jueves 1  de  diciembre 2022
Cuba tras el huracán

Protestas en los barrios, nuevos planes para emigrar y se dispara el dólar

En las calles de La Habana, un dólar se vendía un dólar en 205 y 210 pesos tras el paso del fenómeno natural

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA 5 de octubre de 2022 - 09:04

LA HABANA.- Antes de que los fuertes vientos del huracán Ian afectarán a la Isla, Mayelín, 46 años, madre soltera de tres hijos pequeños que viven en un deteriorado apartamento interior de 18 metros cuadrados en el barrio pobre y mayoritariamente mestizo de El Moro, Mantilla, al sur de La Habana, apenas tenía tres cubos de agua para cocinar, beber y descargar el baño.

En su viejo refrigerador Haier de fabricación china, le quedaban dos postas de pollo y media libra de masa para hacer croquetas. Previendo que por el paso del ciclón se produjeran apagones y afectaciones en el abasto del agua, el lunes 26 de septiembre junto a un grupo de vecinos fue a una oficina de Aguas de La Habana para solicitar un camión cisterna.

“En las instituciones del gobierno nos mintieron, como siempre. Dijeron que por la tarde enviarían una pipa de agua. Que no nos preocupáramos. Que se habían tomando las medidas pertinentes y que esa noche iban poner el agua en la zona. Ni una cosa ni la otra. Llegó el ciclón, tumbó varios árboles por culpa del mal trabajo de Comunales que no pasó a podarlos y tuvimos 80 horas sin electricidad y diez días sin agua. De la comida pa'qué contarte. Un ejemplo, el domingo 25, una bolsa con seis panecitos costaba 250 pesos y una semana después, el domingo 2 de octubre, valía 320 pesos”.

Mayelín sigue contando. “Con el pollo hice un arroz salteado y con la masa, aunque ya estaba ácida, preparé veinte croquetas. Una reserva de comida insuficiente para tres niños y una mujer. Por suerte los vecinos nos dieron comida. Las necesidades la hacíamos en un periódico que luego envolvíamos y lo botaba en la basura. Había casos peores, madres con bebés que le daban el pecho y familias con ancianos, no aguantaron más y por la noche todos empezamos a sonar los calderos. Fuimos pa’la calzada y comenzamos a gritar, 'que pongan la luz, queremos agua y libertad.' Se apareció un funcionario del partido en Arroyo Naranjo y también un montón de segurosos y nos prometieron que se iban a cumplir nuestras demandas. Que tuviéramos calma y no politizáramos la protesta. Esa noche quitaron internet, pero en la madrugada nos pusieron la luz, al día siguiente entró el agua y nos mandaron una pipa. Moraleja: si el pueblo no se manifiesta, ellos (los gobernantes) no resuelven nada”.

Aunque el huracán Ian no causo grandes destrozos en La Habana, la caída de arbustos encima de tendidos eléctricos provocó daños en la red. Municipios como Playa, Arroyo Naranjo, Plaza, Cerro, San Miguel del Padrón y Marianao fueron los más afectados.

El deficiente abasto de agua es culpa de la pésima gestión gubernamental en infraestructura básicas. Un funcionario de Aguas de La Habana dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS que “el gobierno (régimen) no fue previsor. Estaban de lleno en el referéndum del Código de las Familias y desatendieron los protocolos que deben ponerse en marcha antes, durante y después del paso de un fenómeno meteorológico. El día antes de la llegada de un ciclón se suele abastecer de agua varias horas extras, para que la población tenga una reserva. Se deben vender panes y productos que no se descompongan fácilmente. No se hizo así. La mayoría de los grupos electrógenos de respaldo para distribuir el agua en caso de apagón estaban inservibles”, afirma y añade:

“Es inadmisible que los servicios básicos priorizados como acueductos, panaderías y hospitales no tenían generadores de emergencia. El pueblo ve como el gobierno invierte miles de millones de dólares en la construcción de hoteles y no se invierte en servicios públicos. En los cuarenta años que llevo trabajando en el acueducto, puedo asegurar, que el actual gobierno ha sido el más ineficaz para enfrentar un ciclón. Las protestas en los barrios están más que justificadas”.

La gente está cambiando en Cuba. Hace una década, las personas se quejaban en la sala de su casa, en la cola del pan o la bodega y en los taxis particulares. Ahora los ciudadanos se manifiestan en la calle. En los últimos cinco días, Diario Las Américas ha podido contabilizar 38 protestas callejeras en la isla, 34 de ellas en La Habana. A pesar de los cortes de internet y la represión con alumnos de academias militares portando troncos de madera, en los barrios más afectados, los vecinos continúan reclamando tener luz y agua en sus hogares.

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Un oficial de policía vestido de civil se enfrenta a un manifestante durante una protesta que pide el restablecimiento del servicio eléctrico después de seis días de apagones debido a la devastación del huracán Ian en La Habana.

