sábado 27  de  junio 2026
CUBA

Nuevas medidas, una cortina de humo para engatusar a Trump

En medio de apagones y un nivel de inflación asfixiante, tanto emprendedores como población en general no dan crédito a la capacidad de régimen de aplicar cambio alguno

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

@DesdeLaHabana

La Habana. - Cuando usted abre la nevera de los embutidos y productos cárnicos en un bodegón privado, ubicado al suroeste de La Habana, percibe un olor muy fuerte de alimentos descompuestos. Las bolsas de mollejas e hígados de pollo están descongeladas, igual que el picadillo de pavo. Digámosle Gerard, dueño del mercado, en un gesto desesperado se lleva las manos a la cabeza intentando buscar soluciones.

Hace un par de semanas dejó de recibir helado y yogurt pues “los productos lácteos sino tienen la congelación adecuada, entre 18 y 23 grados, pierden sus propiedades. He tenido que regalar cientos de potes de helado y paleticas derretidas. Ya los paquetes de diez libras de pollo y la carne de cerdo están a punto de echarse a perder”, dice en tono molesto.

Abre la puerta de una minúscula oficina al fondo del almacén y comienza a sacar cuentas en su calculadora para cuantificar las mermas. “En el último mes he perdido el equivalente de cuatro mil dólares, que pudiera parecer poco dinero, pero para un pequeño negocio en Cuba es bastante”.

Gerard cuenta a DIARIO LAS AMÉRICAS que un mercado alejado del centro de la ciudad, “en condiciones normales, con electricidad y combustible, genera ventas brutas mensuales de seis o siete mil dólares. Si estás en una zona concurrida quizás 10.000 dólares. De ese dinero se deben descontar impuestos, reposición de productos, pago de electricidad, agua, gas, salarios de los empleados más la 'mordida' que cobran por la izquierda los inspectores para que te dejen tranquilo”.

“Hubo meses que gané 2.000 o 3.000 dólares. Dinero suficiente para vivir sin muchas estrecheces, comprarte una moto eléctrica o un carro de segunda mano. Pero entre la competencia, apagones de 40 horas y el déficit de combustible, las ganancias se han reducido al mínimo. Después del 3 de enero el litro de gasolina subió en el mercado informal de doscientos pesos a 4.000 y 5.000 pesos. Para trasladar una compra mayorista desde el puerto del Mariel a mi negocio me pueden cobrar medio millón de pesos”.

“La gente en la calle cree que un emprendedor es millonario y se puede dar la buena vida. Yo te digo que no. Hay una lista de MIPYMES o bares privados que ganan un chorro de dinero. Pero son los menos. La gran mayoría gana lo justo o sufre pérdidas. En los dos últimos meses no gano dinero. Si no he cerrado es porque uno siempre supone que saldrá del bache. Pero si sigo en número rojos, tendré que hacer recortes de personal, reconfigurar el negocio o cerrarlo hasta nuevo aviso”, apunta Gerard.

El emprendedor habanero considera que el nuevo paquete de medidas aprobado por el gobierno para frenar la profunda crisis económica no va a funcionar. Y explica por qué. “Esas reformas son una cortina de humo. Están diseñadas para engatusar a Trump. Que diga, wao, Cuba está cambiando. Vamos a flexibilizar el bloqueo y que las empresas norteamericanas desembarquen en La Habana. Esa es la intención. Pero la realidad es otra”.

“El setenta por ciento de los emprendimientos están en números rojos. Ganan muy poco o pierden dinero. Un montón de pequeños negocios se están vendiendo o traspasando. Con las reglas de juego que aplica el gobierno es muy complicado prosperar. Sobre todo, los negocios alejados de zonas céntricas de la capital o en provincias”.

“Esas medidas suenan bien al oído de los países occidentales, que se tragan el cuento de que Cuba va a apostar por el capitalismo. Nada de eso men, son reformas que podrían beneficiar a una élite de empresarios enchufados con el gobierno, parientes de mayimbes que juegan con otras normas o inversionistas extranjeros elegidos por las autoridades. El resto solo recogerá migajas o no la verá pasar”.

“El freno principal es que no hay un marco legal que proteja a nuestros negocios. Los tribunales responden al gobierno. Luego está el complicado embrollo impositivo, diseñado para que los cubanos no ganen demasiado dinero. Tendrán que pasar muchas cosas para que esas medidas funcionen. Ya es la quinta o sexta reforma económica que aprueba Díaz-Canel desde que llegó al poder en 2018. Ninguna ha funcionado”, acota Gerald.

