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SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA .- Cuando el tablero del automóvil anuncia que el combustible ha llegado a su nivel más bajo, comienza el martirio para los habitantes de San Antonio del Táchira, una población fronteriza, vecina de Colombia.

Abastecerse de gasolina puede implicar filas de varios días a las afueras de una estación de servicio, sin garantías de que la espera sea fructífera. Y al factor tiempo se une también la rigidez que imponen los mecanismos de control del régimen en tiempos de crisis.

"Cuando llega la gasolina, se decide la cantidad de carros a los que se les echará", reconoce un trabajador de una de las tres estaciones de servicio de la localidad. “Ayer (jueves) llegó la gandola (camión) y echaron los carros de placa baja (matrículas terminadas del 0 al 4) y como quedó, hoy (viernes) otros 100 vehículos de placa alta (matrículas del 5 al 9) lograron abastecerse".

No es solo estar a la hora y en el lugar indicado

“Cuando hay gasolina, las motocicletas (que pueden tener un tanque de entre cinco y 15 litros) pueden llenar de 6:00 a 8:00 am”, agrega. “Luego, los carros particulares pueden echar desde esa hora hasta las 12:00m. Después se les echa a carros de funcionarios públicos y, si queda, se sigue con los que estaban en la fila”.

Esperar para abastecerse de gasolina puede demorar de dos días hasta una semana. Pues aunque Venezuela, según reportes de la OPEP, es el país con la mayor reserva petrolera del mundo, las ciudades fronterizas han venido sufriendo el desabastecimiento desde hace más de una década.

Los tiempos que corren, marcados por el llamado a la austeridad por parte del régimen de Nicolás Maduro, han agudizado la crisis con el combustible.

“Antes había más orden. Cada carro podía echar gasolina dos veces a la semana por el número de matrícula”, comenta Josué Jiménez, otro habitante de la frontera colombo-venezolana. “Ahora hay que esperar días para que llegue la gasolina”.

Y cuando por fin aparece el combustible, los cortes del servicio eléctrico, con mayor frecuencia en los Estados Táchira y Zulia, le agregan unas cuantas horas de más a la espera, que no termina con el tanque totalmente lleno por un sistema de “chip” que se emplea desde 2012.

160 litros al mes controlados por un “chip”

Desde hace más de seis años, los automóviles registrados en los estados Táchira y Zulia, usan un chip (una etiqueta con código de barra ubicada en el parabrisas frontal) y al llegar a la estación, un lector digital permitirá el acceso del auto a la bomba de combustible e indica cuántos litros pueden ser consumidos.

Gasolina en San Antonio del Táchira
El nuevo sistema anunciado por el Gobierno de Maduro aún no entra plenamente en funcionamiento.
El nuevo sistema anunciado por el Gobierno de Maduro aún no entra plenamente en funcionamiento.

Aunque la mayoría de los tanques de gasolina de los carros van entre los 45 y 75 litros, cada vez que los usuarios logran acceder a la estación de servicio solo podrán recargar 40 litros.

Además, existe un límite mensual de 160 litros. Es decir, que podrían utilizar solo 40 litros semanales.

Si los consumen antes de tiempo, entonces tienen que buscar el combustible en el mercado negro, en el que tendrán que pagar hasta 50.000 pesos colombianos, algo así como 2.173 bolívares o 20 dólares, al precio del cambio paralelo, para poder comprar 25 litros.

Gasolina en San Antonio del Táchira
El nuevo sistema anunciado por el Gobierno de Maduro aún no entra plenamente en funcionamiento.
El nuevo sistema anunciado por el Gobierno de Maduro aún no entra plenamente en funcionamiento.

La vida continúa, el carro se detiene

Aunque las filas de autos en las gasolineras duren días, sus propietarios deben seguir con la vida cotidiana. Llevar a los niños al colegio, trabajar y hacer las compras diarias son tareas que no se pueden dejar de hacer y por eso un gran porcentaje de la población de la localidad utiliza motocicletas para seguir con sus actividades. Mientras eso ocurre, su vehículo principal permanecerá inmóvil.

“Hay varias formas de hacer una fila para comprar gasolina”, comenta Victoria Díaz. “Una es dejar el carro en la propia estación de servicio pero sin batería y sin seguridad de nada, e irse al trabajo, llevar los niños al colegio y hacer las cosas cotidianas, caminando. El transporte público tampoco presta un óptimo servicio. Producto del mismo desabastecimiento de combustible”.

Pero la imaginación y la sabiduría han dado riendas sueltas a soluciones diversas para poder lidiar con el entramado de situaciones a las que tiene que hacerles frente un residente local. Entonces aparece lo insólito, como la opción de “luego de estar durante unas horas en las filas, [el dueño del vehículo] aparta el espacio con potes o piedras”.

Hay también quienes evitan que el carro llegue a la reserva de gasolina y no dejan su vehículo por mucho tiempo en las filas. La fórmula que utilizan para “garantizar” abastecerse, es tomarle una foto al automóvil que los antecede y otra al que los precede. De esta forma pueden volverse a incluir en la fila oportunamente.

El transporte público también sufre

"No siempre llega gasolina", comenta un taxista que prefiere mantenerse en anonimato por seguridad y miedo a represalias. "Nosotros, los que estamos afiliados a líneas de taxi, estamos divididos en dos grupos de 400. Si echamos un día, al otro no podemos volver porque le corresponde a los otros choferes”.

El transporte público tiene una estación de servicio exclusiva. Sin embargo, abastecerse combustible también es cuestión de suerte.

“De 6:00 a 8:00 de la mañana echan los mototaxistas y luego los taxis. Claro eso siempre y cuando llegue la gasolina”, continúa el profesional del volante. “Yo estoy en la fila, pero si a las 10 de la mañana no ha llegado el camión con el combustible, me voy y vuelvo en dos días”.

Esto complica el proceso, pero no es una limitante para trabajar, porque en la ciudad existe una estación de servicio denominada internacional, que se mantiene activa pese a que el flujo de vehículos desde el Departamento de Santander, en el lado colombiano de la frontera, está prohibido desde hace dos años.

Entonces, “si no llega la gasolina en esta bomba, toca ir a la internacional y pagarla más cara”, agrega.

El costo del litro de gasolina aún no ha sido modificado, así que por litro en la bomba internacional se deben pagar 3,3 Bolívares Soberanos (0.03 dólares a la tasa del mercado negro y 0.0055 a la tasa oficial).

La misma rutina tienen los conductores de los autobuses y las camionetas de transporte público, los cuales tienen que dirigirse a otra estación de servicio que se habilitó solo para ellos.

Tanto transportistas, como la población en general, deben innovarse y reinventarse con frecuencia para poder seguir con sus actividades. Así que cuando entre en vigencia el uso del Carnet de la Patria para abastecer gasolina subsidiada, otra medida gubernamental para mantener el “control”, seguramente habrá más filas y creatividad para enfrentar el calvario y seguir subsistiendo.

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