LA HABANA.- Hasta en la mejor etapa del régimen de Fidel Castro siempre faltaba algo. En los años 1980, gracias al cheque en blanco que giraba Moscú, la libreta de racionamiento distribuía media libra de carne de res por persona, tomar un vaso de leche no era un lujo y en los anaqueles del mercado paralelo se vendían conservas, jugos y vinos de la Unión Soviética, Bulgaria, Albania y otros países socialistas de Europa del Este.

La vida cotidiana de la gente estaba atada al Estado verde olivo hasta niveles que rozaban el delirio. Una casa en la playa, un televisor en blanco y negro o un simple reloj despertador se compraba por un bono de trabajador destacado que otorgaba el sindicato.

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Celebrar las navidades, escuchar música estadounidense o vestir un vaquero Levi's eran síntomas de divisionismo ideológico. Nunca en la isla el régimen pudo gestionar un servicio de transporte eficiente, vender calzado de calidad o construir edificaciones con buen gusto.

Ahora

Ha habido etapas peores que otras. Pero siempre se regresaba al punto de partida: ineficiencia, bajas cosechas, escasez de alimentos y largas colas para adquirirlos. El socialismo castrista se destacó por ser más político que económico. Ahora, al no contar con padrinos generosos, como la antigua URSS y la billetera venezolana de Hugo Chávez, los cubanos viven en una perpetua crisis económica.

Alina, maestra jubilada, dice que en el ambiente percibe un nuevo período especial de grandes necesidades alimentarias. "No hay nada en las tiendas por divisas. Te puedo hacer una lista de las cosas que escasean. El gobierno ha desmontado los puestos de ventas que había en todos los barrios y debido a la crisis del transporte, se complica más ir hasta Centro Habana, Vedado o Miramar a comprar comida, ropa y aseo. Y en los mercados por moneda nacional pa’que contarte. Por prescripción médica debo tomar yogurt y las bolsas de yogurt solo llegan unas pocas los martes”.

Diego, economista, considera que aunque hay similitudes, la situación es distinta. "La crisis económica que aconteció después de la Zafra de los Diez Millones, en 1970, era un típico caso de inflación. La población tenía dinero, pero las tiendas estaban vacías y se dispararon los precios. En la década de 1980 se estabilizó la economía, pero en 1990, al no contar con subsidios del campo socialista, el país se vio abocado al período especial. Ha sido la etapa más difícil en estos 60 años. Hoy la economía cubana pinta mal. Cuando revisas los diferentes índices de producción, observas que la mayoría disminuye o apenas crece. Los crecimientos en el sector alimentario no satisfacen la demanda. La caída es tan dramática que esos pequeños crecimientos son como una gota de agua en el océano”, apunta.

Luego vaticina: “Es probable que en 2019, de no efectuar el Gobierno transformaciones económicas urgentes y a gran escala, lleguemos a un escenario de crisis económica más profunda. Un segmento amplio de trabajadores que reciben sueldos simbólicos se verían aún más perjudicados, igual que los jubilados. Los que tienen acceso a divisas o son dueños de prósperos negocios particulares quizás no se vean tan afectados. Esa crisis está al doblar de la esquina y se puede atajar con medidas proactivas de carácter económico, aunque siempre algún sector se verá afectado”.

Yoandry, músico, piensa que “no hay que ser economista para ver que el año próximo será de apaga y vamos. Brother, están faltando productos esenciales para las capas más pobres. El pan, el arroz, las medicinas. A eso súmale que los precios de viandas, carne de cerdo y hortalizas han crecido entre un 10 y 20 por ciento comparados con hace cinco años. Y los salarios no crecen a la par de esa inflación silenciosa que vivimos los cubanos”.

Pesadilla

Diana, ingeniera, confiesa que “no quisiera volver a vivir la pesadilla del Período Especial, pero esa posibilidad está latente. El desabastecimiento en las tiendas por divisas y en moneda nacional es alarmante. Los precios de los artículos aumentan por año. Incluso en el mercado negro, cada vez es más difícil conseguir pescado de calidad, camarones o carne de res. Y ya no hay pa'donde escapar. Obama tiró abajo los pies secos pies mojados y la gente que decide emigrar solo le queda probar suerte en Uruguay, Chile u otro país sudamericano”.

Leydis, licenciada en historia del arte, guardó su diploma en una gaveta y decidió probar suerte como mula. “Era una niña cuando el período especial, pero me acuerdo de los apagones y de que empezaron a vender bicicletas chinas. Si el Gobierno no cambia de política económica, vendrán años durísimos, por eso debe dejar de seguirle apretando el cuello a los cuentapropistas, que son los únicos que crecen en Cuba y, además, son nuestros principales clientes, los que nos compran el grueso de las pacotillas que las mulas traemos”.

José Antonio, desempleado, afirma que en el país existe un gran número de personas que como él, tiene que vivir del 'invento'. "Pa' buscarme unos pesos, lo mismo chapeo un cantero, acarreo escombros que voy al vertedero de la Calle 100 a buscar entre la basura cosas que después vendo. Por muy mala que se ponga la cosa, los pobres nos adaptamos a la situación. Si estallara una nueva crisis económica, al menos yo peor no voy a estar. Los que van sufrir son los ricos, ésos que viven en buenas casas y todos los días desayunan, almuerzan y comen”.

En un portal cercano a la Plaza Roja de la Víbora, al sur del centro de La Habana, José Antonio espera ganarse veinte o treinta pesos con la venta de objetos encontrados en la basura. Sopla un aire fresco, de una sucia mochila saca un pomo plástico y se empina un buche de alcohol destilado, el trago de los olvidados.

Para muchos en Cuba, incluido José Antonio, el período especial nunca ha terminado.

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