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MIAMI.- La precandidata presidencial colombiana María del Rosario Guerra, quien estuvo recientemente de visita en Miami, afirmó que a partir del acuerdo de paz impulsado por el presidente Juan Manuel Santos, ahora en Colombia hay dos facciones de las FARC: una que hará política en busca del poder y otra, la disidente, que sigue sus actividades ilícitas.

Guerra, quien hace parte del grupo de cinco precandidatos del Partido Centro Democrático, de cara a los comicios de mayo del próximo año, sostuvo que “hay que cortar el cordón umbilical entre las FARC reincorporada y las FARC disidencia”, y aseguró que esa fracción que se apartó del pacto con el Gobierno continúa en el negocio del narcotráfico, en alianza con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el segundo grupo rebelde en importancia en ese país sudamericano.

La actual senadora y exministra de Tecnologías de la Información y la Comunicación dijo además que el acuerdo por la pacificación del territorio colombiano podría viabilizar un lavado de “toda la plata que no ha entregado las FARC”. Habló también de los “amores y desamores” que genera el expresidente Álvaro Uribe, de la posibilidad de que la izquierda se implante en esa nación y del desequilibrio en la inversión estatal en las regiones de Colombia.

Las FARC ha hecho entrega formal de sus armas. ¿Por qué el Centro Democrático sigue cuestionando el acuerdo de paz?

Nosotros hemos dicho que estamos de acuerdo con que haya un proceso de entrega de armas verificado. Creemos que el número dado por Naciones Unidas, de cerca de 8.000 armas, no son todas. No hay seguridad de que estén todas las caletas (lugar donde generalmente se esconde armas o dinero de origen ilícito) porque se hablaba de unas 942 caletas, y no se dijo nada sobre ellas. Pero también queremos asegurarnos de que esas armas que se entreguen, efectivamente sean armas que se vayan a destruir. Nosotros estamos de acuerdo con que las FARC se reincorporen a la vida civil, pero hay que cortar el cordón umbilical entre las FARC reincorporada y las FARC disidencia. Ya vivimos un proceso donde un grupo, que era la UP (Unión Patriótica) hacía política, pero mantenía su brazo armado. No queremos que pase lo mismo. También hay que asegurar que nuestro ejército va a seguir combatiendo a la disidencia.

¿Esas disidencias siguen ejerciendo control en algunos territorios del país?

Por supuesto que sí. Y ahora se han aliado con lo que queda del ELN, y algunas de ellas siguen en la actividad del narcotráfico. Si nosotros no combatimos ese narcotráfico, que es la fuente de ese dinero manchado de sangre, no hemos hecho nada. A esa disidencia hay que neutralizarla.

Entonces, ¿estamos hablando de dos FARC en Colombia?

Sin duda alguna. Estamos hablando de una FARC que dice que quiere ir a hacer política, pero seguimos con la disidencia, y ese es el tema que más nos preocupa. Las FARC no está rompiendo con las actividades delincuenciales. Hay zonas del Caquetá, donde ya he estado, donde se sigue cometiendo el delito de la extorsión por parte de las FARC.

Así las cosas, ¿qué debe pasar con el acuerdo de paz?

Si nosotros ganamos las elecciones, vamos a sacar el acuerdo de paz de la Constitución colombiana. Es inaceptable que ese acuerdo condicione por 12 años las decisiones sobre política pública del Estado colombiano. Nosotros tenemos que acabar el cogobierno de las FARC. Como se sabe, en el acuerdo quedó estipulado un comité de seguimiento y verificación integrado por tres miembros del Gobierno y tres de las FARC, y no se puede tomar una decisión en ninguna de las ramas del poder público sin que esa comisión la apruebe. Eso no lo aceptamos porque nadie eligió a las FARC para cogobernar en Colombia. Pero también hay que rescatar la extradición para los narcotraficantes, y hay que sacar al narcotráfico del contexto del delito político.

El presidente Juan Manuel Santos había dicho que no había recursos para “reparar” a las víctimas del conflicto armado. ¿Qué piensa usted?

