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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Manuel, propietario de un bar de entremeses y cocteles, en el sur de La Habana, se siente en tierra de nadie. Todas las mañanas, luego de revisar el aceite y las bujías de su Chevrolet de 1957 con ingeniería mecánica moderna, recorre un mercado tras otro buscando frutas, queso gouda y aceitunas sin hueso.

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Pocas veces encuentra lo que busca. Y tiene que inventar tentempiés con maní tostado y frituras elaboradas con masa de yuca. Conseguir cerveza Cristal o Bucanero se ha convertido en un dolor de cabeza. “Tengo que ‘cuadrar’ [ hacer arreglos, negociar] con el gerente de un restaurante estatal o mercado por WhatsApp, solo por esa vía, pues los mensajes son encriptados, 40 o 50 cajas de cerveza, cuyo precio es de 24 cuc, pero como escasea, tienes que pagarla a 28 o 30 cuc. Después, ir a hablar con un humorista o un músico para que actúe en el bar, quienes cobran como si fueran artistas internacionales. Los precios de los alimentos y las bebidas han ido subiendo y uno lo pagaba, pues al final se obtenían ganancias con las ventas. Pero ahora han coincidido tres circunstancias que frenan nuestros negocios", y a continuación las enumera:

"La primera, las nuevas restricciones de Trump, diseñadas para afectar al gobierno de Raúl Castro y las empresas militares, pero a quienes en realidad afectan es a los negocios particulares. La segunda, los excesivos controles y altos impuestos: las autoridades ven a los cuentapropistas como delincuentes. Y la tercera, para rematar y ponerle la tapa al pomo, esta segunda versión del ‘periodo especial’, que ha ahuyentado a los consumidores. Desde hace un mes, apenas vienen usuarios al bar, algunos días entran dos o tres, a veces ninguno”, confiesa Manuel.

Jorge, sentado en el asiento delantero de su Impala descapotable, juega a Angry Bird con su teléfono móvil mientras espera clientes en los alrededores del Hotel Manzana Kempinski. “Esto está pelao. Desde que Trump canceló los cruceros no hay ‘yumas’ [turistas estadounidenses]. Y los europeos y latinoamericanos que vienen, cuando les dices que un recorrido de dos horas por la ciudad cuesta 50 o 60 dólares, se espantan. No tengo argumentos que pueda demostrarlo, pero los turistas que están viniendo a Cuba son unos muertos de hambre”.

Igor, economista, confirma esa hipótesis. “A diferencia de los americanos, los que más gastan, la mayoría de los turistas que están viajando a la Isla son de poco poder adquisitivo. En general, ha disminuido la entrada de turistas al país, sobre todo a La Habana. En los cruceros arribaban más de 600.000 al año. Ahora muchos van directamente a los cayos o a Varadero, sin pasar por la capital. El 21 de agosto de 2019, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) reportaba que al cierre del mes julio, el turismo internacional registró un decrecimiento de 1,1 por ciento, al arribar al país 2 856 761 visitantes, que significan 32 019 menos que en igual período del año anterior. En julio se recibieron 295 042 visitantes, 90 992 turistas menos, lo que representa un 23,6 por ciento inferior al compararlo con el mes de julio de 2018".

Según Igor, el índice ocupacional de los hoteles no supera el 44 por ciento. "Pero el gobierno sigue gastando miles de millones de dólares construyendo hoteles súper lujosos. El Ministerio de Turismo no tiene diseñado una estructura extra hotelera que genere gastos a los turistas. En 2018, República Dominicana recibió 6 568 888 turistas y los ingresos alcanzaron casi 8 millones de dólares. El año pasado a Cuba llegaron más de 4 millones 700 mil turistas y por primera vez lograron sobrepasar los 3 mil millones de dólares, informaron funcionarios del MINTUR [Ministerio del Turismo]".

Cuando usted conversa con dueños de paladares, casas de alquiler a turistas y choferes de autos descapotables, todos coinciden en que la nueva vuelta de tuerca de la Casa Blanca a la autocracia castrista ha afectado sus negocios, en particular los enfocados hacia el turismo.

Oneida transformó su vivienda en un hostal y considera que cada vez que Trump abre la boca en el tema de Cuba, dejan de venir miles de turistas. "Es que casi todos los estadounidenses que arribaban a La Habana alquilaban, se movían y comían en emprendimientos privados. Los que tenemos negocios que dependen del turismo hemos tenido que hacer rebajas entre un 15 y un 20 por ciento en los precios. En Estados Unidos alegan que esas medidas fueron diseñadas para afectar al gobierno, pero por carambola nos afectan a nosotros. A eso súmale que las autoridades no hacen nada para implementar un marco legal que beneficie a los pequeños negocios. Al contrario, cada día hay más inspecciones, un lenguaje más agresivo en la prensa contra los cuentapropistas y cero apertura de mercados mayoristas. Los años de gloria en la etapa de Obama parecen hoy un espejismo".

Osniel, Jesús y Carlos, tres emprendedores que residen fuera del circuito turístico habanero -formado por los municipios Centro Habana, Habana Vieja, Vedado y Miramar- y cuyos negocios están orientados a la clientela local, dijeron a DIARIO LAS AMÉRICAS que desde la llegada de Trump a Washington han visto menguadas sus ganancias.

Osniel, dueño de una cafetería de comida criolla en el municipio Diez de Octubre, afirma que “con la subida de precio de la carne de cerdo, la escasez de productos del agro, ahora con la falta de combustible y la ‘crisis coyuntural’, la gente prefiere ahorrar dinero y comer en casa. Hace un año tenía ventas diarias de 10.000 pesos (equivalente a 400 dólares), actualmente no llego a 5.000. Las ventas han caído en más de un 50 por ciento”.

Jesús siempre estuvo convencido de que “el negocio del alcohol sería un buen ‘bisne’ en un país donde existen dos grandes categorías de bebedores, los de ron de quinta categoría y los que toman ron de calidad. Sin contar que a la inmensa mayoría de los cubanos les gusta darse un trago a menudo. Es que en Cuba, beber sirve para olvidar un montón de problemas y escapar por la falta de futuro. Pero ahora, con la llegada de este remake de período especial, la gente prefiere tomar en su casa o en la esquina del barrio. Muy pocos pueden pagar una cerveza a 2 cuc, aunque haya aire acondicionado, un ambiente agradable y un humorista o un cantante de moda”.

Carlos, mecánico particular, expresa que "en Cuba [según el lenguaje oficial], la culpa todo la tiene el bloqueo. Pero la realidad es que a los gobernantes no les importan los negocios privados. Lo de ellos es su guerra particular con los yanquis. Y el pueblo que se fastidie y se las arregle como pueda”.

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