Cuando usted cree que la tormenta ha pasado, la realidad demuestra que las cosas aun pueden estar peor en Cuba, una isla que sigue sin ver la luz al final del túnel. Y muchos cubanos, desesperados, presienten que los acontecimientos lo superan.
Cuando usted cree que la tormenta ha pasado, la realidad demuestra que las cosas aun pueden estar peor en Cuba, una isla que sigue sin ver la luz al final del túnel. Y muchos cubanos, desesperados, presienten que los acontecimientos lo superan.
Pregúntenle a Leticia, informática, madre soltera de una niña que cursa quinto grado, cómo enfrenta la crisis económica y la pandemia, y prepárese a escuchar una respuesta repleta de quejas y críticas al gobierno. “Supongo que la mayoría de los seres humanos no estamos preparados para vivir en una sociedad donde comprar una confitura o un refresco sea un lujo. A veces, para no volverme loca, me pongo en el pellejo de una madre en Siria, Yemen o Somalia, naciones devastadas por guerras civiles, que viven en medio de bombardeos o campamentos de refugiados. Desde luego que se puede estar peor. Pero es que en Cuba no hay guerra”, dice molesta y añade:
“Aunque es como si la hubiera. Para todo hay que hacer cola. Los servicios públicos, incluidos los de salud, funcionan mal o están colapsados. No es solamente la escasez de comida, medicinas y aseo. Es que las autoridades no han encontrado una fórmula que a las mujeres mensualmente nos garantice íntimas (almohadillas sanitarias) y champú y a los niños golosinas y juguetes, artículos tan necesarios como los alimentos".
Leticia hace una pausa, coge dos huevos del refrigerador y los pone a hervir en un recipiente metálico. Continúa hablando: “Ni con dólares resuelves los problemas. Mi papá, que vive en Estados Unidos, me envía todos los meses 200 dólares. Pero para comprar un chupa-chup o un paquete de pechuga de pollo tienes que estar dos días en una cola, si tienes suerte. Porque después de dos días, dicen que se acabó, que puede ser cierto, pero también como últimamente viene ocurriendo, los empleados de la tienda los esconden para vendérselos a sus amigos. La corrupción en Cuba está desbocada. No solo los empleados son corruptos, también los funcionarios y policías que cuidan las colas, salvo excepciones. Si no andas con los ojos abiertos te cobran de más. Es un sálvese quien pueda terrible. Los revendedores, aprovechando la escasez, quieren vender lo más caro posible, el Estado, en el peor momento ha implementado la Tarea Ordenamiento, que en la práctica es una competencia a ver quién vende más caro y con peor calidad. No se puede vivir en un país donde todo el mundo quiere joderte para sobrevivir y no le puedes comprar a tu hija ni un caramelo ni un helado”.
Vender optimismo es complejo en la Cuba de 2021. Luego de año medio atrapados entre la ‘situación coyuntural’ de Díaz-Canel, las aglomeraciones para comprar cualquier cosa y el Covid-19, que desde hace cuatro meses ha disparado el número de contagiados, la inmensa mayoría de la población no ve una puerta de salida a la crisis económica ni el desabastecimiento.
Para Agustín, chofer de un taxi colectivo, "este Periodo Especial segunda parte puede durar diez años. La única salida que le veo es que el gobierno en pleno renuncie, cambie de modelo económico o que la gente se tire a protestar en la calle. En el primer Periodo Especial , en los 90, apareció Chávez, que como si fuera un Santa Claus comenzó a regalarle petróleo y dólares a Fidel. Pero Rusia y China no regalan nada. Y Estados Unidos hará concesiones si el gobierno respeta los derechos humanos, convoca elecciones libres o implementa una sociedad democrática. Pero es cien por cien cierto que el pueblo cubano está más jodido que nunca. No quisiera estar en el pellejo de los gobernantes. No tienen para dónde coger. Ya todo el mundo conoce de sus fintas y trampas. Presiento que el cuento de la revolución está llegando a su capítulo final”.
