Un petrolero ruso sancionado que transporta diésel hacia Cuba permanece a la deriva en el Atlántico desde mediados de abril, en un nuevo episodio que ilustra el colapso del suministro energético en la Isla y las crecientes dificultades para recibir crudo desde aliados como Moscú.
De acuerdo con un reporte de Bloomberg, el buque Universal interrumpió su travesía tras salir de Rusia y se encuentra a unos 1.600 kilómetros de la costa cubana, sin una fecha clara de llegada. La embarcación transporta alrededor de 270.000 barriles de diésel, según datos de la firma de inteligencia marítima Vortexa Ltd., citados por ese medio, reseña el portal web Diario de Cuba
La incertidumbre sobre su destino refleja un problema mayor: el temor de navieras y operadores a que cargamentos con destino a Cuba sean interceptados o sancionados en el contexto de las restricciones energéticas impuestas por Washington. Bloomberg señala que otros buques han evitado la Isla por el riesgo de ser "capturados por las fuerzas navales estadounidenses", lo que ha reducido drásticamente el flujo de combustible.
El caso del Universal, que Diario de Cuba reportó a mediados de mes como un presunto segundo envío de crudo a la Isla tras el barco Anatoly Kolodkin, no es aislado. En lo que va de año solo el Kolodkin ha logrado entregar crudo a Cuba, y lo hizo tras recibir una exención temporal de la Administración de Donald Trump, en un gesto excepcional para aliviar la crisis energética.
La situación deja en evidencia la creciente fragilidad del esquema de abastecimiento del régimen cubano, altamente dependiente de envíos externos en condiciones cada vez más precarias. Moscú, que ha prometido nuevos suministros, no ha ofrecido detalles concretos sobre próximos cargamentos ni fechas de entrega.
Dictadura de Cuba hace malabares
Mientras tanto, el régimen cubano intenta compensar el déficit con medidas internas de alcance limitado. La petrolera estatal anunció recientemente la sustitución de equipos en dos de sus principales pozos, con el objetivo de incrementar la producción en un 30%, según un video difundido en redes sociales oficiales. Sin embargo, ese aumento resulta insuficiente frente a la magnitud de la escasez.
Recientemente, autoridades celebraron que una "nueva tecnología" de termoconversión permitiría refinar el crudo nacional y reducir la dependencia de importaciones. Sin embargo, en declaraciones a Diario de Cuba el investigador del Instituto de Energía de Texas Jorge Piñón advierte que estos anuncios son prematuros: "una ‘corrida’ puntual o de laboratorio no equivale a viabilidad industrial" y recuerda que la termoconversión "no es una novedad tecnológica".
Incluso si funcionara, la producción nacional —unos 2,2 millones de toneladas anuales— está muy por debajo de los más de 100.000 barriles diarios que necesita el país, por lo que el déficit seguiría siendo enorme. Además, las refinerías cubanas carecen de capacidades clave para obtener combustibles de mayor valor.
La falta de combustible continúa impactando la generación eléctrica, el transporte y la actividad económica en general, en un país que atraviesa apagones prolongados y una contracción sostenida de servicios básicos desde hace años.
El estancamiento del petrolero ruso añade presión a un escenario en el que cada cargamento se ha vuelto crítico. En este contexto, la dependencia de aliados políticos como Rusia no solo se mantiene, sino que se vuelve más incierta, sometida a sanciones internacionales, riesgos logísticos y decisiones geopolíticas que escapan al control de La Habana.
FUENTE: Con información de Diario de Cuba / Bloomberg