miércoles 25  de  febrero 2026
Niños

José Godoy, las huellas de un suceso que marcó su vida

Un joven venezolano cuenta cómo a los 11 años un hombre se ganó la confianza de su familia para agredirlo sexualmente
Por Daniel Castropé

MIAMI.- Cuando era niño, José Godoy tenía una compañía que solo existía en su mente, nombrada “Mecanic Inc.”, en donde “desarmaba y a veces no podía volver a armar” sus juguetes. Un librito de “raros inventos” siempre estaba en su bolsillo. Cuenta que era feliz, como todo niño inocente.

Godoy, hoy con 22 años y radicado en Francia, recuerda la pasión que sentía por las competencias de motocicletas. Su padre practicaba esa afición. El empresario despertó en su hijo, “desde muy chamito”, una fuerte atracción por el vértigo sobre dos ruedas. También montaba bicicleta de montaña, le gustaba acampar e ir a la playa.

Todos sus seres queridos, una larga familia compuesta por abuela, abuelo, tías, hermanos, primos y demás personas cercanas, vivían en la misma cuadra en Caracas. Visitar a sus abuelos en fechas especiales, como Navidad y Año Nuevo, son recuerdos que atesora en su mente. “Yo no olvido los momentos más lindos de mi niñez”, dijo en declaraciones exclusivas a DIARIO LAS AMÉRICAS.

Pero, asimismo, hay una serie de episodios dolorosos que no ha podido borrar de su memoria y que se mantuvieron “intocables” durante más de una década. Un hombre que supo ganarse su confianza y la de su familia, que “tomaba café con mi papá y mi mamá”, según su testimonio, abusó de la cercanía y lo tomó como objeto sexual. Desde entonces, su vida dio un giro trascendental.

Comienza una amistad

Lo vio por primera vez en un estadio de béisbol. Godoy, de 10 años en ese momento, estaba con su prima y el esposo de ella. El hombre, 10 años mayor que él, llegó a saludarlos.

“Debía ser alguien importante, pensé yo, porque estaba del lado de adentro del campo de jugo. Me saludó, se quitó la gorra, la puso sobre mi cabeza y me dijo que me la regalaba”, narró el joven.

Pasaron los días y el hombre comenzó a invitarlo a otros partidos de béisbol. Asegura que “con su carné especial” podía ingresar a los camerinos y eso le causaba “mucha alegría”. Algunas veces, cuenta, “jugaba Playstation con los jugadores en el dugout (lugar donde se reúnen los peloteros)”.

Le hablaba de muchos temas. Cualquier pregunta que tuviera el niño, el hombre sabía responderla. “Se convirtió en un ídolo para mí, en esa persona que respondía todas mis preguntas sobre la vida”, indicó.

Por aquel entonces, todo lo que vivía durante sus encuentros con el hombre le parecía normal. Obviamos el nombre porque hay de por medio un proceso legal, con una orden de captura dictada, y el supuesto autor del caso de pedofilia en estos momentos se encuentra con paradero desconocido.

Vivían muy cerca, en el sector caraqueño de Oripoto. Incluso lo recogía en su vehículo, veían partidos de fútbol y lo acompañaba a competencias de bicicleta.

“Era como mi ‘pana’, un gran amigo. Él es primo del esposo de mi prima y también era como un primo para mí”, señaló.

jose godoy
José Godoy, durante su niñez en Venezuela.

José Godoy, durante su niñez en Venezuela.

Confianza y abuso

Godoy era muy niño. Sin embargo, no olvida que el primer paso dado por el que sería más tarde su presunto victimario fue “medir” su “nivel de confianza”.

A través de esa “estrategia”, el hombre, un día que iban a ver un partido de pelota, le habría preguntado qué tan alto era el “nivel de confianza” que sentía por él y hasta dónde sería capaz de llegar gracias a la amistad que ya existía entre los dos.

“Me preguntó, como en un tono de broma, si mi nivel de confianza era el suficiente como para bajarme los pantalones. Yo me negué en ese entonces, explicando que no tenía ese nivel. Me explicó que era normal, que los niveles de confianza se trabajan y se llegan a desbloquear. Yo no entendía lo que venía”, relató.

