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@DesdeLaHabana

La Habana. - Cada cual intenta campear la brutal crisis económica que se padece en Cuba a su manera. Miriam, jubilada de 66 años, devenga una pensión de 1.800 pesos -unos 74 dólares al cambio oficial, pero 30 en el canje del mercado negro)- y como no le alcanza, le lava ropa por pago a sus vecinos y elabora flanes para ganar unos pesos extras.

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“Si no tienes FE (familiares en el extranjero) entonces tienes que vivir del invento. El 80 por ciento de los cubanos sobrevive a duras penas. Los que trabajan se roban cualquier cosa que luego venden ‘por la izquierda’ o estafan a los clientes para ganar dinero”, dice Miriam, quien durante treinta años fue cajera en un banco estatal.

Mientras da instrucciones a su hija en la preparación de los flanes, introduce en la lavadora un bulto de sábanas y toallas. “El cliente pone el detergente y por cada pieza que lavo y plancho cobro diez pesos, veinte por las sábanas y toallas grandes y 30 por sobrecamas y edredones. Un flan lo vendo a 150 pesos. Mi hija gana 3.000 pesos en un comedor obrero y algo siempre se le 'pega' (lo roba: arroz, aceite o un pedazo de carne de puerco. Trabajamos muchas horas diariamente, pero nos alimentamos mal. El dinero apenas alcanza para pagar electricidad, gas y agua. Ya olvidamos la última vez que nos compramos una muda de ropa. A mi nieta no pudimos celebrarle los quince. Por si fuera poco, llegó el COVID. Gracias a Dios no nos hemos enfermado, porque cualquier medicina te cuesta 1.000 pesos. En Cuba el que no tiene parientes afuera que le mande dólares está jodido. Nuestra maldición no tiene para cuando acabar. Y el gobierno sigue en la luna de Valencia, de reuniones en reuniones y diciendo mentiras”, afirma Miriam.

Salarios devorados

A ocho meses de iniciada la llamada ‘Tarea Ordenamiento’, una reestructuración monetaria diseñada por la dictadura para reactivar la moribunda economía cubana, la inflación galopante ha devorado el alza salarial. Gustavo, economista, explica: “Los salarios y pensiones aumentaron entre 2 y 4,9 veces. Pero los precios de servicios básicos como el pago de la electricidad, el agua, teléfono, libreta de racionamiento o el gas, en algunos casos, crecieron hasta veinte veces más. La magra canasta que se puede adquirir a través de la gestión del Estado subió su costo de diez pesos a más de doscientos. El consumo de la electricidad, para quienes poseen electrodomésticos modernos, uno o dos televisores y aire acondicionado, roda los 5.000 pesos mensuales (equivalente a unos $300). Eso representa el salario íntegro de muchos profesionales. Es una manera de penalizar el confort y la calidad de vida de los ciudadanos, lo que resulta una contradicción en un gobierno que proclama construir un socialismo próspero”, expresa y añade:

“Incluso las personas y familias de bajos ingresos ahora tienen que pagar entre diez veces más por la factura eléctrica, el gas y la canasta básica. Al existir un desabastecimiento crónico en los mercados por pesos, se ha devaluado tremendamente la moneda nacional. Un dólar, a pesar de que en efectivo no se acepta en las transacciones bancarias, se cotiza en el mercado negro entre 60 y 61 pesos y el euro de 79 a 80 pesos. Como las tiendas MLC son la única opción de comprar la mayoría de los alimentos, los cubanos se ven obligados a comprar divisas en el mercado subterráneo, ya que los bancos del Estado, que lo cotizan a menor precio, por falta de liquidez no vende divisas”.

Precios en las nubes

Los precios de alimentos, medicinas, artículos de aseo, ropa y calzado no paran de aumentar. Si en enero, al comienzo de la fracasada Tarea Ordenamiento, una libra de pescado costaba entre 120 y 140 pesos, en el mes de septiembre, si lo encuentras, la libra no baja de 250 pesos. Casi todos los precios de los alimentos han crecido entre un diez y un cincuenta por ciento desde el mes de enero. Las viandas, frutas y hortalizas, cuando el régimen intentó topar los precios, desaparecieron de los agromercados.

Al liberalizar su venta, regresaron a las tarimas con precios de escándalo. Tome nota. Una libra maní se vende entre 50 y 60 pesos, un diez por ciento más que en enero y más del doble si lo comparamos con 2020. Una libra de naranjas, verdes, ácidas y sin apenas zumo, 10 pesos. Una piña madura, 40 pesos. Dos mangos medianos, 70 pesos. Una libra de frijoles entre 60 y 80 pesos. La libra de jamón se disparó de 100 pesos en enero a más de 200 en septiembre. Hace ocho meses, la libra de carne de cerdo costaba 100 pesos, ahora ha aumentado en un 20 o 30 por ciento.

Los precios de las medicinas son de infarto. En los años 90, en el llamado ‘Período Especial’, no hubo un déficit tan marcado de medicamentos y se mantuvieron los precios módicos en las farmacias estatales. Con la denominada ‘Tarea Ordenamiento’, algunos medicamentos triplicaron sus precios. Esa alza se combinó con un brutal desabastecimiento, debido a que los laboratorios de producción farmacéutica están parados por falta de materias primas e impagos a los importadores.

En el mercado negro tres cápsulas de Azitromicina pueden llegar a costar entre 2.000 y 3.000 pesos; diez bulbos inyectables del antibiótico Rocephin ronda los 10.000 pesos y un pomo de vitamina C de mil milígramos, comprado en Miami, no baja de 1.000 pesos.

La inflación es total. La subida de precios abarca desde un par de sillones viejos, un tinte de pelo hasta confituras infantiles. Un paquetico de galletas con crema que valía 25 pesos actualmente cuesta 100. Un paquete con cuatro rollos de papel sanitario, cuyo costo es de 50 pesos, se revende en 150 en el mercado negro.

Sucede igual con la ropa, el calzado y los electrodomésticos. Una arrocera con un precio equivalente a 1.000 pesos, de acuerdo con la tasa cambiaria estatal, se oferta en 5.000 pesos en la calle. Y por un par de tenis chinos, de pésima calidad, tienes que pagar de 3.000 a 4.000 pesos. Por eso familias como la de la jubilada Miriam no recuerdan la última vez que se compraron una muda de ropa y se estrenaron un par de zapatos.

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