Lo que comenzó como un grito de auxilio por parte de cientos de reclusos ante el hambre y los abusos, terminó en un motín masivo sofocado por las fuerzas especiales del régimen cubano mediante el uso de gases y balas de goma, en el penal de Canaleta, en la provincia de Ciego de Ávila.
Cerca de las 2:00 de la madrugada, la población penal se levantó para denunciar una realidad que ya no pueden soportar: raciones de comida con gusanos, falta de agua potable y una ausencia total de atención médica.
La respuesta de la cúpula oficialista no fue atender las carencias, sino enviar tropas antimotines armadas para recuperar el control de los destacamentos por la fuerza.
El régimen de Cuba respondió con violencia
Desde el interior de las celdas, los testimonios filtrados dibujan un escenario crítico. El preso político Orlando Almenares Rey denunció, entre dificultades para respirar, que los guardias dispararon gas pimienta y perdigones de goma incluso contra reclusos con patologías de salud. "Nos están tirando con tiros de balas de goma dentro de las celdas", alcanzó a alertar en un video que ha logrado burlar el cerco informativo.
Las denuncias de familiares coinciden en señalar que la situación en Canaleta ha cruzado el límite de lo tolerable. Describen una dieta basada en caldos de desechos y porciones de arroz medidas por tazas de café, un esquema de subsistencia que muchos califican como una forma de tortura lenta. Un reclamo que trasciende las carencias.
Aunque el hambre fue el detonante, las consignas de "Patria y Vida" y "Libertad" que aparecieron pintadas en sábanas dentro del penal confirman que el descontento es también político. Los reclusos manifestaron abiertamente su rechazo a una gestión que, lejos de responder a las necesidades del pueblo, recurre a la violencia sistemática para silenciar las protestas.
Mientras el régimen mantiene el hermetismo sobre el número de heridos y el estado actual de la prisión, el motín de Canaleta queda como un crudo recordatorio del nivel de asfixia al que está sometida la población penal en la isla. La represión de este jueves solo ha profundizado la brecha entre una ciudadanía agotada y una estructura de poder que solo ofrece castigo ante el reclamo de derechos básicos.