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@cabezamestiza

MIAMI.- Ella lleva una blusa floreada y una mochila al hombro, muestra a cámara una sonrisa amplia que contrasta con la de él, sobria y modesta. Ambos ocultan los ojos tras gafas oscuras, sin que se adivine del todo el espacio donde se encuentran, probablemente porque la fotografía refleja un momento de tránsito, de no lugar, en el que ellos, sus protagonistas, dan el adiós forzado —y por ahora definitivo— a su país. Hoy son Katherine Bisquet y Hamlet Lavastida, herederos de una maquinaria de expulsión que ve en el destierro o, en el exilio forzado, una válvula de escape ante el disenso ciudadano. La escena podría parecer nueva para las actuales generaciones en Cuba, pero es un bucle de más de 60 años.

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“Si ha llegado este momento y están leyendo esta nota, es porque justo ahora Hamlet Lavastida y yo acabamos de pisar el espacio Schengen”, escribe ella en el post que acompaña la imagen descrita. “Hemos tomado la precaución de hacer pública nuestra situación a estas alturas (literalmente) por nuestra seguridad personal. La policía política nos impuso el exilio de ambos como única opción para la excarcelación de Hamlet. Desde el comienzo de su insólita detención, y durante los 90 días que permaneció en privación de su libertad bajo un proceso de investigación infundado, yo, Katherine Bisquet, escritora y activista, he sido blanco de acoso, coacción, privación ilegal de libertad (prisión domiciliaria por 65 días), tortura psicológica, detenciones ilegales y amenazas de procesamiento por parte de la Seguridad del Estado. Pero sobre todo he sido víctima del chantaje a través del cual el poder me hacía saber que, cada día que transcurría sin que yo consiguiera una visa, representaba un día más de cárcel para Hamlet. Mi salida del país era la moneda de cambio para su liberación”.

Limitar la memoria

Pero en que se olviden los antecedentes de esta historia ponen su empeño los jerarcas de los regímenes totalitarios. Esto, en palabras de Milán Kundera, significa que “para liquidar a los pueblos se empieza por privarlos de la memoria”. “Destruyen tus libros, tu cultura, tu historia. Y alguien más escribe otros libros, les da otra cultura, inventa otra historia; después de eso, la gente comienza a olvidar lentamente lo que son y lo que fueron. Y el mundo que te rodea se olvida aún más rápido".

De ahí que cuando la poeta y activista por la democracia Katherine Bisquet postea en Facebook que “Hamlet Lavastida ha sido liberado a cambio de nuestro exilio”, hay que leer entre líneas las historias de las Katherines y los Hamlets que en los años de totalitarismo han vivido quiebres similares.

“Algo ha logrado la Seguridad del Estado, y es que en este reducido, incivilizado y precario espacio en el que inevitablemente tenemos que coexistir, normalizamos y asimilamos la represión de manera natural. Ya no de manera pasiva, sino de una forma bastante familiar y sin extrañezas, lo cual los convierte a ellos en una maquinaria mucho más eficiente y perdurable”, valora la poeta. “Y es este precisamente el cáncer que se ha apoderado de los cubanos durante décadas, el cáncer que crece a discreción dentro de nuestras almas. Nos han violado, nos han expatriado, nos han asesinado, nos han encarcelado, nos han censurado, y todo ha sido silenciosamente, bien de cerca, en nuestro patio, en nuestra propia casa”.

Viajan con ellos al exilio, en sus cuerpos y pisadas, aquellos a los que antes expulsaron, en tiempos en que las vías de denuncia —como lo son hoy las redes sociales— no eran tan expeditas ni inmediatas. Celia Cruz, Reinaldo Arenas y una seguidilla de nombres, menos estridentes, pero con vivencias igualmente desgarradoras.

Incluso en estos tiempos en que Katherine y Hamlet son el ejemplo más reciente de la expatriación que promueve el régimen cubano, están muy lejos de ser los únicos sobre los que recaen las restricciones de movilidad. Antes de este desenlace que los llevó a Varsovia, Polonia, la misma maquinaria impidió a la joven periodista Karla Suárez regresar a Cienfuegos, Cuba, donde se reencontraría con su familia después de haber estudiado durante cuatro años la carrera que le negaron continuar en su país. A su coterráneo Lidier Hernández Sotolongo, le aplicaron este tipo de medida restrictiva a la inversa, una vez en Cuba, fue —como Hamlet— sometido a interrogatorios y retenido durante ocho meses en la isla. El denominador común en estos casos ha sido la postura política contra el poder instaurado en la isla. Lo mismo Lidier que Karla fueron castigados por su pertenencia al grupo opositor Somos+.

