LA HABANA:-Los comunistas cubanos llevan más de sesenta años con sus gastadas promesas de un porvenir mejor, y achacándole al bloqueo su fracaso y desvergüenza. Y aunque en los últimos tiempos han pasado del discurso avieso a las frases rebuscadas con un barniz de patriotismo, disfrazados de demócratas con la finalidad de perpetuarse en el poder, ya son pocos los ilusos —esto es, personas dignas— que creen en ellos. Y es que las penurias del pueblo cada vez son peores y abarcan todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, mientras los dirigentes exhiben impúdicamente su obesidad en los medios, según un artículo de Gladys Linares para CUBANET.

En los últimos meses la situación económica del país se ha agravado con la mal llamada Tarea Ordenamiento y su extorsión monetaria, además de las nuevas medidas aplicadas en algunos viejos problemas. Tal es el caso de la escasez de viviendas, que el gobierno “revolucionario” nunca ha podido resolver, especialmente en la capital, donde hay una enorme cantidad de casas habitadas en muy mal estado, cuyos frecuentes derrumbes tienen consecuencias fatales para algunos de sus moradores. Las cifras oficiales sobre el déficit habitacional dadas en los primeros meses de 2019 eran de 929 695 inmuebles, de los que era necesario construir más de medio millón y emprender la reparación de los restantes.

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Linares subraya que en las redes sociales no cesan de informar la precaria situación de viviendas en que vive la población, los frecuentes derrumbes, las difíciles condiciones que soportan en los albergues las familias damnificadas, las trabas y dificultades que obstruyen los trámites requeridos para reparar o construir una vivienda. Para contrarrestar esas denuncias, los comunistas en el poder, que durante años han estado ajenos e indolentes ante el problema, ahora se muestran muy preocupados y han montado un gran teatro: un plan general para la construcción de viviendas, “una de las prioridades de Cuba”, en medio de una crisis económica y con una escasez total y absoluta de materiales de la construcción para el pueblo, pues estos son destinados en primer lugar a remodelar las residencias de la cúpula, y luego a construir o reparar hoteles y demás instalaciones turísticas, o cualquier otro rubro que les reporte dólares para sus arcas.

Sin embargo, en las reuniones realizadas por dirigentes del ramo y el gobernante Miguel Díaz-Canel al respecto, no falta el discurso triunfalista como el de Vivian Rodríguez Salazar, directora general de la vivienda: “El programa se cumple al 90 % e incluye los planes estatales, subsidios y por esfuerzo propio, este último con los mayores sobrecumplimientos”.

El 26 de noviembre de 2020, en videoconferencia realizada con los gobernadores, Miguel Díaz-Canel destacó el propósito de “ir avanzando en la creación de habitables agradables y funcionales, sobre todo en las comunidades agrícolas, que nos permitan tener mejores condiciones de vida para lograr atraer y motivar la afluencia de fuerza de trabajo hacia la producción de alimentos, que es hoy la tarea que en la economía decide”.

Linares enfatiza en que el señor gobernante se refiere a las casas de tabla de palma con cubierta ligera de zinc galvanizado o teja de asbesto cemento, que son las que se están construyendo en las comunidades agrícolas y para los damnificados de eventos meteorológicos, y que con las altas temperaturas que tenemos casi todo el año acumulan demasiado calor, además de ser las candidatas ideales para perder el techo al llegar el próximo meteoro. Una solución más práctica serían los tradicionales bohíos, con sus frescos techos de pencas de palma, pero ya se sabe que el bienestar de los ciudadanos nunca ha sido prioridad para el Estado castrista.

En la ciudad, el inconveniente es otro. “No es sólo lo caros que están los materiales: es que no se encuentran”, asevera Jesús, que anda buscando cemento para reparar los techos de su casa. “Todo empezó por una mancha amarilla. El albañil me aconsejó arreglarlos pronto, pero, aunque entonces había materiales, yo los encontraba muy caros”. Ahora se le han caído varios trozos de techo y las cabillas han quedado al descubierto, pero la situación se ha complicado y un saco de cemento, si lo encuentra, puede costarle 1 700 pesos, lo que le hace exclamar: “¡Se le ha perdido el respeto al dinero!”, una frase que se ha hecho muy común en estos días con la subida de precios provocada por el ordenamiento monetario.

A nivel mundial, los avances tecnológicos posibilitan que la construcción de viviendas sea cada vez más rápida y costeable, a la vez que las viviendas más confortables. También en la isla hay innovadores, como Johan Romero, que fabrica paneles para agilizar la construcción de viviendas y ahorrar materiales. Pero como siempre sucede, el gobierno cubano vio el filón cuando un empresario de Panamá se interesó por los paneles, y actualmente se están exportando a través de la Empresa de Producciones Varias de Yaguajay (en la provincia de Sancti Spíritus), a pesar de la propaganda gubernamental de que la construcción de viviendas es una prioridad en el país.

FUENTE: Cubanet

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