Por LAUREANO MÁRQUEZ
Por LAUREANO MÁRQUEZ
El paso del huracán Dorian por las Bahamas ha sido terriblemente devastador. La solidaridad internacional debe manifestarse, sin lugar a dudas. Sin embargo, el leer que el gobierno de Venezuela ofrece su apoyo, no deja de producir cierta perplejidad para los venezolanos. El huracán que azota a nuestro país es también de categoría 5, pero no solo devasta, arruina y destruye todo lo que encuentra en su camino, sino que, además, el nuestro se devuelve cuando su ojo detecta algo que aún se le quedó en el camino por arrasar. Está dotado, en tal sentido, de inteligencia destructiva y -como si fuera poco- se detuvo en el país y se niega a moverse.
He aquí algunos de los efectos devastadores de nuestro huracán:
Todos estos efectos se han hecho sentir en Venezuela con la misma dureza que el Dorian, solo que, en veinte años que lleva estacionado sobre nosotros, fue aumentando de categoría. Bahamas volverá pronto a ser un lugar floreciente, se repondrá con el espíritu de la gente y la ayuda de buena voluntad. Nosotros sin embargo, seguimos sin poder contabilizar la magnitud de los daños, porque nuestro huracán no termina de pasar.
Mientras, tenemos el descaro de ofrecer ayuda a Bahamas. Más o menos qué podemos ofrecer: ¿agua?, ¿combustible?, ¿plantas eléctricas?, ¿alimentos?, ¿medicinas? Vaya descaro el de nuestros vientos. El primer ministro de Bahamas habla de una destrucción sin precedente, la nuestra es con presidente, usurpador, claro.
Este artículo fue publicado originalmente en talcualdigital.com
