MIAMI – Daniel Ortega ha cerrado fila con Rusia durante la sangrienta invasión a Ucrania, busca protección y apoyo del régimen de Vladimir Putin, mientras en Nicaragua condena a presos políticos y lleva al país a un escenario de violencia insospechado debido a la represión, la crisis económica, la falta de oportunidades y sus alianzas con regímenes totalitarios y patrocinadores del terrorismo como Irán.
La incertidumbre reina en el país. Miles están migrando en busca de un mejor futuro ante la inestabilidad, el destino principal es Estados Unidos. Casi 50.000 nicaragüenses han sido detenidos en lo que va el periodo fiscal 2022, un promedio de 10.000 migrantes por mes, de acuerdo con las estadísticas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
El dictador sandinista ha vuelto a ubicar a Nicaragua en el radar internacional, esta vez no por la represión y crímenes contra la población sino por su respaldo a la invasión rusa en Ucrania junto a Venezuela y Cuba, aunque en sus discursos insiste en declararse “antiimperialista”.
Para el analista político y exdiputado nicaragüense Eliseo Núñez, detrás de las acciones de apoyo de Ortega al presidente ruso Vladimir Putin y su reciente alianza con China, se esconde un objetivo perverso.
Ambas dictaduras (Rusia y China), sostiene Núñez, dan protección a regímenes autoritarios y no tienen parámetros que cumplir respecto a los derechos humanos.
En el caso de Nicaragua “el objetivo perverso de fondo es conseguir un paraguas de protección a cambio de prestar su territorio para agredir a Estados Unidos, que ahí es donde encuentras otra de las contradicciones en el discurso de Ortega que se declara ‘antiimperialista’, pero ante actos imperiales del gobierno ruso, él no dice nada”, afirmó Núñez.
“A la democracia americana la considera un imperio porque él cree que la democracia es un subproducto del capitalismo al cual él adversa en teoría y no en la práctica. Es un mar de contradicciones. Lo único que tiene bien claro es que él se va a mantener en el poder a toda costa y que eso implica hacer alianzas y poner al país en medio de cualquier conflicto siempre y cuando él este a cargo”, subrayó el analista.
El exembajador de Nicaragua en Alemania, José Dávila, coincide con Núñez, al afirmar que Ortega busca “protección y apoyo”, algo que califica como “error estratégico”.
“El problema es que [Ortega] se ha abandonado en los brazos de Rusia en momentos que ese país pasa por su peor momento político, después de la disolución de la URSS en 1991. Toda su expectativa de ayuda económica de Rusia podría desvanecerse inclusive a corto plazo, y su imagen política, así como la de los pocos países que apoyan la invasión rusa a Ucrania, se ha deteriorado aún más”, apuntó el exembajador Dávila.
Ortega ha declarado “culpables” a 38 de los 46 opositores arrestados en 2021, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH). Unos 20 han sido condenados con sentencias que oscilan entre los 8 y 13 años. Uno de los presos políticos falleció en manos del régimen en un hospital de la Policía tras permanecer varios meses de cárcel.
La situación para los opositores presos es difícil, Ortega ha ignorado las súplicas de sus familiares que piden un diálogo. Todo indica que Ortega no tiene por ahora intenciones de liberarlos.
Opositores encarcelados-Nicaragua-Ortega

(De izquierda a derecha y de arriba a abajo) La ex primera dama de Nicaragua María Fernanda Flores de Alemán, Ana Margarita Vijil, excomandante guerrillera sandinista y líder del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) Dora María Tellez, exdirectora de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y precandidata presidencial Cristiana Chamorro, miembro de Alianza Cívica José Pallais, el exmiembro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) Víctor Hugo Tinoco, presidenta del partido Unamos Suyen Barahona, diplomático nicaragüense y profesor Arturo Cruz, exdirectora del opositor Movimiento por Nicaragua Violeta Granera, precandidato presidencial por la Alianza Azul y Blanca (UNAB) Félix Maradiaga, expresidente del Consejo Superior de Empresas Privadas de Nicaragua (C OSEP) José Adan Aguerri, periodista nicaragüense Miguel Mora, exmiembro del Movimiento Renovador Sandinista nicaragüense y actual miembro del partido Unamos Hugo Torres, miembro de la opositora Alianza Cívica Nicaragüense Juan Sebastián Chamorro, y la activista feminista Tamara Dávila.