Me parece una burla del presidente Santos, pero además un irrespeto porque siempre dijo el presidente Santos que este era un acuerdo para beneficiar a las víctimas, y ahora dice que no hay cómo resarcir a las víctimas, pero por otro lado no ha sido contundente en que el dinero que tiene las FARC, manchado por sus actividades criminales, no se lo hayan quitado y vaya a permitir un lavado de dinero de semejante tamaño. Lo que se ve es una burla de un gobierno que le ha permitido a las FARC que no entregue la totalidad de los niños reclutados, que no entregue la plata manchada de sangre inocente, que le permitió que no vayan a pagar un solo día de cárcel, que van a ir directo al Congreso y, además, están tramitando una reforma política para no inhabilitarlos para participar en política. Y fuera de eso decirles a las víctimas que no hay dinero. Eso no es serio.

La imagen del expresidente Álvaro Uribe es buena a nivel internacional, pero en Colombia un sector reprueba su proceder. ¿Por qué Uribe genera tantos amores y desamores?

El presidente Uribe ha sido un hombre que ha roto la manera de hacer política en Colombia, y fue quizás el único presidente en los últimos 60 años que entendió que era necesario hacer ese cambio. Él volcó su estilo de hacer política construyendo desde la base, abriendo un espacio a los ciudadanos para que, para bien o para mal, pudieran tener participación. Cuando él monta sus Consejos Comunitarios lo que estaba era creando unos espacios para conocer la opinión del pueblo y construir juntos. Yo fui ministra de Comunicaciones en ese tiempo, y me tocaba rendir cuentas semanalmente, y ahí mismo él podía decirles a sus funcionarios si estaban cumpliendo o no con la gente. El presidente Uribe tiene una concepción clara sobre la democracia, y para él esta se construye a partir de la seguridad. Eso golpeó a muchos porque empezaron a sentir a un presidente que lideró a sus fuerzas militares y de Policía, y le dio duro a todo aquello que no funcionaba bien, pero también rompió ese esquema de otros presidentes de convivir con la guerrilla. Otro aspecto que cambió el presidente Uribe es aquel paternalismo del Estado, que todo lo daba muchas veces por compromisos políticos. Pero también mostró un estilo y era que no se le arrodillaba a nadie.

¿Qué tiene que decir de sus eventuales rivales en las elecciones por la presidencia de Colombia?

Con tristeza tengo que decir, y más aquí en el DIARIO LAS AMÉRICAS, que si los colombianos simplemente miran lo que está pasando donde nuestros vecinos venezolanos, por un régimen corrupto y narcotraficante, que yo rechazo de manera tajante, pueden ver que la izquierda colombiana va para allá, hacia un modelo que ha demostrado que no es exitoso, que es un estado dador que le lleva muy poco a la gente. La izquierda ha visto en el acuerdo firmado por el presidente Juan Manuel Santos y las FARC una oportunidad para llegar al poder y quieren llegar porque quieren tomar posesión del territorio, y quieren, definitivamente, implantar el socialismo del siglo XXI en Colombia. En eso vemos a Gustavo Petro, Piedad Córdoba, a las FARC que son lo mismo, y también a Humberto De la Calle Lombana, a quien veo como el candidato de las FARC.

Usted procede la Costa Norte colombiana, y parece una constante que el Gobierno siempre haga mayor inversión de recursos en otras regiones. ¿Por qué esa desigualdad?

El modelo de desarrollo en Colombia es absurdo. En vez de irse a las costas, se centró en la zona Andina. Entonces el desarrollo productivo se ha dado en esa parte de Colombia, y el desarrollo de la Costa Atlántica, por ejemplo, ha sido marginal. En la Costa Pacífica solo ha crecido Cali. En cuanto a la educación, también el motor de desarrollo fue en la parte Andina, y solo hasta ahora se está apuntando hacia el Caribe. Pero ese desequilibrio también ha sido producto de la corrupción de nuestra clase dirigente en la Costa, y por eso el sector empresarial se ha apartado de la política.

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