Un artículo de Rafaela Cruz para DIARIO DE CUBA, analiza el desastre monetario que vive la isla con el desplome del peso cubano. Reproducimos el texto:

En estos tiempos de inflación internacional, Cuba padece la tercera mayor del mundo, mientras que el CUP es la cuarta moneda más devaluada. ¿Por qué tal desastre?

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El Gobierno culpa al "bloqueo" norteamericano y al COVID-19, pero eso no tiene base. A estas alturas, el shock de oferta de 2020, año de la pandemia, justificaría los precios altos, pero no explica por qué siguen subiendo.

Tras casi tres años, no puede culparse a la escasez —lado de la oferta— por la inflación y devaluación actual. La causa solo puede estar del lado de la demanda, que sigue creciendo respaldada por una constante inyección monetaria sin respaldo productivo, lo que impide se complete el ajuste de precios a la actual oferta.

Claro que, a causa de la ineficiente estructura económica castrista, la oferta de bienes y servicios se venía contrayendo, lo que se agudizó en 2020 por la pandemia, y es cierto que aún hoy sigue disminuyendo la oferta, pero lo hace a ritmo muy inferior a la pérdida de valor del peso, lo que significa que la causa principal de la devaluación y la inflación está en el dinero mismo… ¿Y quién controla la política fiscal y monetaria del país?

El Gobierno se defiende acusando al mercado cambiario ilegal de especular para deprimir el valor del peso, pero la especulación solo explica variaciones abruptas, generalmente reversibles, del valor del dinero. A largo plazo, ese valor depende, como cualquier otro, de oferta y demanda, en este caso, basadas en los "fundamentales" de la moneda: el respaldo que las personas creen que esta tiene realmente (balanza comercial, inflación, productividad).

En el mercado cambiario cubano la oferta de divisas está bastante estable, pero la demanda se calienta presionada por "mulas", MIPYMES y el Gobierno mismo.

Las recientes flexibilizaciones aduaneras avivan las importaciones de las "mulas", lo que desangra de dólares al país. Las MIPYMES también son demandantes netos de divisas, pues importan diez veces más de lo que exportan. Mientras que el Gobierno, irresponsablemente, usa el mercado cambiario para aprovisionarse de divisas.

Estos tres agentes compiten por las divisas con aquellos que la demandan para emigrar, lo que explica la acelerada depreciación del peso cubano y el alza del dólar y el euro por encima del MLC.

Y a través del tipo de cambio la inflación contamina la economía, no porque se esté "importando inflación" (que algo de eso hay) sino, fundamentalmente, por la devaluación endógena resultado de insostenibles políticas monetarias y fiscales.

Muchas distorsiones crean también las reformas económicas que ha estado haciendo el castrismo en este último año, todas tardías, inconexas, tímidas y alejadas de urgentes cambios políticos, imprescindibles para ganar la credibilidad que requiere la inversión extranjera.

Las propias MIPYMES, nacidas de una reforma aparentemente beneficiosa, están siendo fuente de inflación —más allá de ser importadores netos— pues debido a la enferma estructura económica castrista, muchas de ellas (quizás la mayoría) tienen como principal cliente al Estado.

En un clásico programa de presupuesto laxo mezclado con corrupción y nepotismo, las empresas estatales ponen en circulación millones de pesos subcontratando MIPYMES de construcción, eventos, reparaciones, jardinería, informática, gastronomía, transporte, chapa y pintura, contabilidad, mobiliario y otras. Algo que, en resumidas, no es más que política fiscal ultra expansiva… todo lo contrario de lo que requiere una situación inflacionaria.

Una modalidad de MIPYME estatalmente priorizada pero muy inflacionaria son las mini-industrias, pequeños establecimientos que, con higiene lamentable y tecnología cavernícola, procesan productos agrícolas para "agregarles" valor; lo que estaría bien si estuviese relativamente cubierta la oferta alimenticia básica, pero ese no es el caso. Estas mini-industrias acaparan producciones que no llegan directamente a la tarima, encareciendo innecesariamente la comida de un pueblo necesitado de boniato barato, no de boniato cortado a la juliana y empaquetado en nailitos.

Todo lo anterior significa que el peso cubano seguirá perdiendo valor (más inflación y devaluación) a causa del profundo agotamiento del entramado productivo, y del persistente aumento de la masa monetaria. Para invertir esa tendencia, habría que eliminar el déficit fiscal y reducir el gasto público, y además, emprender una liberación económica que solo sería efectiva si se acompaña de reformas democráticas.

Ya que el Gobierno no hará ni lo uno ni lo otro pues eso podría costarle el poder, la inflación y el dólar llegarán al infinito y más allá, lo que, paradójicamente, también podría costarle el poder. Al castrismo, este juego se le está trancando.

FUENTE: Diario de Cuba

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¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 30.82%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.64%
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