AP
Luis Fley, exjefe de la Resistencia Nicaragüense que luchó contra el primer régimen sandinista, y exaspirante presidencial actualmente en el exilio, cree que Ortega no va a liberar a los presos políticos porque “se convertirían en voces críticas de su régimen y su intención es seguir silenciando voces”.
Ortega apuesta gobernar con aparente “tranquilidad” manteniendo un estado de terror policial y encarcelando a opositores.
Fley sostiene que Ortega no está dejando opciones. “Solo va quedando la alternativa de sacar a Ortega por la fuerza porque es la única manera, crear una crisis para tener los resultados que se obtuvo al inicio de la década de los 90”, cuando el sandinismo se vio obligado a realizar elecciones.
Sobre el tema Núñez considera: “Es muy probable que (la salida de Ortega) no sea por las buenas, tengo la esperanza de que sea por una revuelta civil, nuestro mejor escenario es una revuelta civil. El peor escenario sería un golpe de Estado del Ejército. No es viable hoy, pero ante la lucha de poder, eso podría ser viable”, valora.
El Ejército se ha aliado con Ortega, ha permitido la presencia de paramilitares organizados por el régimen pese a que la Ley lo prohíbe, y es señalado de haber participado en la represión durante las protestas en las que 355 nicaragüenses fueron asesinados con armas de alto calibre.
“Sería el peor escenario porque no saldrías de ninguna crisis porque sería salir de un modelo (totalitario) en manos de Ortega y su mujer, a un modelo en manos de militares con el mismo tipo de ambiciones (que Ortega) y probablemente con menos capacidad de cintura política que Ortega. Me espanta el hecho de escuchar que el Ejército podría ser una salida”.
La sucesión dinástica
Núñez asegura que entre los planes de Ortega está preparar la sucesión dinástica. Su esposa, Rosario Murillo, es la vicepresidenta y sus hijos, aunque sin nombramientos oficiales, han representado y hasta firmado convenios o acuerdos en representación de sus padres, que son ancianos y muy poco salen del país. Ortega tiene 76 años, Murillo 70.
“No sé si tiene pensado que Rosario sea su candidata en la próxima farsa electoral, él se retira y deja que Rosario haga el trabajo de la transición hacia el hijo”.
Se refiere a Laureano Ortega Murillo, quien ha hecho funciones de canciller.
Laureano Ortega Murillo y Camila Ortega Murillo
Los hijos de la pareja presidencial de Nicaragua, Laureano Ortega Murillo y Camila Ortega Murillo.
EFE
“Estoy seguro de que su objetivo final es dejar a Laureano, pero creo que en el intermedio [de transición] va a dejar a Rosario de alguna forma para mantener y controlar la transición misma porque Rosario es ahora la jefa del partido [Frente Sandinista de Liberación nacional], no es Ortega, operativamente ella es la jefa del partido en sustitución de Bayardo Arce [uno de los 9 comandantes de la ‘revolución’ y a Lenin Cerna [exjefe de la tenebrosa Seguridad del Estado] en los años 90 y los comienzos del 2000, ahora ella es la que ha sustituido a estas dos figuras”.
“Bayardo Arce estuvo a cargo del partido y por eso no tuvo cargo gubernamental en los años 80 [durante el primer régimen sandinista], algo que poca gente tiene en el radar, pero Arce fue el hombre del partido en los años 80 y se mantuvo hasta bien adentro de los 90, cuando fue destituido por Lenin Cerna.
Murillo engloba ese liderazgo que estaba dividido, y ahora lo tiene ella”, aseveró Núñez.
La esposa de Ortega es la cara visible de la dictadura sandinista, controla el gobierno, el partido y a sus hijos.
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