Preservar las raíces de lo que representa la herencia ética, moral y religiosa de los practicantes de la religión lukumí de Cuba y el mundo, es el desempeño que ha asumido como misión de vida Ernesto Pichardo, Oba Oriate [sacerdote de máximo conocimiento y jerarquía] de la Iglesia Babalú Ayé, perteneciente a la misma denominación, en Estados Unidos.

Según dijo en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, Pichardo hoy trabaja “de manera incesante”, en lo que sería el documento eclesiástico que siente las bases de una identidad religiosa que, a su juicio, “ha sido manipulada desde el siglo XIX en Cuba”.

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El documento, asegura Pichardo, surge a raíz de la solicitud de veteranos sacerdotes del sur de la Florida que practican esta religión hace más de 40 años, y que ven con preocupación y cierto desencanto la forma cómo se presenta y representa la religión lukumí en Cuba y el sur de Florida.

“Estamos horrorizados viendo lo que se publica de nuestra religión en las redes sociales, y siendo testigos de cómo el régimen cubano, en alianza con ciertos religiosos, manipula conceptos que quitan legitimidad e insultan nuestra identidad”, dijo el sacerdote cubano consagrado hace más de medio siglo en Miami.

“Lo primero que queremos dejar claro es que nosotros no somos santeros; santero es un término [de connotación] peyorativo que nada tiene que ver con nuestra práctica religiosa. La verdadera santería es católica y viene de España. Esta palabra tan popular se estableció en Cuba en la época de los cabildos producto del sincretismo impuesto por la Iglesia Católica, en el marco de su estrategia para convertir lo africano y fusionarlo con su identidad católica, pero no es correcto”, sentenció y aclaró que tampoco es correcto usar el término yoruba, ya que esa práctica y raíz pertenecen a Nigeria.

Redefinir la identidad lukumí

Con una vasta y condecorada trayectoria como líder religioso, activista social y académico, Pichardo asegura que es hora de publicar y difundir un material eclesiástico para que las nuevas generaciones de religiosos lukumís puedan salvaguardar los pilares de la identidad que los define.

“Nuestro cuadro ancestral no es yoruba porque nuestra religión en Cuba fue fusionada con raíces indígenas, asegura. De hecho, nuestras plantas y la identificación de éstas no corresponden a África, sino al Caribe. Es más, lo que nosotros utilizamos en nuestras ceremonias religiosas ya sea en Cuba o en Miami ni siquiera figura en los libros de rituales de Nigeria”, asegura.

“Nuestro cuadro ancestral criollo es lukumí, y tenemos que honrarlo porque le pertenece a Cuba, ahí se refundó, se unificó, y se promovió para todo el continente”.

Pichardo sacó esta religión de las sombras en EEUU, tras una fuerte disputa legal que llegó a la Corte Suprema y dio paso a la primera Iglesia lukumí en la ciudad de Hialeah.

Bajo el yugo del comunismo

Para Pichardo es imperativo entender que la religión lukumí no es folclore, y en este sentido emplaza de forma directa a religiosos en Cuba que junto al régimen castrista, durante décadas ha promovido a este credo religioso como parte de su “identidad cultural revolucionaria”.

“El régimen comunista no se refiere a nosotros como una religión, nos llama culto sincrético, lo que es una gran falta de respeto que ha dado pie a que hoy nuestro ropaje y cantos sagrados se presten para generar videos de comedia en plataformas como TikTok o Instagram”, dijo.

“Hoy en día vemos que las nuevas generaciones que practican nuestra religión no tienen filtros ni límites, y, en buena medida, el responsable de esto es el régimen cubano que presenta nuestro credo ante el mundo en actos políticos promoviendo nuestros bailes sagrados como si fueran parte de una oferta turística”, dijo y denunció la existencia de intelectuales y políticos de Cuba que segregan, manipulan, y consideran a su religión como parte del folclore de la isla.

Manipulación de la letra del año

La religión lukumí promueve tres pilares filosóficos: la salud, la tranquilidad y el desenvolvimiento. Sin embargo, a juicio de Pichardo, ninguno de estos fundamentos prima en la sociedad cubana actual y señaló que sucede así porque se manipulan documentos vitales como la Letra del Año, cartilla publicada los primeros días de enero donde se encuentran las bases litúrgicas para enfrentar el nuevo ciclo con mayor serenidad y sabiduría.

“La Letra del Año ha creado una falsa noción de la realidad que no da cuenta de la gravedad de la crisis que enfrenta Cuba hace décadas. Y en ese marco de tensiones, aumenta mi respaldo al llamado Grupo Independiente, conformado por diferentes casas religiosas que se agrupan cada mes de diciembre para publicar su propia cartilla”.

“El Grupo Independiente publica un contenido sin la supervisión del régimen que es apegado a la realidad y que aplica para todo el pueblo de Cuba, no para un solo sector”, dijo Pichardo.

Cabe destacar que según la preapertura publicada de la Letra del Año en Cuba el signo que prima es Obara Odí, letra religiosa con una fuerte connotación negativa conocida como Osogbo [mala suerte o infortunio].

“Este signo habla de confusión, de caminos donde primará el error y la desorientación, y habla de patologías psicológicas influenciadas por la malicia humana, y esto debe aplicarse al contexto de la sociedad porque en Cuba se ha tomado el camino equivocado, no hay Iré (bendiciones), y esto se debe analizar en todas las esferas que son parte del acontecer del país”, finalizó.

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