada de Estados Unidos, entre otros productos.
Como presidente de la Cámara de Comercio Colombo Americana, acaba de celebrar los 40 años de la agremiación con una majestuosa gala realizada en el Consulado General de Colombia, en Miami, a la que asistió lo más granado del sector empresarial del sur de la Florida.
En la actualidad, este gremio aglutina a unos 400 miembros activos quienes durante todo el año tienen la posibilidad de asistir a capacitaciones personales, eventos de oportunidades de negocio y charlas con expertos tanto en Colombia como en Estados Unidos.
Borrero estima que “Colombia está de moda” y que vale la pena estrechar los lazos comerciales como este país que hoy presenta una de las economías más sólidas del continente, después de resurgir “como el Ave fénix de entre las cenizas” al superar una época muy dura por cuenta del narcotráfico y la violencia. El país de Gabriel García Márquez es el segundo socio comercial de la Florida después de Brasil.
Cree que el Tratado de Libre Comercio suscrito entre Colombia y Estados Unidos es “muy importante”. Sin embargo, a su juicio, “beneficia más a los norteamericanos que a los colombianos y eso debería revisarse”. Y acota: “Los empresarios de aquí le han sabido sacar mejor partido que los nuestros”.
Su apatía por la política le impide opinar en profundidad sobre el tema de la paz en Colombia para no aparecer como promotor de las ideas de los dos bandos que se disputan el protagonismo en los acuerdos con las FARC: el Gobierno, encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, y la oposición, que lidera el expresidente Álvaro Uribe. No obstante, el empresario quiere la paz en Colombia, “como todo buen colombiano”.
Borrero, cálido y de aspecto bonachón, sueña con una Colombia en la que todos puedan vivir en armonía, una Colombia como la de sus abuelos, cuando Cali, la ciudad salsera por excelencia, nacía y se popularizaba el pan de bono, y los colombianos vivían como hermanos principalmente en la época de Navidad, celebrando con buñuelos y natilla.
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