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Confiados en que la victoria del Partido Demócrata en el Congreso de Estados Unidos pudiera contener la presión del presidente Donald Trump contra Nicolás Maduro, asesores y diplomáticos del dictador venezolano ejecutaron desde 2018 una meticulosa agenda de contactos y programas para congraciarse con el sector más liberal e izquierdista de ese partido y sumar respaldos, al menos, dentro del poder legislativo, de cara la posible tensión que se viviría en 2019.

Los planes están contenidos en un documento confidencial de nueve capítulos que asesores del Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano elaboraron para Maduro el año pasado, el cual contiene directrices a seguir en 2018 y 2019, con la meta de lograr posturas favorables al chavismo en EEUU.

El objetivo del apartado Denuncias y Acciones de Solidaridad Antibloqueo, indica el documento al que accedió DIARIO LAS AMÉRICAS, se concentra principalmente en dos países, Estados Unidos y Canadá, “con una fase de incubación y acompañamiento dirigida a realizar actividades como congresos, conferencias, entrevistas dentro de Venezuela y en ambas naciones norteamericanas”, donde militantes liberales, de izquierda e indígenas originarios con proyección política pudieran sumarse a la causa bolivariana.

Los gastos y actividades proselitistas en EEUU, así como invitaciones a Venezuela costeadas por el Ministerio de Exteriores chavista, incluyen a figuras y autoridades locales de Puerto Rico y estados como Nueva York, Mississippi y Nueva Jersey. En Canadá, el propósito era llegar a delegaciones indígenas de diversas regiones, revela el texto.

En busca de apoyo

Los resultados de esta política: las recientes declaraciones de que tres nuevos congresistas demócratas ofrecieron para condenar la decisión de la Casa Blanca de reconocer a Juan Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela, como nuevo presidente encargado del país.

Los demócratas Ilhan Omar (Minnesota), Ro Khanna (California) y Tulsi Gabbad (Hawái) hablaron de “golpe de Estado en Venezuela respaldado por EEUU” a la hora de reprochar los mensajes y posturas que el presidente Trump ha asumido hacia Venezuela y son respaldados por la mayoría de los demócratas y republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado.

A ese esfuerzo de Caracas se suman las pequeñas manifestaciones en días recientes en Nueva York, Boston y Washington en defensa de Maduro, que algunos grupos de izquierda y antisistema.

El objetivo de los diplomáticos venezolanos acreditados ante EEUU, funcionarios de la administración pública en Caracas, así como el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza, era “vincular a la embajada con diversos movimientos sociales y de comunicación que permitieran denunciar la agresión imperial”, reza el texto.

El régimen de Maduro, con el impulso de Arreaza, se fijó en aprovechar “prominentes centros de pensamientos como la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y sectores del Congreso vinculados con Our Revolution (movimiento político cercano al senador y exprecandidato presidencial demócrata Barnie Sanders) y la Casa Maryland (centro de atención a inmigrantes), para ejecutar una campaña de denuncia en medios de comunicación y movimientos de solidaridad con Venezuela”.

Sin referirse a las razones de la actual crisis venezolana, más allá del desastre económico, Sanders pidió el 24 de enero al presidente Trump que “no apoye golpes” y “cambios de régimen” en Latinoamérica tras el reconocimiento a Guaidó. La postura del veterano senador por el estado de Vermont está alineada a su visión política, pues se considera como un socialista dentro del Partido Demócrata.

En junio pasado Arreaza sostuvo un encuentro en Washington con el senador demócrata Bob Corker, entonces presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, visita que fue utilizada por el canciller venezolano para congraciarse con líderes de oposición a Trump, en busca de un “camino de diálogo” entre el Palacio de Miraflores (sede del poder en Venezuela) y la Casa Blanca

Twitter Arreaza Crocker


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De no haber surgido el “efecto Guaidó” para el primer trimestre de 2019 estaría pautada en Caracas la denominada Asamblea de los Pueblos, que iba a convocar a 1.500 activistas de movimientos sociales y populares de los cinco continentes y donde Maduro tendría una participación clave.

A la dictadura de Maduro le interesaba movilizar apoyo dentro de los movimientos afroamericanos estadounidenses, grupos proinmigrantes y de defensa de los indígenas. En septiembre de 2018, en el marco de la Asamblea General de la ONU, se dispuso la participación venezolana en el movimiento Articulación Regional de Afrodescendientes de las Américas y El Caribe (ARAAC), que tiene un papel activo dentro de EEUU.

Precisamente el 15 de enero, ARAAC emitió un comunicado de rechazo a la postura del Grupo de Lima de no reconocer el segundo mandato de Maduro.

El Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano envió numerosas delegaciones en 2018 para que asistieran a eventos clave de sindicatos, indígenas, ambientalistas y de “sexo diverso” en Canadá “con el fin de ir fortaleciendo lazos con los movimientos y partidos políticos más progresistas en ese país”.

Un detalle que revela el plan estratégico era la intención de promover visitas a Venezuela de autoridades locales de EEUU entre noviembre y diciembre de 2018. Sin embargo, no hay registros de que se hayan efectuado o de que esos funcionarios hayan tenido alguna relación con el régimen de Maduro.

En la lista se hace mención a Naheed Nenshi, alcalde de Calgary, Canadá. Este político canadiense en convirtió en 2010 en el primer regidor musulmán de una gran ciudad de América del Norte. John Horgan, primer ministro de Columbia Británica, en Canadá; el demócrata Chokwe Antar Lumumba, alcalde de Mississippi; Ras Baraka, alcalde de Newark y Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan, Puerto Rico.

El chavismo ha tratado de cortejar a un grueso de la élite artística, política y cultural de EEUU desembolsando millones de dólares para promover su agenda socialista de “paz, diálogo y armonía” mostrándose como víctima de la injerencia de Washington, no solo en Venezuela, sino en los "pueblos del mundo".

El chavismo ha tratado de cortejar a un grueso de la élite artística, política y cultural de EEUU desembolsando millones de dólares para promover su agenda socialista de “paz, diálogo y armonía” mostrándose como víctima de la injerencia de Washington, no solo en Venezuela, sino en los “pueblos del mundo”.

Maduro no abandonó esta política estelar impulsada por Hugo Chávez -la cual coordinó directamente como Ministro de Exteriores-, sino que a medida que su ascenso a la presidencia y su política procomunista se radicalizaba, la vio como la mejor forma de influir y cabildear dentro de un sector pequeño pero poderoso en EEUU.

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