Yamila, dueña de una tienda de ropa, afirma que “desde 1959 el gobierno ve al sector privado como un enemigo. Siempre hemos estado bajo fuego. La primera declaración de guerra del régimen a los cuentapropistas fue cuando en enero de 2024 impusieron un tope de 80.000 pesos diarios de venta y 120.000 pesos al mes. Cualquier negocio vende en un día 400.000 pesos. Luego vino la bancarización, el alza de impuestos a los productos terminados y a los ingresos de los trabajadores que contratamos”.

“Son muy astutos. En vez de desplegar un operativo policial para decomisarte el emprendimiento, te atacan con el arma arancelaria para ahogar los negocios y generar pérdidas. Antes un trabajador pagaba el cinco por ciento de impuesto de su salario. Ahora debe pagar un veinte por ciento. Si ganas 30.000 pesos, el ministerio de finanzas te quita 6.000 pesos. Los que importamos bienes que no son de interés del gobierno, como si la ropa y el calzado fueran un lujo, nos subieron los gravámenes un cincuenta por ciento. Es increíble".

"Atacan a la gestión privada que ha creado un millón seiscientos mil puestos de trabajo con impuestos del 35% sobre las ganancias, otro impuesto del diez por ciento sobre las ventas o servicios prestados, un arancel del cinco por ciento por el uso de la fuerza de trabajo, pagar el uno por ciento para apoyar a los gobiernos locales y contribuciones a la seguridad social equivalente al catorce por ciento de los salarios de los trabajadores. Además, los dueños de MIPYMES tienen que pagar hasta un veinte por ciento de impuestos sobre los dividendos. Todos esos pagos son para impedir que ganes mucho dinero. El gobierno cubano es alérgico a la riqueza. Excepto que sea para ellos”.

“Para que esas medidas sean efectivas, lo primero es eliminar esas barreras. Todos los negocios privados en Cuba se ven forzados a evadir el fisco debido a la onerosa carga fiscal. Tenemos que inventar mil tretas para no declarar las ventas y ganancias reales. Luego, no sé de qué forma, harán funcionar al obsoleto sistema bancario, que ejerce más de policía que para beneficiar a los negocios. Y el tema, para mi fundamental, es el de la confianza. Muy pocos emprendedores confían en el gobierno y sus instituciones. Esas nuevas reformas están diseñadas para favorecer a la nueva oligarquía de GAESA. No a nosotros”, concluye Yamila.

Entre los cubanos de a pie el paquete de 176 medidas ha generado muy pocas expectativas. Eduardo, profesor de secundaria básica, alega que “esos cacareados cambios me recuerdan cuando el gobierno autorizó a comprar automóviles. Los vendían a un precio prohibitivo inalcanzable para el noventa por ciento de la población cubana. ¿Quién se beneficia con esas medidas?, se pregunta y él mismo responde: los más de cuatro millones de empleados del sector estatal y casi dos millones de jubilados seguirán siendo pobres. Probablemente se abran nuevos mercados extranjeros y cadenas de cafeterías de servicio rápido, pero mientras se pague en dólares, la mayoría de los cubanos no seremos consumidores en ese capitalismo de corte feudal que se ha inventado el gobierno”.

Gustavo, economista, asevera que “esas medidas son para ganar tiempo hasta las elecciones de medio tiempo en Estados Unidos. Para que sea creíble cualquier reforma en Cuba, pasa por cambiar las actuales estructuras burocráticas y económicas. El actual gobierno no está capacitado. Esos cambios, para que sean genuinos, deben estar complementados con aperturas políticas. Jugar a instaurar una China o Vietnam tropical en el Caribe llega tarde. Los tiempos son otros. Esas reformas hubieran sido sensacionales en los años ochenta. Ahora, debido al desgaste y falta de credibilidad del gobierno, suenan a farol”.

Una señora que recoge latas vacías de refresco y cerveza en un enorme basurero, antes de opinar sobre las nuevas medidas se pasa un trapo empercudido por la cara para quitarse el sudor. “Todo es patraña. A esta gente (el gobierno) no se le puede creer nada de lo que digan. Han mentido tantas veces, que si alguna vez dicen la verdad queda la duda”. Y continúa escachando latas con los pies que después introduce en un saco deshilachado.

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