En febrero de 2019 se votó en Cuba un referéndum constitucional. El texto propuesto por el gobierno fue ratificado con un 87% de aceptación, culminando un proceso de reforma iniciado en 2013. En abril de 2019 se proclamó la nueva Constitución, revalidando desde el punto de vista doctrinario la Ley Fundamental de 1959 y la Constitución de 1976. Ello con mayor dogmatismo y puño de hierro totalitario.
Así inicia el profesor universitario y articulista Héctor Schamis su trabajo De jure o de facto: dictaduras de partido único en América Latina publicado en el portal INFOBAE, en el que analiza las dictaduras en América Latina, que se apoyan en elecciones en las que participa un solo partido.
El autor asegura que el proceso en cuestión ratifica el carácter “irrevocable” del socialismo como sistema, que ya había sido sometido a referéndum en 2002. Ahora, sin embargo, el artículo 4 consagra “el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.
El artículo 5, a su vez, coloca al partido por encima del propio Estado—partido “único, martiano, fidelista, marxista y leninista, fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”—otorgándole con ello mayor jerarquía que a la propia Constitución. De este modo la Constitución se mutila a sí misma por medio de esta suerte de cesión de poder. Es órgano supremo y ley fundamental para todos excepto para la nomenclatura del PCC, burocracia que incluyó en el texto una clausula de excepción para su beneficio.
Estos dos artículos juridifican el régimen de partido único; exportarlo es la política exterior de La Habana. En el pasado se hacía promoviendo la toma del poder con la receta del foco guerrillero, una extrapolación de Sierra Maestra. Ahora transcurre a través de influir sobre gobiernos surgidos de elecciones aceptablemente competitivas y en países con ordenamientos constitucionales legítimamente democráticos.
Esto es, marcos institucionales con elecciones libres y justas en un régimen plural de partidos, con derechos y garantías individuales, adecuada independencia, equilibrio y límites a los poderes públicos, y respeto al calendario constitucional y las normas relativas a la reelección y la alternancia en el poder.
Si bien de aplicación variada, todas las constituciones de las Américas contienen estos preceptos; excepto la cubana, justamente. Cuando no se genera una rutina de respeto a dicha cadena de requisitos institucionales la resultante es una democracia sin sustancia, un sistema de dominación vaciado de auténtico contenido y ética democrática. Así ha surgido esta suerte de régimen de partido único de facto. Es decir, en los hechos, destaca.
Y bajo auspicio cubano, enfatizo. Evo Morales fue quien le dio entidad a esta realidad al reconocer que su viaje a La Habana en diciembre de 2019 no fue para someterse a tratamiento médico sino para recibir asesoramiento político de Cuba y Venezuela. Se entiende ahora la cooptación del Poder Judicial para perseguir opositores. Jeanine Añez sigue encarcelada y esta misma semana se intensificó el acoso judicial contra el expresidente Carlos Mesa.
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@hectorschamis