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@DesdeLaHabana

LA HABANA. - Si usted desea comprobar la indiferencia que provoca en un amplio sector ciudadano la aburrida prensa oficialista en Cuba, le invito a recorrer los estanquillos que venden periódicos y revistas en La Habana. Quedan muy pocos. En uno de esos quioscos, desvencijado y sucio, situado en Santa Catalina y Diez de Octubre, al sur de La Habana, trabaja Irma.

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“A finales de los años 80, en el barrio de La Víbora había diez estanquillos de prensa, actualmente quedan dos. Además de Granma, Trabajadores y Juventud Rebelde, de tirada nacional, se vendía Tribuna de La Habana, un medio provincial. Y semanalmente, las revistas Bohemia, Juventud Técnica, Somos Jóvenes y varias publicaciones más. La gente compraba la prensa. Ahora solo el Granma y Juventud Rebelde a viejos jubilados les interesa comprarlos para revenderlos”, cuenta Irma.

El uso de los diarios

Pasada las ocho de la mañana, varios ancianos desaliñados esperan la llegada del periódico Granma, órgano del partido comunista. En un cordel cuelgan ediciones atrasadas de panfletos y una revista Bohemia de noviembre de 2020. Moraima, una señora que ronda los 80 años, dice que hace una década compraba el Granma a 20 centavos y lo revendía a un peso. “Diariamente vendía cincuenta o sesenta periódicos. Por lo general a personas mayores que contrataban servicio a domicilio y semanalmente pagaban 40 pesos por llevarle el Granma, Juventud Rebelde y la revista Bohemia. Pero el servicio a domicilio ha caído. Desde que funciona internet, a la gente no le interesa comprar el periódico. Si lo compran es para usar en el baño o para envolver la basura”, explica Moraima.

Entre los más jóvenes la apatía por los medios estatales es aún mayor. DIARIO LAS AMÉRICAS le preguntó a una docena de muchachos en edades comprendidas entre 16 y 25 años si leen el Granma, ven la Mesa Redonda [programa de televisión donde se hacen anuncios oficiales] y los noticieros de televisión. Once dijeron que no. Un estudiante de Historia del Arte dijo que ocasionalmente lee el Granma o Juventud Rebelde para “actualizarme del quehacer cultural o leer algunas noticias deportivas”. Al resto no le interesa la prensa oficial.

Con qué se informan

Se enteran de lo que sucede en Cuba y el mundo por las redes sociales. Prefieren ver a ‘youtuber’ cubanos y extranjeros y audiovisuales de medios asentados en la Florida. Un buen ejemplo de cómo el férreo control que tenía la dictadura sobre la información se ha resquebrajado, coincidiendo con la apertura de internet en Cuba, es que, a un segmento de lectores entre 20 y 45 años, con perfil de técnico medio o graduado universitario, prefiere leer la prensa independiente cubana, la BBC, El País de España, o los periódicos de Miami como DIARIO LAS AMÉRICAS y El Nuevo Herald.

Entre los medios independientes, la mayoría de los lectores radicados en la Isla se decanta por Diario de Cuba, CubaNet, 14ymedio, CiberCuba, El Toque y ADN, aunque para acceder a sus webs tienen que utilizar VPN. Sitios de reportajes y periodismo literario como El Estornudo, Hypermedia, Rialta y Árbol Invertido tienen incontables seguidores entre los profesionales de los medios y del arte. La comunidad LGTBI+ tiene su espacio en Tremenda Nota.

Con la llegada de las nuevas tecnologías de la información han irrumpido en internet un ramillete de páginas culturales, del mundo del espectáculo, el cine y los deportes. Mientras la anodina prensa estatal no informa del desempeño de los peloteros cubanos en la MLB, sitios como Swing Completo, que dirige el periodista cubano radicado en Estados Unidos Daniel de Malas, reporta el desempeño de todos los jugadores nuestros en organizaciones de Grandes Ligas.

La manipulación

La prensa oficial fundada por Fidel Castro más que informar, desinforma. Castro siempre utilizó a los medios como un arma de combate. En 1957, en plena Sierra Maestra, manipuló de forma magistral al corresponsal de The New York Times, Herbert L. Matthews. Eran solo una veintena de guerrilleros con los pantalones rotos y unos pocos fusiles de cazar torcazas. Pero Castro los hacía pasar una y otra vez mientras era entrevistado por Matthews, para que creyera que la disminuida tropa era de varios cientos.

Castro siempre fue un mentiroso compulsivo. Prometió planes económicos utópicos, sentenció que Cuba iba ser una nación tan desarrollada que produciría más leche y queso que Holanda y con una calidad de vida superior a la de Nueva York. Sin sonrojarse confesó a la prensa en 1959 que no era comunista, apoyaba la libertad de expresión y convocaría a elecciones libres. Meses más tarde nacionalizó toda la prensa y en abril de 1961 declaró el estado socialista y marxista de la revolución cubana. En el verano de ese año, en un encuentro con escritores e intelectuales fue tajante: con la revolución todo, fuera de la revolución nada.