El sábado 3 de abril, sin anunciarlo en la prensa oficial, el régimen abrió dos nuevas tiendas MLC (moneda libremente convertible) en La Habana: un mercado en la Avenida 51 y Calle 100, en el municipio de Marianao, al oeste de la ciudad, y La Isla de Cuba, en la céntrica Calzada de Monte, frente al Parque de la Fraternidad. Nicolás y su esposa Gladys, residentes en el barrio de Jesús María, muy cerca de La Isla de Cuba, llegaron a las tres de la madrugada para marcar en la cola y ser de los primeros en comprar.
“Aparentemente no había nadie en la calle. Cuando pensábamos que éramos los primeros, y fuimos a escondernos en la escalera de un edificio, pues por el confinamiento no se puede salir a la calle hasta la cinco de la mañana, se aparecieron dos señoras y nos dijeron que éramos el número 320. Imagínate, nada más dan cien turnos diarios. Con suerte compraremos el martes. Es una locura lo que se está viviendo en este país para comprar una lata de puré de tomate o un pomo de detergente”, se queja Nicolás.
Si algo han sabido aprovechar los cubanos son las redes sociales. En WhatsApp, Telegram y Facebook, la gente cuelga fotos de las multitudinarias colas, la brutalidad policial o videos de empleados y funcionarios cargando cajas y bolsas de alimentos sin hacer cola.
Se han creado numerosos grupos de ciudadanos que cambian comida, venden o compran alimentos, medicinas o simplemente como guías para informarse de lo que van a sacar en las tiendas, porque ningún sitio estatal divulga lo que se va a distribuir. Y, según Susana, es muy duro hacer una cola a ciegas sin saber si lo “que uno quiere comprar lo hay en el mercado”.
Esto ha generado fenómenos nuevos de corrupción. Para adquirir una nevera, por ejemplo, sin tener que hacer cola, personas que se dedican al negocio en componenda con policías y empleados de las tiendas, por un turno entre los primeros cobran 50 o 70 dólares. Gran parte del tiempo de un cubano se pierde en colas. Carlos, sociólogo, cree que no es exagerado decir que “una familia, como promedio, tiene que hacer cuatro o cinco colas semanales, algunas de seis horas, otras de doce. Los que tienen mayor poder adquisitivo pagan dinero para que les traigan los alimentos a la casa”.
Las tiendas en MLC son ampliamente impopulares. Diario Las Américas le preguntó a veinte personas y las veinte coincidieron que no tiene sentido vender en una moneda que el Estado no paga. Al respecto, en una cola en Centro Habana, un señor comentó: “Tú te imagina que a mi hermana que vive en Miami le paguen en dólares y para comprar en el Publix tenga que pagar en euros, que además cada euro cueste 50 dólares y que los bancos no te vendan euros. Ni los estadounidenses ni ninguna nación que se respete admitiría semejante anormalidad. Eso viene pasando en Cuba desde 1993, hace 28 años. Y el gobierno quiere hacerlo ver como algo normal. Es el colmo del descaro. Lo que aguantamos los cubanos no lo aguanta nadie en el mundo”.
Los ciudadanos de a pie se quejan también de la pésima calidad del pan que ofertan en panaderías estatales, del caótico transporte urbano y del deterioro, mala atención y falta de insumos básicos en la salud pública, antigua joya de la corona de la dictadura castrista.
Vivian, jubilada, afirma que lo peor que actualmente puede pasarle a un cubano, en medio del feroz rebrote del Covid-19, es enfermarse o tener que hacerse un chequeo en un hospital. “Hace unos días tuve que ir al médico porque se disparó mi diabetes. Tanto en la Dependientes como en el Miguel Enríquez, completamente colapsados por los casos de coronavirus, apenas hay doctores en el cuerpo de guardia. Después de armar una bronca, una doctora me atendió. Como no hay medicamentos me dijo que tomara agua abundantemente y cocimiento de tilo".
Irene, ama de casa, no entiende por qué los cubanos estamos pasando tantas dificultades. "El gobierno culpa al bloqueo, pero el pollo que dan en la libreta lo compran en Estados Unidos y en las tiendas MLC se venden marcas norteamericanas. Es una maldición lo que tenemos que soportar”.
Leticia, informática y madre soltera, no quiere pensar en su futuro ni en el de su hija. “El futuro es el día siguiente. No volverse loco, tener comida en el refrigerador y cuatro pesos en la cartera. Y si tienes una oportunidad irte del país”. Cuba no es un buen país para gente cuerda.

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