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LA HABANA.- Desde las diez de la noche, Yamila, 24 años, jinetera [prostituta], se sienta en un parque contiguo a un bar privado ubicado en la barriada habanera de El Vedado. Cuatro horas antes, mientras preparaba la comida para su marido y su hija de tres años, de manera simultánea, terminaba de lavar un montón de ropa sucia. Luego se acicaló y salió a ofrecer su cuerpo por 40 pesos convertibles la noche, en lugares donde suelen acudir turistas o cubanos con suficiente billete.

Ya es habitual, cuenta Yamila, que cuando su esposo llega a casa con unos tragos, está estresado porque no tiene dinero o perdió plata jugando silot en un burle (casa de juego ilegal), "sin comerla ni beberla me golpea delante de la niña, alegando que yo le escondo el dinero que hago acostándome con otros hombres”.

Esa noche, con unos espejuelos oscuros para camuflar un ojo amoratado, Yamila, indiferente, fuma un cigarrillo mientras espera que lleguen extranjeros al bar para comenzar su trabajo. Sobre las once de la noche se sienta en la barra, pide un trago de whisky y de reojo mira el ambiente.

Dos horas más tarde, sale del bar con un parroquiano del brazo rumbo a una casa que alquila habitaciones. Al amanecer llega a la cuartería donde vive en el barrio pobre y mayoritariamente de población negra, en Jesús María, La Habana Vieja. Antes de acostarse un rato, guarda el dinero en la billetera de su esposo que duerme plácidamente.

Yamila descansa cuatro o cinco horas y al mediodía ya está escogiendo arroz, ablandando frijoles y haciendo las faenas de la casa. Su marido no trabaja. Se la pasa jugando cartas, viendo el fútbol de clubes europeos o bebiendo ron. Yamila mantiene a su familia prostituyéndose y, encima, es maltratada físicamente.

Pero ella nunca ha pensado denunciar a su esposo a la policía por las golpizas que recibe de él. Ha optado por el silencio. Su caso no es una excepción. Entre las prostitutas cubanas, es normal que mantengan a sus maridos, novios, amantes o chulos [proxeneta]. Algunas alardean de ello.

Regina aún no ha cumplido 20 años y está orgullosa de que con el dinero que ha ahorrado jineteando, "le pude a comprar a mi jevito [marido] una cadena de oro y una moto eléctrica. Yo si no soy una desaguacatada [despreocupada]. Mi marido vive como Dios manda. Tremenda percha (bien vestido), oro en el cuello y dinero en la cartera”. Confiesa que de vez en cuando él le da un par de galletas [bofetadas], "pero no esas trancas como si yo fuera un saco de boxeo”.

Y es que en Cuba muchas mujeres no consideran violencia doméstica los gritos, insultos, empujones, bofetadas, palizas, un día sí y otro también.

A Mara, dependienta en una pizzería estatal, no le gustan “los hombres ‘pajuatos’, ésos que regalan flores y leen poemas. A mí me gusta tener un macho al lado que de vez en cuando te zarandee y te trate con rudeza. Desde que el mundo es mundo, los hombres son de la calle y los que buscan el dinero. Y las mujeres de la casa”.

Es inconcebible que en pleno siglo XXI haya cubanas, sobre todo jóvenes, que vean como algo normal el machismo y la violencia de género. Susana, ex trabajadora social, reconoce que en Cuba existen mujeres que aceptan que los hombres las maltraten verbal, psíquica y físicamente. Y lo peor, lo aguantan sin alzar la voz.

“En los barrios marginales y en aquellos segmentos de la sociedad donde se ejercen la prostitución, hay venta de drogas y juegos prohibidos, es donde el machismo se exacerba. Pero también existe condescendencia entre las mujeres mayores de 50 años, quienes crecieron con el falso concepto de que las mujeres se deben a sus maridos. Incluso mujeres que condenan el machismo piensan que las feministas a veces se pasan de raya. La violencia de género y el feminicidio ha aumentado en Cuba de manera alarmante. Sobre todo porque es un fenómeno que no se reconoce públicamente y apenas recibe tratamiento informativo en la prensa”, explica Susana.

Carlos, sociólogo, considera que “las condiciones están creadas para que las mujeres en Cuba sin cortapisas exijan sus derechos. Debido al alto nivel educacional y el número creciente de mujeres profesionales, es un buen momento para subir la parada y pedirle al gobierno un nuevo enfoque en el tema de la violencia de género así como leyes acordes con el incremento de las agresiones físicas contra el sexo femenino”.

El 21 de noviembre, cuarenta ciudadanas cubanas presentaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular [Parlamento] una solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género. A las opositoras y periodistas independientes, catalogadas por el régimen como 'contrarrevolucionarias', descaradamente se les infringen sus derechos.

A la periodista sin mordaza Luz Escobar y a la activista Nancy Alfaya, la Seguridad del Estado les ha impedido salir de sus domicilios y las ha detenido e interrogado sin motivos. Desde hace tiempo, cada domingo impiden manifestarse y hasta han golpeado a integrantes de las Damas de Blanco, movimiento femenino que reclama la liberación de los presos políticos, surgido en abril de 2003.

Según un informe de la CEPAL, en 2016 la tasa de feminicidios en la Isla fue de 0.99 por cada cien mil habitantes. Baja, si la comparamos con México, Honduras, Salvador o Guatemala y alta en relación con Perú o Chile. Si damos crédito a la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en 2016 había 5.052.239 millones de mujeres en el país. Según esa estadística con relación a la cifra de féminas que murieron a consecuencia de actos violentos, alrededor de 50 mujeres fueron asesinadas ese año en delitos que califican como feminicidios.

Un ex oficial de la policía aclara que, por lo general, "las denuncias sobre violencia doméstica, acoso o machismo no se toman muy en cuenta, en particular si la denunciante es la esposa. En ocasiones mujeres maltratadas hacen la denuncia y después, cuando se arreglan con su pareja, la retiran. Las sanciones por maltrato son leves, uno o dos años en un correccional. El acoso de un jefe a una subordinada no es sancionado en Cuba. A los que se masturban en espacios públicos se les pone una multa de 60 pesos. Si son reincidentes van a la cárcel un año”.

Olga, contable de una empresa estatal, reconoce que muchas mujeres “sufren acoso por parte de los hombres en sus centros laborales, sobre todo las que trabajan en sectores donde existe la posibilidad de viajar al exterior. Es normal que un superior te proponga sexo a cambio de un ascenso. O te manosee sin tu consentimiento”.

El machismo y la violencia de género son fenómenos preocupantes en Cuba. Se necesita visibilidad por parte de la prensa oficial, leyes más duras y mujeres que no callen y denuncien a sus maltratadores.

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