Es la máxima que rige la vida política en la Isla desde entonces. Cuba es el único país del hemisferio occidental donde la oposición y la prensa privada son ilegales. Los periodistas independientes pueden ser sancionados a veinte años de cárcel. Muchos reporteros oficiales, graduados o no de la carrera de periodismo, en algún momento de sus vidas creyeron que el modelo era reformable y que el periodismo necesitaba menos control del aparato ideológico del partido comunista y de la Seguridad del Estado.

La tarde del 12 de mayo de 1986, Tania Quintero, entonces periodista de los Servicios Informativos de la Televisión Cubana, fue recibida por Fidel Castro en su despacho. Treinta y cinco años después, rememora parte de un encuentro que duró alrededor de una hora:

"Había ido al Palacio de la Revolución sin previamente conocer el motivo de la cita. Estando allí me enteré de que había sido por una carta que envié al Ministro del Interior, José Abrantes. Les cuento. Una brasileña amiga mía, en un ómnibus de transporte urbano, dos estudiantes de secundaria le picaran la mochila para robarle. Decía que eso era normal en Brasil, pero no en la Cuba revolucionaria. Nerviosa, cuando llegó al hotel me llamó, fui a verla. Le pedi que me diera la mochila picada. Al día siguiente le escribí a Abrantes, junto con la carta puse la mochila picada y el sobre lo entregué en el Ministerio del Interior. Como ni acuse de recibo me dieron, olvidé lo ocurrido.

"Quien ha conversado con Fidel Castro sabe que él apenas deja hablar a sus interlocutores. De su buró trajo un montón de papeles. Los estaba leyendo. Versaban sobre próximas medidas relacionadas con la reorganización de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria). Me habló de su interés por todo lo vinculado a la policía y el turismo. Fidel Castro pertenece al tipo de personas que cuando tiene algo rondándole la cabeza, prioriza tanto el asunto, que todo lo demás es relegado a segundo o tercer plano. Un psiquiatra a lo mejor lo clasificaría como obsesivo-compulsivo. Mientras hablaba, me ponía una mano en el hombro. Estábamos frente a frente, Pepín Naranjo y Chomy, su ayudante, también de pie, más distantes, Rafael Sed Pérez, del INTUR, cerca de mí. En un momento, por otra puerta -no por la que Chomy y yo entramos- un escolta pidió permiso. Traía un pequeño radio portátil. Era para que el comandante oyera el final de la pelea de un boxeador cubano en no sé cuál campeonato. De truco".

Nueve años más tarde, el 23 de septiembre de 1995, Tania Quintero decidió dejar el periodismo oficial y convertirse en periodista independiente de Cuba Press. Se había convencido de que el sistema cubano y la prensa partidista no eran reformables. Cambian los muebles de lugar, pero todo sigue igual. Gatopardismo en estado puro.

Cualquier periodista honesto e inteligente termina entendiendo que a la autocracia en Cuba no le interesa el periodismo. El régimen lo que necesita en su trinchera son soldados de la información. Los mandatarios de la Isla, de Fidel Castro a Díaz-Canel, apenas dan entrevistas a los reporteros nacionales. Una periodista jubilada afirma que la percepción que tiene del periodismo la casta gobernante es la de subordinados que cumplen órdenes.

“Cuando era periodista de Trabajadores, que radica en el mismo complejo donde está Granma, antes de publicar un artículo lo debía revisar el ministerio al cual hiciéramos referencia. Si el texto era sobre la pesca, lo examinaban asesores del ministro de la pesca. Te devolvían el texto con múltiples señalamientos de corte ideológico. Existía un túnel que conectaba el Palacio de la Revolución con el combinado de prensa. Con frecuencia Fidel Castro nos visitaba y ocupaba la oficina del director para redactar editoriales o revisar la edición del día. Con esas intromisiones del poder político es imposible hacer una prensa pública con un mínimo de calidad”, reconoce la periodista jubilada.

Servicio público

Desde luego que puede existir una prensa de servicio público de calidad. La BBC es el mejor ejemplo. Pero en Cuba es imposible. Los pocos reporteros que logran ser reconocidos por el gobierno son aquéllos que renuncian a ejercer un periodismo crítico y veraz. Y se transforman en oportunistas y cínicos.

El problema del periodismo estatal no es por falta de talento. Raúl Rivero, Reinaldo Escobar, Tania Quintero, Elaine Díaz, Carlos Manuel Álvarez, Abraham Jiménez, Darcy Borrero, Glenda Boza o Mónica Baró han demostrado ser formidables cuando se desempeñan en un marco de libertad. No son pocos los periodistas cubanos que han triunfado en Estados Unidos: Carlos Alberto Montaner, Juan O. Tamayo, Fabiola Santiago, Rolando Cartaya son algunos ejemplos.

El jueves 19 de agosto, en un encuentro entre un grupo seleccionado de periodistas oficiales y el presidente Miguel Díaz-Canel, el mandatario intentó vender el relato, a raíz de las protestas del 11J, de un ejecutivo presto al diálogo y a implementar reformas en los medios estatales. Hubo quejas y propuestas legítimas de los periodistas. Pero el discurso final de Díaz-Canel, una vez más, fue un aviso para navegantes: el régimen necesita amanuenses, no periodistas.

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