MIAMI. - La gobernanza digital, con sus grandes y cada vez más influyentes redes sociales y sitios en línea, en el contexto de una libertad que se aleja de los conceptos tradicionales es el tema central del VI Diálogo Presidencial de la Iniciativa Democrática de España y Las Américas (IDEA), que tiene lugar el martes 16 de noviembre.

Asdrúbal Aguiar, secretario general de IDEA, anticipó a DIARIO LAS AMÉRICAS que si bien no hay “soluciones a la mano” para el fenómeno que se desprende del nuevo ecosistema digital, el foro de este año buscará trazar una serie de propuestas para “moderar” los efectos de un proceso que, a su juicio, pudo ser “acelerado” por la pandemia del COVID-19.

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De acuerdo con el académico y profesor universitario, el mundo está frente a “tendencias orientadas a acabar con el patrimonio de libertades, con la visión liberal de la cultura y la política que ha conocido Occidente a lo largo de su historia, a través del fenómeno de la era digital”.

-¿Qué se les puede adelantar a quiénes esperan participar en el VI Diálogo Presidencial del Grupo IDEA?

El tema central lleva como título La libertad en la era digital. Y muchos se preguntarán qué relación tiene una cosa con la otra. Buena pregunta, porque hay un subtítulo que también acompaña a la convocatoria, y es justamente el referido al tema de la Asociación Atlántica que permitiese servir de nicho cultural para poder resolver el tema del ejercicio de la libertad en el mundo en la era digital. En los últimos 30 años, transitados desde 1989 con la caída del Muro de Berlín hasta el momento en que ocurre la pandemia de COVID, ha avanzado un proceso y se han desarrollado unas tendencias a nivel global y en el mundo occidental que buscan romper con los paradigmas culturales conocidos hasta entonces. Buscan romper con la idea de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos, entre otros aspectos. Apreciamos que hay un proceso, no sabemos si acelerado por la misma revolución digital, de dispersión y desagregación social, cultural y política. Es como si cada individuo que forma parte del mundo occidental y de América Latina anduviese con su fardo de problemas, solo y por la calle en total orfandad; una tendencia que pretende romper los vínculos paternofiliales, partidistas, religiosos e históricos. Por eso, vemos incluso la destrucción de estatuas, la quema de iglesias, y en medio de todo esto uno llega a una primera observación. El COVID ha puesto en evidencia lo señalado por el expresidente José María Aznar, y es lo que venía ocurriendo en el curso de los últimos 30 años, que son tendencias orientadas a acabar con el patrimonio de libertades, con la visión liberal de la cultura y de la política que ha conocido Occidente a lo largo de su historia, a través del fenómeno de la era digital.

-Usted habla de un proceso de cambio quizá acelerado por la era digital. ¿Cuál es el puente que se tiende para unir esos dos conceptos?

En medio de la gobernanza digital que se ha acelerado con motivo del COVID, observamos que quienes controlan estas plataformas toman a los seres humanos como si fuesen datos u objetos; se les considera usuarios, y ellos agregan y desagregan a las personas, no a la luz de paradigmas culturales, políticos, religiosos, familiares o sociales, sino de necesidades vitales, que pueden ser satisfechas a través del gran andamiaje digital. Esas formas de agregación o desagregación están generando un ambiente generalizado de orfandad, desconfianza e inseguridad. Por eso, cada individuo intenta buscar una especie de nicho sustitutivo en la medida en que el Estado, que le ofrecía seguridad, o la familia o la comunidad que le ofrecía cierta serenidad, hoy nos muestra al militante ambientalista, al militante indigenista, al militante LGBTI, a un militante de la ecología profunda o a un militante simplemente de las redes, que son ciudadanos digitales que crean sus propias verdades, más allá del sistema natural de forja de la información, que es propia del mundo de los periódicos, de la radio, de la televisión. En esa dispersión, hay una suerte de idea errada de lo que es la libertad, porque se entiende como poder. No sólo el poder hacer, sino hacer lo que uno quiere hacer, independientemente de los costos de lo que uno haga. Son libertades que no están sujetas a responsabilidad y a contrapartida. Este nuevo ecosistema de gobernanza digital, acompañado de la llamada ecología profunda, está poniendo en peligro la noción verdadera de libertad. En el fondo, la innovación de este Diálogo Presidencial es aproximarnos a los temas que están en la agenda global, que comparten las izquierdas y las derechas, el Foro de Davos, el Grupo de Puebla y hasta Naciones Unidas.

-Teniendo ese diagnóstico y en el escenario que usted esboza, ¿cuáles podrían ser las alternativas de solución a eso que se puede percibir como un gran problema?

Hay un hecho que uno tiene que asumir como inevitable: la globalización. El proceso de deconstrucción social, de fractura de los sólidos culturales que conocíamos a lo largo de la historia que concluye con el siglo XX, parece ser también un hecho inevitable. El deconstructivismo, cuando no tiene una base antropológica o una columna que lo sustente, termina siendo un edificio sometido a implosión, que se viene al piso. Si el movimiento global hacia el que avanzamos predica la deconstrucción social y política, no se trata de los grandes partidos, ni de los grandes sindicatos, las grandes asociaciones empresariales, los grandes Estados, sino que hay otra realidad que interpreta mejor a la sociedad a la luz de la gobernanza digital, y la gran pregunta que tenemos que hacer es ¿cuál es el costo que esto tiene para la libertad? Porque lo que cuenta para la gobernanza digital es el usuario como dato, como objeto, y para quienes predican la religión del ecologismo profundo, los seres humanos no son sino piezas dentro de esa naturaleza, sujetas a sus leyes evolutivas. La gran pregunta es si ese ecosistema que está emergiendo y que es inevitable, ¿no es realmente un peligro para la libertad? Lo primero es comprender el ecosistema, después vendrán las soluciones, que no las tenemos a mano. Es decir, cómo moderar esto para que la naturaleza sirva al hombre y no el hombre a la naturaleza, y para que la gobernanza digital sirva al hombre y no que el hombre sea simplemente un dato para la gobernanza digital.

dcastrope@diariolasamericas.com
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