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La compleja situación que vive Venezuela necesita de interpretaciones que busquen dar luz sobre escenarios y posibles soluciones a la grave crisis política y humanitaria que padecen los venezolanos. Ante esta realidad, el sacerdote Luis Ugalde, director del Centro de Reflexión y de Planificación Educativa de los Jesuitas e Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, expone sus ideas con claridad, preocupación y esperanza.

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A juicio de Ugalde, exrector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en el conflicto político generado por la usurpación de la presidencia por parte de Nicolás Maduro y la encargaduría del Ejecutivo por parte de Juan Guaidó, los militares tienen un papel clave para su desenlace. “No hace falta que echen ni un tiro, sencillamente que le digan (a Maduro) como le dijeron a Pérez Jiménez: ya no cuenta con nuestro apoyo, queremos cumplir la Constitución, queremos, por tanto, elecciones”.

Al pedirle su visión de este momento, luego de que el pasado mes de enero el Parlamento venezolano declarara la usurpación de Maduro y Juan Guaidó asumiera como presidente encargado de Venezuela, de acuerdo con el artículo 233 de la Constitución, explica que “ellos (el gobierno de Maduro) pensaron que podían ir echando llave a todas las salidas para perpetuarse, esa es la mentalidad marxista”.

A su juicio, han violado la Constitución pero la población y el mundo están viendo todos los atropellos. Y aclara que la crisis tiene dos elementos a atacar: “Por un lado, necesitamos que se ataje la tragedia, (y por el otro) se cambie el modelo económico y político y eso no se puede hacer sin ayuda internacional. La tragedia es como la segunda postguerra, en la que hizo falta el Plan Marshall para la recuperación de Alemania. Venezuela necesita una ayuda financiera de miles de millones de dólares. Y eso no se lo van a dar a Maduro. Y dos, necesita elecciones limpias, habilitando a los inhabilitados, con transparencia y observación internacional y eso Maduro ni quiere ni puede (…) Se puede empeñar en prolongar su estancia pero no puede Gobernar y no hay esperanza de futuro mientras él esté mandando.

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-En Venezuela se vive una crisis humanitaria, se había dispuesto un plan para que ingresara ayuda y vimos como se evitó su entrada de manera violenta ¿Qué lectura le da usted a la negativa de entrada de la ayuda?

La Iglesia desde el primer momento insistió en la necesidad de ayuda humanitaria, diciendo que en disquisiciones partidistas no iba a entrar, pero la ayuda humanitaria es fundamental. Si hay alguna enseñanza cristina en el evangelio es: ‘tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber y Jesús dice: ‘bendito de mi padre porque tuve hambre y me dieron de comer, estuve en la cárcel, enfermo y me atendieron y al revés, malditos, - así sin medias tintas-, maldito de mis padres porque tuve hambre y no me dieron de comer. Es decir, el que está prohibiendo (la ayuda), no puede ser cristiano. (...) Usted sabe como están los hospitales, niños que no pueden ir a la escuela, testimonios directos muy duros, la mamá que dice que no puede ir el niño porque no ha comido y si va, se desmaya.

Cerrar la frontera es una barbaridad, y la gente lo entiende, la que es religiosa y la que no lo es. Para el mundo lo que ocurrió y sigue ocurriendo es un escándalo. Mucha gente que fue chavista de buena fe, están viendo que esto es una monstruosidad.

- Usted ha hecho llamados muy directos al sector militar. ¿Son ellos los que tienen la llave para abrir la puerta de este conflicto?

Los militares no son tontos, son inteligentes (…) Además de la presión, es muy importante que se abra una negociación, no para prolongar la agonía sino para acortarla y ofrecer una salida negociada. Y en ese sentido yo creo que los militares que dicen ‘no queremos invasión militar externa’ – y yo soy de los que no la quieren - no hace falta que echen ni un tiro, sino que le digan (a Maduro) como le dijeron a Pérez Jiménez: ‘ya no cuenta con nuestro apoyo Y en ese sentido yo creo que los militares que dicen ‘no queremos invasión militar externa’ – y yo soy de los que no la quieren - no hace falta que echen ni un tiro, sino que le digan (a Maduro) como le dijeron a Pérez Jiménez: ‘ya no cuenta con nuestro apoyo, queremos cumplir la Constitución, queremos, por tanto, elecciones’. Hay que mantener la presión pero hablar en concreto con los militares, porque si los militares se mantienen en bloque en su posición, el gobierno se va a aferrar y cada mes que pasa la tragedia nacional va a ser peor.

-La Iglesia e incluso su figura tienen participación en el Frente Amplio Venezuela Libre. ¿Cuál es el papel del Frente amplio y la Iglesia en esta etapa?

El reto de la reconstrucción de Venezuela es de tal dimensión que los necesitamos a todos y requiere de una renovación espiritual, si cada uno llega cargado de resentimientos y dice mi tarea principal es ver cómo me vengo de aquel, pues de eso que se encarguen los tribunales, nosotros tenemos que centrarnos en trabajar y eso lo he visto en el Frente Amplio de una manera emocionante. Y también he visto que diversos partidos, que muchas veces los vimos peleando entre ellos a pesar de que eran de oposición, que en este momento trabajan juntos, y eso fue lo que permitió la elección sensata de Guaidó y la directiva (del Parlamento). Eso es lo que permite que el lenguaje de Guaidó sea realmente inclusivo. Es un renacer de la República, es una recuperación de la conciencia ciudadana.

