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@DesdeLaHabana

LA HABANA. "Una sociedad organizada, una economía planificada, un gobierno socialista, siempre tendrán reservas para que nadie quede desamparado", escribió en su cuenta de twitter el presidente cubano designado Miguel Díaz-Canel.

Eso de que nadie en Cuba queda desamparado después de una catástrofe natural, trágico accidente o grave enfermedad, lo dijeron también Fidel y Raúl Castro en las casi seis décadas que detentaron el poder. La realidad es bien distinta.

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Como ejemplo están los cientos de cubanos que perdieron sus casas o resultaron seriamente dañadas por huracanes que han azotado la isla en los últimos siete años y aún están esperando poder repararlas o que les otorguen una vivienda. En La Habana, decenas de familias, también damnificadas por ciclones, llevan más de veinte años albergados, esperando que alguien se acuerde de ellos y les proporcione la posibilidad de obtener un apartamento o una casa donde vivir dignamente.

Según los especialistas en meteorología, el tornado que a las 8.30 de la noche del domingo 27 de enero azotó la capital, se formó en el reparto Casino Deportivo, ubicado al norte del aeropuerto, en las inmediaciones de los municipios Cerro y Diez de Octubre, y se extendió con rumbo noreste, hacia los municipios Regla, Guanabacoa y San Miguel del Padrón.

Un custodio nocturno que a esa hora se encontraba de guardia, lo relata así: "Una ligera neblina dificultaba la visibilidad en la carretera del Primer Anillo del Puerto que conduce al poblado de Regla. Un montón de tejas y utensilios de trabajo salieron volando rumbo a la bahía. La fuerza brutal del viento volcó camiones de carga como si fueran de juguete. A uno de lo arrastró hacia una esquina y lo viró. Cualquier cosa que cuenten se queda chiquita [comparada] con la realidad".

Los almacenes, talleres y el molino de trigo José Antonio Echevarría fueron golpeados por la furia de los vientos del tornado que en 16 minutos recorrió once kilómetros y cuatro municipios habaneros. La hierba en esa zona industrial parece quemada por un potente soplete.

Dinorah, ama de casa, se persigna y dice que en el Casino Deportivo no hizo mucho daño. "Pero sí se sintió un ruido atronador, como si fuera algo sobrenatural. Luego supimos que era el tornado que estaba pidiendo pista”.

A pesar de la lluvia y el mal tiempo, había personas conectándose a internet en la zona wifi del parque Mónaco. Uno de ellos, Pablo, estudiante universitario, cuenta que de pronto el cielo cambió de color, “se puso rojizo y se sintió el zumbido parecido al de las turbinas de los aviones. La ventolera arrasaba con cualquier cosa. Arrancó de cuajo un árbol en la esquina de Santa Catalina y Mayía Rodríguez y lo encajó en el portal de una casa. El sostén del semáforo lo partió como si fuera un lápiz. Cuando tu caminas por los lugares donde pasó el tornado, parece una zona de guerra”.

El fenómeno meteorológico tenía un radio de 500 metros a un kilómetro en su salida al mar. Sus vientos de entre 275 y 320 kilómetros por hora devastaron lo que encontraban a su paso.

“Terrible, peor que un huracán. En los alrededores del paradero de la Víbora [estacionamiento de ómnibus públicos] no hizo daño, pero en localidades cercanas como Santos Suárez y Luyanó, acabó. Parecía que nos había caído la madre de todas las bombas”, recuerda Rogelio, contador de la luz, residente en Luyanó.

Antonio se encontraba en una fiesta en casa de su hermana en Santos Suárez cuando de pronto sintieron un aullido bestial. “Todavía no me lo puedo creer. La vivienda de mi hermana estaba recién reparada y quedó fuerte y sólida, parecía un bunker. Pero de un plumazo el viento destrozó todo el muro de la entrada, tiró arboles gigantes a treinta o cincuenta metros y aplastó los autos parqueados en la cuadra como si los hubiera pisado King Kong”.

