miércoles 10  de  julio 2024
CUBA

Miami, sucursal financiera del régimen de Cuba

Resentimiento es el sentir que prevalece en la ciudadanía de la isla, agobiada de necesidades y hastiada de la represión creciente de la dictadura de Cuba

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA. - La escena sucede en La Víbora, barriada al sur de la capital cubana. En medio de un apagón, Deborah, ex funcionaria de la aduana, intenta calmar a un vecino, harto de las penurias del ‘socialismo’ tropical cubano.

“Nos tratan peor que a los esclavos. Además de miserables, son perversos. Ni comida nos dan. En los hospitales no hay jeringuillas desechables. Hace tres días que no entra el agua en la zona y, encima, cuatro horas de apagón. Si protestas te meten preso. Nada funciona y el salario es una burla. Pero los muy sádicos (los del régimen) también quieren que les aplaudamos”, dice el vecino muy molesto.

La señora, sentada en un sillón en el portal enrejado de su casa, con un ventilador portátil y dos enormes lámparas de Led recargables que le enviaron sus parientes desde Miami, le dice que “quejándote no resuelves nada, afecta tu salud y las cosas no van a cambiar. Debes ver la parte positiva. Leí que van a instalar parques fotovoltaicos donados por China con una capacidad de 1000 MW. Ya verás que para fin de año iremos saliendo poco a poco de la crisis económica. Cuando los cubanos tienen comida, fiesta y cerveza ya no les importa más nada. ¿Tú crees que si el gobierno pudiera garantizar los servicios básicos y llenar las bodegas no lo hiciera? La culpa es de los yanquis que no paran de jodernos”, en tono didáctico trata de calmarlo la exfuncionaria aduanal.

Varios vecinos se suman al improvisado debate: “Coño Deborah, ese cuento es más viejo que el Morro. Ya ni las personas con retraso mental se lo creen. Bloqueo pa’l pueblo, pero ellos viven como magnates. No ha llegado el arroz del mes a la bodega, estamos pasando un hambre del carajo y ellos (los funcionarios del partido y el Estado) cada vez están más gordos. No gastan dinero en comprar fertilizantes para la agricultura, pero se gastan miles de millones de dólares en construir hoteles que están casi vacíos. La gente no solo quiere comer, tomar cerveza y fiestear. También quiere libertad y que no sea un delito criticar al gobierno. ¿Por qué usted cree que los cubanos emigran?”, increpa un vecino.

La polémica

Deborah se siente acorralada y decide acostarse a dormir. La polémica continúa. Las opiniones van desde la mesura hasta las ofensas. “Esta vieja es una chivatona (delatora) descarada. Defiende esta mierda, pero la familia le manda todos los meses paquetes de alimentos, medicinas y dinero. Tiene hasta un aire acondicionado que se recarga con el sol para cuando haya apagón y el refrigerador repleto de carne. Probablemente tenga dinero guardado de lo que se robó cuando trabajó en la aduana, que todo el mundo sabe es un antro de corrupción. El día que esto se caiga, no te asombres, si la arrastran por la calle y saquean su casa. Yo voy a hacer el primero”, apunta un vecino de talante extremista.

Otro opina que “no podemos ser igual que los gobernantes, que inventaron los actos de repudio para golpear y humillar a los opositores y los que emigraban. El que cometió delito, abusó de su cargo o provocó daños a otras personas, la justicia se encargará de procesarlos. De lo contrario nos convertimos en Haití, donde impera la ley del más fuerte. Una democracia es diferente”.

Pero el horno no está para pastelitos. Los vecinos siguen alterados. “Bro, usted es un tipo sabroso, pero muy ingenuo. Al que me avasalla, si me dan una oportunidad, lo parto en dos como un lápiz. La gente está contenida porque todo el mundo tiene miedo de ir preso. Cuando el gobierno se caiga, aquí va a arder Troya. La cosa será de ojo por ojo y diente por diente”, indica el vecino extremista.

Resentimiento

Cuando usted conversa en privado con personas simples, descubre opiniones alarmantes. No pocos esperan cobrar con violencia lo que consideran han sido años de abusos y sometimientos. En los barrios de La Habana profunda es donde se aprecia mayor resentimiento.

“Asere, toda mi vida he tenido que soportar a esta partida de singaos metiéndonos el pie y abusando del pueblo. Si mañana tengo una oportunidad me voy a tomar la justicia por mis manos”, confiesa un joven que se gana la vida como vendedor ambulante.

Charly, licenciado en ciencia política, comprende el rencor y violencia contenida en determinados sectores de la sociedad. “El castrismo ha sido un gobierno de ordeno y mando. Fidel fue un hombre fuerte que administraba el país como si fuera su hacienda particular. Controlaba y se inmiscuía en todo. Desde la ganadería hasta la preparación de un equipo de béisbol en un torneo internacional. Raúl creó GAESA, una especie de cofradía con los mismos intereses. Díaz-Canel es su satélite. En el modelo político cubano no hay espacio para dialogar francamente con la población y la oposición política es ilegal".

En su opinión, el método que intentan vender como reformismo es una imposición bajo el barniz de seudo democracia. “En realidad nada ha cambiado. La elite política sigue dictando lo que se debe hacer. Y cada vez están más alejados de los intereses del pueblo. El modelo político actual es indefinido. Un auténtico ajiaco. Bolsones del peor capitalismo de compadres con una ideología comunista que nunca funcionó, pero que les sirve de propaganda. Pero ya ese adoctrinamiento no cala en amplios sectores de la ciudadanía. A punto de colapsar están el sistema de salud, la educación, el sistema electro energético y la zafra azucarera, entre otros. Los cambios políticos y económicos en Cuba debieron realizarse hace quince o veinte años. Los petrodólares de Chávez y la insólita capacidad para mantener el poder mediante el control y la intimidación les ha permitido sobrevivir”, asevera el licenciado.

Dólares, el objetivo

Aunque la autocracia verde olivo todavía se sostiene con el obsoleto relato del ‘enemigo imperialista’, un rol fundamental de su estrategia pasa por captar la mayor cantidad de dólares posibles de los antiguos ‘gusanos’. A falta de una economía productiva, el régimen apuesta por la economía parasitaria o de sanguijuela. Mientras La Habana es la capital política, Miami es la sucursal económica.

El castrismo intentará seguir seduciendo a empresarios cubanoamericanos afincados en la Florida para que vendan automóviles de segunda mano que les reportan más ganancias que al fabricante o abran mercados mayoristas estilo Costco, donde los emprendedores privados financiados por sus parientes en el exilio, o en un futuro por créditos de bancos estadounidenses, puedan reaprovisionarse.

Entre las proyecciones actuales del gobierno se encuentran eliminar absurdas trabas migratorias a los cubanos que tengan como prioridad los negocios y no condenen a la dictadura. Para aquellos emigrados que ‘piensan como país’ y favorezcan sus intereses, a corto plazo se aprobarán nuevas leyes que permitirán la emigración circular y acceder legalmente a propiedades en la Isla.

Los que se oponen al desastre castrista seguirán sin poder viajar a su patria. Y los opositores que residen en Cuba recibirán un ultimátum: cárcel o destierro. Cada vez que el necesario diálogo se aplaza, aumenta la percepción entre muchos cubanos de a pie que el ajuste de cuentas es la solución.

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