-Recientemente le preguntaban sobre la figura del presidente encargado Juan Guaidó y usted decía que había caído como “llovido del cielo” para este momento. ¿Por qué dijo que Guaidó ha llegado como “llovido del cielo”?

Primero, su discurso convoca, llama, no a la venganza, no a la persecución, está llamando a la construcción de Venezuela (…) Ha logrado una comunicación, quizás de ingeniero, sencilla, directa. No es un orador de discursos redondeados, pero logra transmitir. Le pregunta al público cuáles son las tres etapas y la muchedumbre responde: salir de la usurpación, transición y elecciones democráticas. Tercero, la conexión directa con la situación de la gente. A Guaidó no lo ven como partidista, a pesar de que sabemos que es de Voluntad Popular. Esa es una excelente cualidad moral, no lo ven como el señor que vino a excluir sino como el que vino a incluir y a sacar al usurpador, que es el que ha excluido al 90% de la población.

- El manejo de las expectativas por parte de la población pareciera fundamental para mantener el espíritu de lucha en este proceso ¿Cómo considera usted que deben manejarse las expectativas?

Hubo cierta desilusión cuando no pasó la ayuda –que yo creo que va a pasar más adelante-. Y el Gobierno juega a eso, por eso bailan y dicen ‘estos son unos ridículos, nosotros estamos muy fuertes’, pero el Gobierno no está nada fuerte, está muy mal. Tiene que aparentar que está sobrado, pero todo el mundo sabe que el mes que viene va a estar peor y la semana que viene también. El estado de ánimo tiene que poner esperanza en pasos concretos, saber que el cambio y la reconstrucción va a requerir esfuerzo (…) necesitamos todo el ánimo para la reconstrucción.

- El Vaticano habló hace unas semanas de mantener una “neutralidad positiva” sobre el caso venezolano, pero también hizo pública una dura carta del papa Francisco a Nicolás Maduro. ¿Cómo califica la postura del Vaticano en este momento?

El Papa se ha negado al diálogo varias veces. Se ha negado a una entrevista con Maduro recientemente y ha negado también una entrevista con Arreaza. (…) El Papa indignado le mandó una carta (a Maduro) en ese sentido (….) porque como denunció el secretario de Estado del (Vaticano) hace dos años, de todos los compromisos que adquirió, no cumplió ninguno. A pesar de todo, hay un malestar, eso es clarísimo, y no solo en la gente, sino en curas, etc., que quisieran mayor claridad y eso se sintió especialmente cuando salió la frase de la “neutralidad positiva”. Entre el que está pasando hambre y el que le está quitando la comida, usted no puede ser neutral, y la Iglesia no es neutral, la Iglesia está peleando (…) Yo sé que la Iglesia venezolana cuenta con pleno apoyo del Papa pero hay cosas que en aquella instancia no se pueden hacer.

- ¿Cuál es el papel de la comunidad internacional en el conflicto venezolano?, hasta dónde llegan sus límites, y qué se puede esperar de las instancias internacionales?

¿Por qué no han asesinado a Guaidó, por qué no está Guaidó en la cárcel? Por la presión externa, esa presión es fundamental. No debería ser necesario si fueran racionales, pero como no están en una actitud racional y han amenazado con cualquier barbaridad, les dijeron ‘ojo’. Esa presión externa en sus diversas formas es muy importante. Otra cosa distinta es, y en eso no hay que ser facilistas, la visión inmadura de que vengan los marines y nos resuelvan, así como dicen venga el Papa y que nos resuelva. No, los venezolanos tenemos que movilizarnos. Se agradece la presión de la OEA, de la ONU, Grupo de Lima, EEUU, Comunidad Europea, y eso tiene que ir creciendo hasta que los militares y el Gobierno tomen una actitud razonable. ¿Qué es lo razonable? Decir renuncio y me voy, voy a reducir el sufrimiento de los venezolanos y no prolongar la agonía cuando esto ya está perdido. Y con los militares lo mismo, sencillamente asumir. Yo espero que eso se va a dar, y yo prefiero esa solución que la solución extrema de cualquier invasión de tropas extranjeras.

-Su voz tiene una autoridad moral importante para un sector de los venezolanos. ¿Cuál es su mensaje para este momento que se está viviendo?

La imagen de la naturaleza que cambia de verano a invierno, de la sequía a la lluvia, de la muerte a la vida, es mucho más fiel para entender la realidad, que la proyección lineal del desánimo, de la división, del antipartidismo. Ahora nadie dice (que los líderes y los partidos) están divididos, porque hicieron lo que tenían que hacer y la gente aplaudió y se movilizó. Ese es un mensaje de resurgimiento espiritual. La gente tiene reservas, esta reconstrucción no solo la hacemos con ayuda económica y proyectos económicos. Lo fundamental es el renacer espiritual del ánimo constructivo, el renacer espiritual de la reconciliación, de asumir como ciudadanos la responsabilidad de lo público. Hay un renacer y estamos a la entrada de las lluvias.

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