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LA HABANA.- A perro flaco todo lo que le caen son pulgas. Llamémosle Caridad, una maestra de preuniversitario que frisa los 50 años. Luego de ahorrar el equivalente a 300 dólares para reparar la destartalada cocina de su casa, el pasado 27 de enero un poderoso tornado que asoló cinco municipios habaneros demolió parcialmente el techo de su vivienda y destrozó un televisor, electrodomésticos y otros bienes personales.

“No es fácil. Cuatro años ahorrando dinero con los repasos a mis alumnos o vendiendo ropa y después viene un tornado y tengo que empezar de nuevo. Pero otros están peor que yo. En mi escuela hay profesores de provincias que tienen que residir en albergues en condiciones deplorables. Si no fuera por las familias que ayudan a los maestros, hace rato que me hubiera dedicado a otra cosa. El magisterio en Cuba es una vergüenza. Un trabajo de indigentes”.

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No siempre fue así. Rita, abuela de un estudiante de secundaria, recuerda que en sus tiempos “ser maestro era un orgullo. Ahora el Gobierno critica la etapa republicana y le gusta comparar que han crecido en número de profesores y escuelas, pero en aquella época, en cualquier colegio público de La Habana los alumnos desayunaban y merendaban, los maestros tenían vocación, valoraban su profesión y eran respetados por la sociedad".

La realidad ha cambiado bastante. Hoy, muy pocos en Cuba quieren ser maestros. Octavio, un pinareño que da clases en Arroyo Naranjo, municipio de La Habana, explica que “estudió pedagogía porque desaprobé las pruebas de ingreso a la universidad donde pensaba estudiar Derecho. Entonces, para escapar del servicio militar, opté por magisterio”.

Osmara, estudiante de preuniversitario, dice que en su escuela "la mayoría de los profesores dan lástima. Se visten mal y por detrás los alumnos nos burlamos. Como sus salarios son bajos, algunos dan repasos pagados, venden pacotilla o chiclets. Son excepcionales los que dan buenas clases. Hay alumnos con más conocimientos que los maestros”.

Melissa, alumna de secundaria, comenta que “desde la escuela primaria, casi todos los maestros que he tenido son pésimos. No parecen educadores. A veces se comportan como si fueran marginales, piden que les llevemos merienda, que los padres les recarguen el celular, les regalen ropa o comida”.

Reinerio cuenta que en su instituto tecnológico, "los profesores no van a trabajar bien vestidos, como en las fotos de cuando mi mamá y mis tías iban a la escuela antes de 1959, que se veían elegantes. Y no es solo el atuendo, también el lenguaje. Hablan como si fueran aseres del barrio. Y lo peor, algunos tienen faltas de ortografía y deficiencias profundas en las materias que imparten. Mi instituto parece un pulguero, con los maestros vendiendo bisuterías o dulces. Cuando hay juego de la Champions, el profesor de Historia no da clases”.

Según los adolescentes consultados, existen maestros corruptos. “A pesar de los escándalos de corrupción que hubo, con profesores que vendían pruebas, si tus padres te pueden dar 30 o 40 CUC [moneda cubana equivalente al dólar], puedes comprar exámenes, te permiten fraudes o te pueden otorgar altas calificaciones”.

Aunque contraviene las normas del Ministerio de Educación, muchos profesores cobran por repasar a sus alumnos. “Por lo general lo hacen en casa de un alumno. Suelen cobrar uno o dos CUC por cada uno, en dependencia de la asignatura. En esos repasos, el maestro hace hincapié en lo que debes estudiar, porque se supone es lo que saldrá en la prueba. Una especie de fraude cantado”, opina un estudiante de último año de preuniversitario.

Liván, padre de una alumna de sexto grado, se queja de que todos los meses gasta entre 10 y 15 CUC en pagar repasos. "Cobrar por dar repasos es ilegal. Pero el Ministerio de Educación se hace de la vista gorda. Les pagan una miseria y obligan a los maestros a estar en el invento para sobrevivir. A eso súmale que siempre están pidiendo favores. Los padres con recursos les regalan ventiladores, ropa y dinero”.

Luis Carlos, exprofesor de Física que ahora trabaja en una dulcería particular, señala que “el salario de un maestro, dependiendo de su calificación, fluctúa entre 400 y 700 pesos mensuales. Los profesores universitarios ganan un poco más, mil o mil quinientos pesos. Pero ese dinero en Cuba no alcanza ni para los desayunos”.

Rosa, maestra de noveno grado, alterna la enseñanza con la labor de dependienta en una paladar. “Termino reventada, pues en la paladar termino a la una de la madrugada. Si estoy muy cansada, al día siguiente no voy a dar clases. En la paladar, entre salario y propina, me busco 20 chavitos (CUC) diarios o más. Cuando pueda conseguir una 'pincha' fija y bien pagada, dejo el magisterio”.

Poco antes del inicio del curso escolar 2018-2019, la ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, reconoció que el sistema educativo del país padecía un déficit de 10 mil docentes. La Habana, Artemisa y Matanzas eran las provincias con más dificultades para garantizar un maestro en cada aula.

Ningún maestro llega a fin de mes solo con su salario. Por eso cobran por dar repasos, venden mercaderías o buscan una entrada de dinero fuera de su horario laboral. Lidia, maestra de cuarto grado, aspira a encontrar un novio extranjero en Instagram. Gustavo, profesor de matemáticas, prepara gallos destinados a pelear en carteles ilegales. Y Eddy, maestro de educación física, por la noche se pone una saya, peluca rubia y tacones altos y se prostituye en una céntrica calle.

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