Activistas temen que, por estos días en que centenares de cubanos (más de 500) continúan presos a raíz de las protestas ciudadanas del 11 de julio, a otros defensores de derechos humanos los traten de someter a operaciones de este tipo, tomando en cuenta que varios de los personajes más visibles de la oposición están encarcelados desde esa fecha o desde antes. Luis Manuel Otero Alcántara, José Daniel Ferrer, Maykel Castillo y Esteban Rodríguez siguen tras las rejas. En estas circunstancias, cobra especial importancia una petición en línea que durante los últimos meses ha acumulado firmas en la plataforma Change.org.

Titulada “Cuba, no más destierros”, la petición postula que «Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país».

Así se lee en el Artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en diciembre de 1948 y aprobada por Cuba en esa misma fecha. Sin embargo, destaca la petición que este derecho se viola en Cuba desde la promulgación de la Ley número 989 en 1962, cuando los procesos migratorios pasaron a ser controlados por el Ministerio del Interior, y se identificó el acto de emigrar como “traición a la patria”, requiriendo un permiso de salida que solo fue eliminado con la reforma migratoria de 2013. “La principal sanción por dicho delito era la pérdida de todas las propiedades en Cuba y el no retorno al país de aquellas personas cuya estancia en el extranjero superase el permiso concedido por las autoridades”, recuerda.

Suscrita por la activista Salome García Bacallao, la petición pone en relieve que “además de forzarnos a pagar prórrogas de pasaporte con costos excesivos, el Ministerio del Interior aún hoy decide arbitrariamente, y por motivos ideológicos, cuáles cubanos pueden conservar su ciudadanía y cuáles pueden entrar y salir del país”. Un ejemplo es lo ocurrido el 18 de marzo cuando un funcionario cubano en Panamá, donde hizo escala el vuelo de Karla María Pérez, le negó a esta ciudadana cubana de 22 años (antes expulsada por sus ideas políticas de la Universidad Central de Las Villas), su regreso a la isla, condenándola de forma tajante al desamparo legal y a un destierro indefinido. Queda la imagen de la muchacha en el aeropuerto de Tocumen, con sus maletas listas para abordar el avión que nunca pudo abordar. Llevaba puesto un pulóver con la frase: “realismo repugnante”.

Con estas historias como bandera, las más de 6.780 personas que suscriben la petición, exigen que a los cubanos y cubanas les sea restituido de manera incondicional e irrevocable el derecho a circular libremente, a salir y retornar a Cuba conservando íntegramente su ciudadanía. Busca incidir además en que el Estado cubano garantice compensación por todo bien o derecho perdido o dañado en virtud de los principios del derecho internacional y de justicia restaurativa, para lo que los firmantes solicitan el apoyo de la comunidad internacional y de los Estados Parte de las Naciones Unidas a fin de elevar este reclamo a las más altas instancias e impulsar finalmente un proceso de reconciliación nacional.

No es un reclamo sencillo, pero de hacerse efectivo protegería a millones de personas de nacionalidad cubana fuera de sus fronteras (un 14% de la población según datos de la ONU citados en la petición ciudadana). La buena noticia es que con poco más de 6.000 firmas recogidas, la propia Salome García, con el derecho que le asiste como residente en territorio de la Unión Europea, presentó la solicitud a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo y consiguió una primera respuesta. “Luego de varios meses de espera, he obtenido respuesta de Dolors Montserrat, presidenta de la Comisión de Peticiones”, dijo la activista y cito las palabras correspondientes: “(...) la Comisión de Peticiones ha examinado su petición y la ha declarado admisible, ya que el asunto que usted plantea entra dentro de los ámbitos de actuación de la Unión Europea. Por ello, he pedido a la Comisión Europea que lleve a cabo una investigación preliminar sobre este asunto (...) y enviaremos su petición para información a la Comisión de Asuntos Exteriores”.

Una vez que la Comisión de Peticiones investigue —precisa la joven cubana—, se debe abrir un proceso de adhesión oficial de firmantes a través de su sitio oficial. Entonces podrá participar cualquier persona residente en la Comunidad Europea que se sensibilice con la situación de quienes, por una parte, no pueden salir del país porque están “regulados” por el gobierno; y los que, de otro lado, ya se han ido, pero temen intentar siquiera el regreso a una patria sitiada donde en el 2021 se sigue limitando la movilidad y practicando

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