viernes 3  de  febrero 2023
CUBA

Emprendedores, atrapados por inflación, desabastecimiento y acoso de inspectores

En un país, donde el gobierno es solo efectivo para reprimir, las pequeñas empresas se ahogan en medio de la crisis económica

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Son las siete de la noche en La Habana y el salón de un restaurante privado está desierto. El cantinero, recostado a la barra, ve un partido de béisbol de la liga local en el televisor que cuelga en la pared del bar. Una mesera conversa con el cocinero. La otra bosteza aburrida, mientras chatea en su celular. El ayudante de cocina intenta dormir inclinando su cabeza sobre una de las mesas.

Una pareja de turistas canadienses entra al salón, revisan la carta y se marchan. Más tarde, tres jóvenes cubanos preguntan al cantinero por el precio de la cerveza Cristal: “370 pesos”, le respondió, unos 14 dólares al cambio. “¡Coño, qué abuso!, vamos a tomar birras a otro lado”, comentaron.

Pasada las diez de la noche, Eduardo, el propietario del restaurante, decide cerrar. Otra noche con pérdidas. A pesar de que el local está situado en una de las calles más céntricas del Vedado, las ventas son pobres.

“Desde que llegó la pandemia de coronavirus, en marzo de 2020, no levanto cabeza. Aunque las vacas flacas comenzaron en 2018, año que de manera gradual las ventas comenzaron a caer”, comentó.

Parece que ha pasado mucho tiempo de aquella primavera de 2015, cuando en una noche cualquiera, recordó el dueño del restaurante, “ganaba 150 dólares en un día entre semana, y los sábados y domingos superaba los 200”.

Entonces el menú tenía más de cincuenta platos. “A base de pollo, carne de res y de cerdo, carnero, varios tipos de pescados y mariscos. Casi siempre el restaurante y el bar estaban llenos. Ahora esto parece el desierto de Sahara. Cuatro millones y medio de turistas visitaban La Habana. Era la época de (el presidente Barack) Obama. Tú pasabas por aquí y te encontrabas a un famoso de Hollywood cenando. Desde hace dos años casi todos los días tengo pérdidas. Si en noviembre, con la llegada de la temporada alta de turismo, las cosas no mejoran voy a cerrar el negocio”.

Yandy, cantinero, lleva ocho años trabajando en el bar. “Entre 2015 y 2017, en un turno de trabajo malo, me buscaba 80 y 100 chavitos (CUC), 80 y 100 dólares. La tarea ordenamiento (llamado oficial a restructurar la economía), la escasez de alimentos y la inflación están arruinando a los negocios particulares y a quienes trabajamos en ellos” , señaló.

Si usted camina por El Vedado, Miramar y las zonas turísticas de La Habana Vieja, donde suelen estar emplazados los restaurantes y bares privados de éxito, notará que, incluso los fines de semana, la mayoría de esos negocios están desolados.

Jaime, dueño de un café en Centro Habana, consideró que “la crisis económica y alta cotización de las divisas, que ha provocado una estrepitosa devaluación del peso cubano, impactan en el retroceso de los negocios privados. Comprar vegetales, frutas y cualquier alimento es una verdadera odisea. ¿Qué turista o cliente cubano quiere comer en un restaurante que nada más vende pollo y carne de puerco? A veces no tengo ni pan para preparar los sándwiches. Los mejores cocineros se han largado del país. A eso, suma el gasto elevado de la electricidad y el acoso de los inspectores que siempre buscan ganar dinero fácil. Muchos dueños de paladares que conozco han cerrado o piensan cerrar su negocio”.

Yamila, propietaria de un hostal en la parte antigua de la ciudad, coincidió con Jaime: la crisis económica, caída del turismo y la inflación les está pasando factura a los negocios gastronómicos, de transporte y alojamiento.

“Hace cinco años eran bastante rentables, sobre todo los ubicados en áreas con afluencia de turistas. Ahora, siendo optimistas, siete de cada diez negocios tienen pérdidas o apenas ganan dinero. Si la ocupación hotelera está al 14%, ¿qué se puede esperar de un hostal privado? El gobierno es el mayor culpable. No ha sabido controlar la inflación ni buscar soluciones a la crisis económica. En vez de aplicar profundas reformas económicas, escuda su ineficiencia en el embargo comercial de Estados Unidos e intenta acusar a los trabajadores privados de los altos precios”, opinó Yamila.

