LA HABANA.- Cuando llega el momento de contar y repartir el dinero siempre buscan a Gerardo (los nombres de los verdaderos actores han sido cambiados), un tipo ocurrente que bebe ron como un cosaco.

En una oficina estrecha y climatizada, encima de un buró de cedro, se apilan decenas de paquetes con billetes, de acuerdo con su denominación. A la derecha, el devaluado peso nacional. A la izquierda, el peso convertible.

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El administrador, o su segundo, Gerardo, el jefe de almacén, son los únicos autorizados para distribuir el dinero. Gerardo cuenta con la agilidad de un tahúr profesional.

“No me gusta usar la máquina de contar billetes. Prefiero hacerlo manualmente, a la vieja usanza. El administrador se lleva un 20 por ciento más. El segundo administrador y yo, a partes iguales. El resto es para repartir entre el jefe de la empresa, el director de gastronomía municipal, el tipo que está al frente de la inspección y un fondo que tenemos en caso de reparaciones”.

En todos los centros nocturnos, cafeterías y restaurantes estatales es más o menos igual el procedimiento.

“Los que venden menos, ganan menos y para arriba reparten menos cantidad. Lo que ganan más reparten más. Ha sido así toda la vida. Da igual que sea una unidad gastronómica o un cabaret y que la empresa pertenezca a Recreatur o Palmares. En Cuba, todas las empresas de Comercio Interior, CUPET, turismo o gastronomía lucran con el dinero del Estado. Y cuando digo todas, son todas. El administrador de un centro que sea honesto, los propios directivos, en combinación con los empleados, lo explotan (hacen que dimita)”, explica Gerardo.

En la isla existen diferentes organizaciones dentro del sector de servicios y almacenes los abastecen y ganan dinero en abundancia. Las estructuras son un calco de los grupos mafiosos.

“Siguen diferentes protocolos. Hay gerentes que reparten menos entre sus trabajadores. Pero quien administra un centro de servicio del Estado, sabe que debe garantizarles el dinero a sus superiores. De lo contrario, las inspecciones y auditorías las tienen encima a toda hora. Si caes preso y no has chivateado a nadie, los directivos de la empresa te mantienen a la familia, te pagan buenos abogados y cuando sales de libertad te reintegran al negocio por la izquierda. Si se te ha ido la lengua, te entierran en vida. A los tipos molestos se los quitan de encima pagándole a un delincuente para que le propinen una golpiza”, apunta un exdirectivo de turismo.

El exdirectivo señala que “alrededor de los negocios que mueven comida, bebidas y divisas, siempre hay una legión de aprovechados, ya sean funcionarios del Partido municipal o provincial, altos oficiales del G-2 o la policía, a los cuales se les regalan cosas y nunca pagan cuando van a cenar o hospedarse. Llegado el caso, te sirven de instrumento”.

Para un sociólogo, las instituciones cubanas de servicios, son el embrión perfecto de futuras organizaciones criminales dentro del país. “Como ocurrió en Rusia y otras naciones excomunistas, que no supieron hacer una limpieza a fondo con los antiguos funcionarios del régimen. Si en Cuba no barremos con esos vicios, con el dinero ganado y su red de corrupción, los clanes mafiosos controlarán futuros negocios y comprarán tribunales y hasta la misma policía. Si se apuesta por una democracia disfrazada y no verdadera, eso es lo que pasará”.

Charly, comprador en una empresa, considera que la “corrupción, distorsiones y complicidades dentro del aparato estatal es el que mantiene con vida al sistema. A nadie le interesa más que las cosas no cambien, o aparentar que cambian sin cambiar nada, que a los directivos de turismo y empresas de gastronomía, comercio, distribución y servicios. Pues te permite hacer un billete gordo por la izquierda. Aquí las cosas funcionan así. Desde otorgar una licitación hasta comprar determinado producto, tienes que mojar con dinero a unos cuantos”.

Lo peor, opina el sociólogo, “es que estas deformaciones generadas por el Estado son muy difíciles de aniquilar. Es como luchar con un dragón de múltiples cabezas, cuando cortas una, aparecen dos más. A eso súmale las pandillas, aún en embriones, de marginales que se dedican a estafar y traficar con drogas. Cuando existan mayores espacios y menor control social, se transformarán en capos de las drogas o cárteles que también querrán una parte del pastel”.

Expertos consultados consideran que lo ideal sería barrer de arriba a abajo las actuales estructuras directivas de producción y servicios del país. Incluso puede que ni así se garantice que los focos mafiosos se incuben en una hipotética democracia.

En países democráticos también existen mafias y delitos de cuello blanco. El problema es que sobrevivan la menor cantidad posible.

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