Un oficial de policía vestido de civil se enfrenta a un manifestante durante una protesta que pide el restablecimiento del servicio eléctrico después de seis días de apagones debido a la devastación del huracán Ian en La Habana.

El números de protestas en la capital contrasta con las pocas acontecidas en el resto de las provincias tras la caída del servicio eléctrico nacional. En Pinar del Río y Artemisa donde el 98 por ciento de los usuarios, además de daños cuantiosos en viviendas, aun no tienen electricidad ni agua potable, no se han producido manifestaciones populares.

El motivo lo aclara un exoficial del Ministerio del Interior: “Las distancias entre un municipio y otro son considerables. La densidad poblacional es menor en las zonas rurales y la gente está más aislada, es menos visible, precisamente por eso, la represión es peor que en la capital. En provincias el descontento probablemente sea mayor, porque desde hace cinco meses, están sufriendo apagones de diez o más horas diarias, lo que no ha ocurrido en La Habana, a no ser ahora por el paso del huracán. Pero el miedo y ese sentimiento que atenaza a muchos cubanos, que no van a resolver nada si protestan, todavía es un freno poderoso en el interior del país. Las urbes son diferentes. Más liberales, mejor nivel de vida, más contestatarias”.

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Personas protestan pidiendo el restablecimiento del servicio eléctrico que colapsó el martes pasado por la devastación del huracán Ian en Bacuranao, Cuba

Personas protestan pidiendo el restablecimiento del servicio eléctrico que colapsó el martes pasado por la devastación del huracán Ian en Bacuranao, Cuba

Ana, una joven que salió a protestar hace dos noches en una barriada habanera, reconoce que “por primera vez se sintió una mujer libre. Manifestarse es un derecho en cualquier parte del mundo. Pero aquí es un delito. El 11 de julio, cuando pasaron los manifestantes cerca de la calle donde vivo, sentí miedo y no salí de mi casa. Pero ahora no. La oscuridad también ayudó. Aunque soy pesimista. No creo que las protestas en diferentes barrios o zonas del país puedan tumbar al gobierno. Los cubanos, sobre todo los más jóvenes, seguimos teniendo como primera opción emigrar”.

Varias personas consultadas coinciden con Ana. “El precio de los alimentos sigue subiendo. Antes del ciclón, una libra de pollo costaba 200 pesos y ahora la están vendiendo en 300 pesos. Y no la encuentras. Ni siquiera en las tiendas MLC encuentras comida. Con divisas en la mano no encuentras pollo, carne de cerdo, leche en polvo, yogurt y papel sanitario, entre otros productos. Lo mejor que puede hacer un familiar que reside en el extranjero es prestarle el dinero para que se vaya. Sale más barato que tener que enviarle dinero todo los meses durante años. Invertí miles de dólares en reparar mi casa y tenia una cafetería. Pero mi familia y yo ya lo decidimos: nos vamos de Cuba antes de que se acabe el año”, indica Jorge, cuentapropista.

Camila, estudiante universitaria, sueña continuar sus estudios en Miami. Sé que allá la vida se ha encarecido y si no consigo una beca, tenga que trabajar y dejar mis estudios. Pero la situación de Cuba es tan crítica que cualquier cosa es mejor que vivir sin libertad ni futuro”.

El dólar, la moneda que sufraga los gastos de emprendedores privados que hacen compras en el extranjero y emigrantes potenciales, aumenta por día en el mercado informal. El sitio web El Toque, que diariamente publica su cotización lo situaba en 199 pesos por un dólar el domingo 2 de octubre. Pero en las calles de La Habana, un dólar se vendía un dólar en 205 y 210 pesos.

“La demanda supera la oferta. Hay gente que está durmiendo una semana en una cola para comprar 100 dólares en una CADECA, a pesar de que no los están vendiendo. Incluso si compras otra divisa, para reunir ocho o diez mil dólares tienes que estar haciendo seis meses de cola. De Miami está llegando menor cantidad de dólares. Varias agencias están cobrando entre el 10 y 15 por ciento y los envíos no son tantos como antes. Supongo que la familia prefiere comprarle comida en los sitios online o reunir el dinero para que se vayan del país. Mientras más se encarezcan los alimentos en Cuba, más subirá el precio del dólar pues es la moneda refugio de quienes tienen dinero”, explica un cambista.

Mayelín, la madre de tres hijos que vive en un apartamento desvencijado en el barrio pobre y marginal de El Moro, no tiene planes de emigrar. “No porque no quiera, si no porque no tengo familiares ni amigos en el extranjero que me manden dólares o euros. Mi futuro obligatoriamente tendrá que ser en Cuba. Y como ya no soporto una mentira más del gobierno, no me voy a callar”.

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