Media docena de añejos automóviles descapotables, parqueados frente al hotel Inglaterra, en el Parque Central de La Habana, esperan ser alquilados por algunos de los extranjeros sentados en un café, mientras escuchan a un cuarteto de sones.

Alejandro, chofer de uno de esos viejos autos, recordó que en “2015 un recorrido de dos horas por la capital costaba 50 o 60 dólares y había 'yumas' (estadounidenses) que nos pagaban hasta 100 cañas (dólares). Ahora los pocos turistas no quieren pagar 20 dólares. Hay días que trabajo para sufragar el combustible y un poco de comida para mi familia. El turismo era un sector donde se había enganchado un montón de gente: jineteras y jineteros, guías de turismo, dueños de casas de renta y de paladares, vendedores de tabaco, libros e instrumentos musicales, artesanos y artistas plásticos que vendían sus obras. En estos momentos todos andamos pidiendo el agua por señas”.

Juan Carlos, propietario de un hostal en Viñales, provincia de Pinar del Río, 200 kilómetros al oeste de La Habana, afirmó que “ya antes de la llegada del ciclón Ian, los negocios privados en esta zona estaban de capa caída. Después del huracán, Viñales parece un pueblo fantasma. No hay turismo y una parte considerable de los emprendedores tienen planes de emigrar. Con el actual gobierno, no veo posible que los negocios privados se recuperen. Al contrario, pueden empeorar. Los gobernantes cubanos no tienen la menor idea de cómo van a salir de la crisis económica”.

Alex, quien junto a sus padres regenta una cafetería de entrepanes y comida criolla en la barriada de La Víbora, en la capital, cuenta que “en los tres últimos meses solo ha podido abrir dos o tres veces a la semana. Cuando no faltan los frijoles, falta el aceite o no tengo plato fuerte que vender. Es para volverse loco. Mi esposa se ha puesto a cuidar ancianos para poder mantener a nuestra hija de cinco años”.

Los números hablan por sí solos. Según una encuesta realizada por la Asociación Sindical Independiente y la Asociación Cubana de Trabajadores Autónomos y Emprendedores, el 83% de los trabajadores privados en la Isla han sufrido pérdidas económicas en 2022. Y el 85% ha resultado afectado de alguna manera por la desastrosa gestión económica del régimen y la aplicación de la llamada Tarea Ordenamiento.

El dueño de un bar en Santos Suárez, municipio Diez de Octubre, alegó que “la devaluación del peso y el alza del dólar en el mercado informal es una puñalada al corazón para los negocios que no están enclavados en zonas turísticas. Cada vez que el dólar sube un peso tengo que subir el precio de la cerveza y la comida que vendo, porque esos productos los compro en tiendas de divisas. Y esas divisas tengo que comprarla en pesos por la calle”. Casi todos los emprendedores habaneros se quejan de la satanización del régimen.

Oscar, elaborador de ahumados, comentó que “un día sí otro también, vienen inspeccionar mi negocio. Si no le paso un billete me ponen una multa de 5.000 o 10.000 pesos (200 o 400 dólares al cambio oficial). La corrupción de esa gente es a la cara”.

Por otra parte, Elizabeth, vendedora de pizzas, aseguró que “el gobierno ha puesto en marcha operativos para acallar las quejas de los ciudadanos. Buscan culpar de los altos precios a los dueños de negocios. Populismo barato. Los cartones de huevos y la harina, que se revende en la calle, se la roban de los establecimientos estatales. Y las tiendas y mercados del Estado han duplicado los precios de los alimentos, que ya eran altos, al tener un impuesto del 240%. Quieren tapar sus deficiencias con los privados. Cada vez que el gobierno tiene problemas nos señalan a nosotros”.

Acorralados por la rigurosa cuchilla fiscal y los corruptos inspectores estatales, muchos emprendedores se sienten como si fueran un tiro al blanco.

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