LA HABANA.- La oposición en Cuba sigue dando palos a ciegas entre las casi nulas probabilidades existentes mientras que un grupo apuesta por insertarse en los escasos mecanismos legales con que cuenta la autocracia de los hermanos Castro y construir una nueva narrativa desde dentro.

Julio Aleaga Pesant, periodista independiente y activista político, es uno de los artífices de Candidatos por el Cambio, y quien promovió postular disidentes en las estructuras primarias del Poder Popular.

Manuel Cuesta Morúa, historiador de tendencia socialdemócrata y más de 25 años de activismo disidente, intentó una estrategia de unidad al crear un espacio de confluencia, en la que las diversas tendencias políticas opositoras de la Isla pudieran consensuar una hoja de ruta. La denominó Mesa de la Unidad para la Acción Democrática, y sus siglas, MUAD, coincidían a medias con el proyecto opositor venezolano de unidad, pero sin un liderazgo definido ni un poder de convocatoria ciudadano.

Ahora mismo, la MUAD es una entelequia. La mayoría de las facciones disidentes han abandonado el proyecto por riñas internas, excesos de ego y protagonismos y falta de visión política.

Otros pequeños grupos opositores también han intentado acoplarse a los mecanismos constitucionales del régimen. La idea es cuando menos interesante.

'Disidencia legal’

Dentro de las propuestas de la disidencia pacífica, en busca de un reconocimiento político y una carta de presentación entre los cubanos de a pie, no se debe soslayar ninguna estrategia.

Pero los planes de una 'disidencia legal’, por decirlo de alguna manera, han fracasado. Por variadas causas, la principal es que la dictadura quebranta olímpicamente sus propios preceptos legales para impedir que candidatos opositores se postulen al proceso de elección de candidatos en las circunscripciones.

Rosa María Payá Acevedo, hija del destacado opositor Oswaldo Payá Sardiñas, fallecido en un ‘accidente de tránsito’ en el verano de 2012, es ahora mismo la opositora cubana mejor conectada con el lobby político de América Latina y de Washington.

Payá Acevedo fundó Cuba Decide, un proyecto que busca aglutinar la mayor cantidad de sectores opositores posibles y propone abrir espacios y que la voz del cubano de a pie sea tenida en cuenta.

Su punto fuerte ha sido atraer a la complicada burocracia política del continente para que en sus agendas prioricen el tema cubano. En ese sentido, ella ha demostrado dotes políticos a la hora de tomar acuerdos y cerrar alianzas.

Su lado flaco, y esto es importante, es que una parte significativa de la disidencia interna y que por supuesto reside en Cuba, considera que es muy fácil hacer oposición teniendo la vida asegurada en Miami y lejos de la represión de la Seguridad del Estado.

El otro eslabón débil de Rosa María, y de toda la oposición cubana, es que no tienen poder de convocatoria ni los medios para ejercerla. Por eso el régimen los ningunea. Cuando sean capaces de convocar a 20.000 o 100.000 personas en un acto de protesta o una marcha a favor de la democracia, la historia será diferente.

Estrategias

Al otro lado del ring, lo que en los corrillos opositores en la Isla llaman de ‘línea dura’, se alinean diversos grupos, como la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), el más numeroso, y el Foro por los Derechos y Libertades, entre otros.

José Daniel Ferrer García, al frente de la UNPACU, según se mueva el viento, ha probado diversas estrategias de barricadas que combina con programas de ayuda social, lo que le ha permitido ir tejiendo una base popular.

Antonio González-Rodiles Fernández, tal vez el más controvertido, en nueve años, desde que se dio a conocer con el proyecto Estado de Sats, recorrió desde las propuestas culturales disidentes y reclamarle al régimen la ratificación de los Pactos de la ONU hasta las marchas callejeras para enfrentar al neo castrismo.

Rodiles cuenta con el apoyo de un ala importante dentro de la oposición, entre ellos las Damas de Blanco, único movimiento que con sus protestas en las calles, obligó al régimen a liberar a los prisioneros de la Primavera Negra y concederles un espacio público donde usualmente pueden manifestarse.

Las Damas de Blanco, agrupación surgida en abril de 2003 y conformada por esposas, madres e hijas de presos políticos, obtuvieron un reconocimiento internacional que a no ser en 1997 el Grupo de Trabajo de la Disidencia, autor del manifiesto La Patria es de Todos, la oposición cubana jamás ha vuelto a alcanzar.

Las Damas de Blanco tenían todo el crédito para encabezar futuras marchas y pedir cambios democráticos al régimen. Pero dentro de ellas se produjeron fisuras, algunas orquestadas por agentes encubiertos de la Seguridad del Estado, pésimas estrategias políticas y una parte considerable de esas valiosas mujeres marchó al exilio.

Nadie discute lo difícil de hacer oposición en una nación donde la economía naufraga, la productividad está por los suelos y la autocracia sobrevive pasando el sombrero entre sus aliados.

Tarde o temprano

Las estructuras políticas, sociales y económicas de Cuba deben cambiar. De lo contrario, más temprano que tarde, el país va a implosionar. Todas las condiciones están dadas. Profesionales que ganan menos que un taxista, el futuro es una mala palabra y el Gobierno ha demostrado su ineficacia en la administración del Estado.

Los cambios van a llegar de una forma u otra. Lo deseable es que fuera mediante la concertación y el diálogo. Pero el régimen aplica una lógica primaria: si ganamos el poder a tiros, a tiros no los tienen que quitar.

Nada funciona, excepto la eficacia de los servicios especiales, que son expertos en dividir, penetrar y desdibujar el panorama opositor. Los órganos de la Seguridad del Estado son el escudo y la guardia pretoriana de una sociedad totalitaria y se consideran por encima de los intereses de la población e inclusive de los gobernantes, a quienes también controlan y vigilan. Cuentan con todos los recursos y el enfrentamiento contra la disidencia es de león a mono.

En las dictaduras los cambios pacíficos son altamente improbables.

La mayoría de los cubanos están descontentos. Pero existe una frontera, marcada por el temor del ciudadano común de ser confundido con un opositor político.

Lograr el reconocimiento entre los cubanos de a pie ha sido una misión imposible para la disidencia interna.

En los últimos diez años, la disidencia se ha dedicado a lanzar campañas mediáticas y proponer fórmulas que posibiliten la anhelada democracia.

Pero no logran sumar personas. Se desgastan en fajatiñas internas Y lo peor: proclaman métodos de lucha sin contar con efectivos.

Antonio Rodiles acaba de lanzar un farol desde Miami.

Cualquiera que conozca la realidad nacional, sabe que probablemente la salida más rápida a los problemas de Cuba pudieran ser marchas callejeras multitudinarias de la población.

Pero Rodiles no cuenta con poder de convocatoria entre los cubanos residentes en la Isla. De tenerlo, podría poner al régimen contra las cuerdas. Sus reclamos, descalificando otros proyectos disidentes, suenan a guerritas para ganar favores de patrocinadores boyantes.

Es más fácil armar una conferencia de prensa en Miami que hacer proselitismo disidente en las calles cubanas. No se puede liderar un movimiento que no respete a otros opositores. Si está convencido del camino a seguir, que regrese a La Habana a cumplir con su agenda emancipadora. Basta ya de sermones.

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