Rosa, su hermana, confiesa que los problemas comienzan ahora. “Ahora viene ‘lo bueno’. La etapa de recuperar las pérdidas y reconstruir lo dañado. Las bolsas de cemento, cuando aparecen en el mercado negro, la venden en 300 pesos. En la televisión sale toda esa pamplina del Gobierno de microindustrias municipales para elaborar materiales de la construcción, pero cuando los necesitas, no aparecen ni en las tiendas por divisas”.

Aida, ama de casa, señala que perdió parte del techo de los cuartos de su domicilio. “Han venido algunas autoridades del gobierno y te dan aliento, porque tienen un ‘pico de oro’. Pero en la concreta las ayudas se van dilatando en el tiempo hasta que desaparecen, y ya nadie se acuerda de tu tragedia. La gente está molesta y no aguanta una muela más. Queremos que acaben de poner la luz y comiencen a vender, a precios módicos o a plazos, materiales de la construcción y enseres domésticos para las familias que los necesitan”.

En las zonas afectadas, el Gobierno comenzó a vender bolsas de galletas, comida y algunos enlatados. En el periódico Granma, anunciaron que la Unión del Comercio y la Gastronomía de La Habana habilitó 17 carpas para la venta de productos alimenticios ya elaborados, en los municipios Diez de Octubre (ocho), Regla (cuatro), Guanabacoa (tres) y San Miguel del Padrón (dos). "Si te descuidas, eso es todo lo que en materia de comida van a dar a los damnificados. Por suerte el tornado no causó daños en nuestro humilde hogar", expresa Carlos Manuel, jubilado.

Osvaldo, contador de una empresa textil, afirma que “esta gente [el régimen] tiene que entender que la mayoría de las personas no tienen un centavo. Nadie tiene la culpa de ese desastre. Lo mejor que pueden hacer es donar o regalar esas cosas. Dicen que por la Calzada de Luyanó vieron a unos pinchos [dirigentes], gordos como puercos, pero por donde vivo no ha pasado nadie. Díaz-Canel habló en un Consejo de Ministros y dijo que hay que acortar los tiempos de recuperación y tener mucha sensibilidad. Pero como siempre ocurre en Cuba, las palabras se van a bolina y las cosas, cuando se cumplen, se cumplen a medias ¿Viste lo de Raúl Castro? Hizo la caminata en la Marchas de la Antorchas, pero no se digna a recorrer los barrios dañados por el tornado. Y él es el primer secretario del partido [comunista, el único permitido]”.

En una panadería donde se vende pan no racionado, muy cerca del hospital Miguel Henríquez, en Luyanó, las colas eran de una cuadra. Gregorio, maestro panadero, recuerda que el día que pasó el tornado “las personas se aguantaban unas a las otras o se agarraban a las barandas de la panadería para que no se los llevará el viento. Fíjate si hay necesidad, que nadie abandonó la cola del pan. El pitcheo está duro y mucha gente tiene hambre”.

Díaz-Canel enseguida en un Twitter anunció que tres personas fallecieron y 172 resultaron heridas. Después se supo que eran cuatro los muertos y la cifra de lesionados había aumentado a 195, aunque extra oficialmente se rumora que los heridos superan los 300, algunos en estado grave. "Cuando el accidente del Boeing, en mayo de 2018, enseguida dieron los nombres de los pasajeros, cubanos y extranjeros, pero ahora no han dicho ni pío", expresa Laura, jubilada.

De acuerdo con cifras oficiales, 1.238 viviendas sufrieron daños materiales, de ellas 123 con derrumbes totales. Unas 625, tuvieron derrumbes parciales, 224 con techos dañados y 154 con daños en los techos de manera parcial. De las viviendas dañadas, 112 son de tipología 1, es decir con cubierta de placa de cemento, que rara vez son afectadas. Los barrios más dañados están en los municipios de Regla, Diez de Octubre, Guanabacoa y San Miguel del Padrón, por donde pasó el poderoso tornado EF4, que además de daños en las viviendas, causó daños de consideración en instalaciones de salud pública, como el Hospital Universitario Materno de Diez de Octubre, más conocido por su antiguo nombre, Hijas de Galicia, cuatro policlínicos, una farmacia y un hogar de ancianos.