Días después, Godoy tuvo dificultades en el colegio con la asignatura de Matemáticas. Mayor que él y una “persona inteligente”, según lo describió, el hombre se ofreció a darle repasos de esa materia en casa.

“Eran clases particulares. Hablaba de otras cosas con mi papá y ya en casa sentían confianza por él. Nadie sospechaba nada”, explicó.

Un día todo cambió. “Mientras me ayudaba con la tarea de Matemáticas, porque en clase me costaba concentrarme en una materia que no me gustaba, me hizo ver pornografía que no sabía qué existía. Adultos con niños. Niños con niños”, afirmó.

En otra ocasión, Godoy fue invitado por el hombre a “subir el cerro del Ávila”. Al llegar a casa, dijo, “tenía fuertes dolores en las piernas. Él me dijo que podía darme unos masajes que después se convirtieron en inapropiados”, describió.

En los intervalos de las clases en casa, el hombre siguió mostrándole pornografía, de acuerdo con Godoy. Insistía en que se trataba de “algo normal” lo que sus ojos veían por primera vez.

La perseverancia del hombre tuvo un resultado. Finalmente, habría logrado que el niño hiciera lo que aparecía en los videos, acorde con su testimonio.

Godoy, contrariado por lo sucedido, comunicó a sus padres que no quería recibir más clases. El hombre le preguntó si había contado algo de lo ocurrido y el niño le dijo que no. No dijo nada, se quedó callado, según su relato.

Se destapa la verdad

Pasó el tiempo. Godoy había salido de Venezuela a estudiar en Estados Unidos y luego en Francia, donde se encuentra en estos momentos. Se había propuesto olvidar ese “duro pasaje” de su niñez y no supo más nada de su presunto abusador.

No obstante, un día vio a través de las redes sociales un comentario de una prima del hombre que hablaba sobre una supuesta violación a otro menor dentro de su propia familia.

“En mi mente todo eso estaba bloqueado. Necesitaba olvidarlo, pero ese día decidí hablar, no pude contenerlo más. Esperé que mi tía estuviera sola en la cocina y cerré la puerta para contarle”, dijo.

Tenía 18 años cuando contó el suceso por primera vez. Sus padres más tarde también lo supieron. Fue entonces cuando los escuchó llorar por primera vez a través del teléfono.

Sus padres se sintieron culpables, “y no lo son”, dijo Godoy. “Mi papá estaba furioso. Sé que les advirtió a ciertas personas acerca del personaje después de escucharme. No lo hizo de manera pública porque quiso proteger mi privacidad, hasta que yo decidiese hacerlo”, complementó.

“Que el mundo lo sepa”

Pasaron cuatro años. Godoy decidió contar al mundo su testimonio porque “sabía que todo seguía igual”, que el hombre “seguía en lo mismo, abusando de niños” y que, para colmo de males, “estaba merodeando los círculos sociales de mi hermana”.

Asevera que lo sintió como una “amenaza” a pesar de estar tan lejos. A su hermana la habían invitado a la playa y una de las personas que organizaba el paseo en un yate “era él”.

Por eso, Godoy afirma que decidió “hacer algo al respecto” y revelar quién es realmente la persona a la que acusa de haber abusado de él para alertar a los demás.

El domingo 22 de noviembre pasado publicó su historia en un post en Instagram, que había tenido más de 30.000 interacciones hasta una semana antes de esta publicación.

“Si lo tuviera en frente ahora no sé qué haría o diría; creo que oiría primero qué tiene él que decirme. Mi tía me habla del perdón. Yo pienso que una persona como él debe reconocer todo el daño que ha hecho”, anotó.

Godoy está en contacto con especialistas que le dan claves sobre de cómo prevenir el abuso sexual a niños, que publica en su sitio https://www.niunomas.info/. “Quiero que estos hechos se conozcan para sensibilizar al mundo”, añadió.

Entretanto, las autoridades venezolanas emitieron una orden de captura contra una persona identificada como Leonardo Herrera, cuyo paradero hoy es desconocido.

[email protected]
@danielcastrope

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