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@ElkisBejarano

“Todas las vías [en el caso de Venezuela] están en el mapa del derecho internacional y arrancan por las negociaciones, las medidas de retorsión, las presiones económicas, las sanciones, el cercamiento a quienes tienen comportamientos criminales y, en última instancia, la acción de fuerza legítima, que es una fuerza de policía internacional. La soberanía del Estado no puede ser enarbolada para incurrir en violaciones de Derechos Humanos”, afirmó categórico Asdrúbal Aguiar, jurista, político y escritor venezolano y actualmente secretario general de la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, en la que analizó la crisis en el país sudamericano y las posibles vías para salir de la dictadura de Nicolás Maduro.

Asdrúbal puso como ejemplo que tras la caída de Anastasio Somoza, incluso los sandinistas argumentaron en la Asamblea General de la OEA que Somoza no podía esgrimir el principio de la soberanía para encubrir las violaciones de Derechos Humanos en que se estaba incurriendo durante su régimen autocrático y dictatorial.

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“Así es que ese cuento [del ataque a la soberanía de la dictadura de Maduro] no lo compran los venezolanos porque perdieron el miedo sobre la base del sufrimiento. Son simplemente patadas de ahogado. Yo pensaba que tenían cierta inteligencia, capacidad de reflexión o raciocinio político estos actores que han secuestrado Venezuela, pero están demostrado todo lo contrario”.

-Este proceso lleva varias semanas, y algunas personas impacientes comienzan a querer resultados más concretos. Éste es el ritmo natural de estos procesos o en el caso de Venezuela las cosas van más lentamente.

Creo que está avanzado el proceso ya no de cohesión sino para darle definitivamente una solución a la cuestión venezolana. Es cierto que algunos actores políticos, incluso la misma población se angustian y desesperan en la medida en que pasan las horas. Pero han sido 20 años dentro de los cuales se ha confirmado una verdadera estructura criminal dentro del Estado, hay un Estado criminal en Venezuela y esto es lo inédito.

-¿Hay algún precedente histórico?

En la historia del país no hay nada parecido. Uno puede tomar algunos elementos constitucionales y decir “me recuerda un tanto las tragedias que generaron durante sus mandatos los presidentes Monagas, después del inicio de la república conservadora en Venezuela”, pero lo de hoy es inédito. ¿Es un régimen militar? Sí, hay militares y son los que están sosteniendo al régimen. ¿Es un régimen autocrático y dictatorial? Sí. ¿Tiene vocación fascista? Totalmente. Pero lo inédito es que en los gobiernos normalmente hay personajes corruptos, que han tenido antecedentes penales y que violentan la ley, pero nunca se había usado un Estado para tenerlo como sede para la gerencia de crímenes de carácter transnacional como el narcotráfico y el terrorismo. Eso es lo inédito.

-¿Por qué cree que ahora la comunidad internacional si ha estado pendiente del caso de Venezuela?

La comunidad internacional finalmente ha entendido que un estado criminal gobierna en Venezuela. Lo ha entendido lamentablemente por una sola razón: no porque no supiesen lo que está ocurriendo, no porque no supiesen que había una dictadura en Venezuela, o que el pueblo venezolano sufre de hambre y miseria, sino porque el efecto de la miseria, del abandono y la destrucción del aparato productivo ha provocado una migración de cuatro millones de venezolanos. Allí obviamente se afectan los intereses de los países de recepción y se produce inmediatamente la reacción. Allí se junta la ilegitimidad de Maduro, su carácter autoritario, el desempeño al margen del Estado de derecho, el tema del militarismo dominante, los negocios sucios, la corrupción, el narcotráfico y la destrucción de PDVSA, pero todo catapultado por el tema de la migración masiva de venezolanos.

-Cómo observa el fenómeno Guaidó. No sólo ha logrado agrupar a la mayoría de los actores políticos venezolanos, sino ha reanimado a la población venezolana que estaba como en una etapa de resignación.

Esos fenómenos nacen en la historia de los países de la manera más inesperada, pero en el caso de él hay una cristalización que es importante. Es una generación de vanguardia que enfrentó en la calle a la dictadura al precio de la vida. En segundo lugar, es una generación sufriente de la dictadura, una generación que no tiene pasado que pueda ser sometido a debate, una generación que tiene principios y que dentro de esos principios aspira al reencuentro de todos los venezolanos más allá de los odios. Además todas las veces que puede hacer un llamamiento, incluso a los actores que han usurpado el poder en Venezuela, lo hace de una manera decente, oponiéndose a lo que ha sido el ruido, el escándalo, la grosería y el haber desfigurado la esencia histórica del venezolano. El venezolano era admirado y reconocido justamente por eso, “pobres pero decentes” y eso es lo que tiene la palabra de Guaidó.

Hay un discurso del progresismo contemporáneo, y que llaman postdemocrático y globalizador donde, como Dios ha muerto, todo vale; donde simplemente aparece un Antanas Mockus que se baja los pantalones en Bogotá y el pueblo lo elige, o sea donde el que es más irreverente, gritón y chabacano, a ese lo escogen.

Guaidó ha dicho: “Yo vengo de una familia modesta que sufrió el deslave”, pero nosotros consideramos que un sacerdote no oficia una misa en traje de baño y uno no llega desnudo a un entierro, sino que se pone una corbata. El cuidado de esas formas de respeto hacia los otros las ha rescatado con un discurso de afecto, solidaridad y frescura y, obviamente, para el país es una esperanza porque Guaidó por su misma edad es todo esperanza.

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