Las autoridades reportaron que más de 100.000 personas no tienen electricidad, pero no han presentado una evaluación del costo de las pérdidas en los bienes estatales. Dalia, economista, considera que “los daños a empresas e instituciones del Estado, en un cálculo superficial, pueden superar los 600 millones de dólares. A ello hay que sumar los contenedores de mercancías que se dañaron y parte de su carga fue robada, algo que no ha informado la prensa [oficial]. Medio centenar de medios de transporte estatal sufrió algún tipo de daño”. Menos aún se sabe de los destrozos y pérdidas sufridos por los emprendedores privados que tenían negocios en los cuatro municipios por donde pasó el tornado.

Mientras el Estado sigue con sus lemas y consignas y con lentitud se dispone a ayudar a los damnificados y a valorar la cuantía de los daños, músicos y artistas están haciendo donaciones de sus bolsillos.

Bajo el lema Fuerza Habana, campañas individuales y colectivas se activaron el lunes 28 de enero. Por iniciativa personal, han llevado víveres a las zonas afectadas. La intérprete Haydée Milanés subió un video a su Twitter, desde uno de los sitios afectados y solicitó a quienes estuvieran en disposición de ayudar, que lo hicieran. Periodismo de Barrio tuiteó que el dúo de Yomil y El Dany, más Diván y Alex Duvall, además del rockero Athanay, repartieron bidones de agua, refrescos y otros productos en Jesús del Monte, Luyanó. El actor Andy Vázquez, del programa Vivir del Cuento, recorrió zonas afectadas y el humorista Ulises Toirac escribió que "hay gente sin casa para andar pidiendo votos", en alusión a que el gobierno movilizó a cientos de estudiantes universitarios y soldados para que se desplazaran a las zonas devastadas luciendo camisetas con el lema Yo Voto Sí, por el referendo constitucional del 24 de febrero.

El cantante español Alejandro Sanz y el actor cubano Luis Alberto García apelaron a la solidaridad para que toda ayuda humanitaria procedente del exterior pueda llegar a Cuba para los damnificados del tornado que azotó La Habana, libre de restricciones y aranceles aduanales. El reguetonero Osmani García se dirigió a Díaz-Canel y le dijo que él, "como otros artistas globales, somos portavoces y embajadores de nuestro pueblo por el mundo. Por lo tanto, tenemos el deber y la responsabilidad de hablar por los que no pueden ni pedir ayuda. Sé que usted es un buen padre de familia, por favor es necesario y urgente que se abra un canal humanitario en Cuba para que los miles de damnificados producto de ese terrible tornado, puedan recibir donaciones y ayuda del mundo, sobre todo de la inmensa comunidad fuera de la isla que jamás ha dejado de sentirse cubana".

Desde hace tiempo, cubanos residentes en la Isla consideran que el Gobierno debiera decretar una moratoria aduanal y libre de costo, entregar los paquetes procedentes del exterior. “Hablan de derechos humanos sin sonrojárseles la cara, pero cobran carísimo los paquetes de ayuda familiar que llegan de afuera. Hace unos días, mi nuera que vive en Europa, mandó ropa y unos regalitos por el cumpleaños de mi hija y para recibir la caja, que pesaba poco más de 4 kilos, tuve que pagar 50 cuc. Es un abuso”, se queja Marta, ama de casa.

“Por la angustiosa situación que está viviendo tanta gente, en La Habana por el tornado, pero también en el resto del país, donde hay todavía familias afectadas por inundaciones y el paso de huracanes, debieran autorizar el envío de paquetes sin costo alguno a los destinatarios. Hace tres meses que en la capital no se consigue leche en polvo, sin contar la escasez de pan y huevos, entre otros productos”, añade.

A pesar de la campaña surgida en las redes sociales (y de la cual se han hecho eco medios de Florida y sitios independientes cubanos), pidiendo que se abra un canal de ayuda humanitaria, hasta la fecha, el régimen solo ha abierto una cuenta bancaria en pesos y otra en moneda convertible para aquellas personas que quieran ayudar.

En un país de excesivo control, solo el Estado tiene luz verde para recibir y repartir las ayudas humanitarias. Ni siquiera permiten que se fiscalice cómo y dónde reparten las donaciones. Es la naturaleza intrínseca de un sistema totalitario. Las iniciativas individuales y espontáneas les suenan a complot del enemigo al régimen castrista.

 

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