MIAMI.- Diubis Laurencio -primer fallecido que oficalmente Cuba acepta ha habido en las protestas- era un muchacho del barrio, recuerdo su rostro, aunque probablemente solo hayamos intercambiado palabras una vez. O ninguna.

No me sabía su nombre, aunque viví por 16 años en el barrio, viendo las mismas caras alargadas y vendedores ambulantes, los mismos bonches y las mismas peleas callejeras, así como las mismas sonrisas entre alcohol, dominó y shows de transformismo.

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Por eso no puedo normalizar que una manifestación ciudadana termine así, no puedo normalizar que La Güinera, mi barrio en Arroyo Naranjo, un municipio sureño de La Habana, haya puesto el primer muerto (oficialmente confirmado), en las protestas que desde el domingo 11 de julio comenzaron a expandirse por el mapa de Cuba. No puedo escribir este texto en tono impersonal.

Iniciada en San Antonio de los Baños, una ciudad famosa por su Escuela Internacional de Cine, la llama de la libertad de expresión para gritar “tenemos hambre”, “Patria y Vida”, y otras frases que se alejan de las consignas tradicionalmente permitidas en la nación, se extendió por municipios y localidades desde la capital hasta Guantánamo, en el punto más oriental de la isla.

Lo más sorprendente a ojos del mundo debe ser que estas protestas hayan comenzado justo ahora, cuando la imagen de la isla incluye a los biotecnólogos que desarrollaron vacunas contra la COVID-19 y se sigue alabando desde la izquierda latinoamericana y europea, un discurso de logros del sistema social cubano.

También sorprende a muchos que esto haya ocurrido cuando está en la presidencia de Estados Unidos el demócrata Joe Biden, cuya revisión de la política hacia Cuba ha sido lenta, en un entorno en que siguen pesando sanciones sobre la isla y el gobierno de Díaz-Canel no deja de descargar sobre el pueblo medidas impopulares.

Pero lo que empezó como protestas civiles, terminó en muchos espacios con la presencia de efectivos militares que no dejaron de usar las tonfas, escudos, y armas después de que el presidente dijera: “la orden de combate está dada” o “las calles son para los revolucionarios”.

Si de algo ha salido mal parada la Revolución Cubana, ha sido de este largo domingo 11-07, que no acaba, aunque sea viernes y la semana avance. La orden de combate que se impuso donde debió prevalecer el civismo, fue cumplida por tropas especiales que fueron captadas por el lente de fotógrafos de prensa (uno de ellos, corresponsal de AP, herido) y transmitidas, también, desde los móviles de quienes estaban allí, en caliente, poniendo sus cuerpos.

Algunas imágenes espeluznantes circulan por las redes sociales, mientras cubanas y cubanos las compilan, identifican personas detenidas, verifican casos y aportan datos preliminares de estas protestas inéditas en más de 60 años de “socialismo” que alguna vez, se prometió próspero y sostenible. En sitios como La Güinera, más allá de lo cuestionable que pueda ser el cuadro que pintan como socialista, las carencias materiales, y de fe, abundan. Con una pandemia de COVID-19, una población hastiada de inventar para ver que se puede poner en la mesa cada día, bloqueos externos e internos, no es raro —aunque sí sorprendente por lo inédito— que las calles hayan sido tomadas.

Si fueron miles o cientos de miles, no es lo más trascendental. Importa más haber visto el rostro de una señora, delgada y con pesar, que, sosteniendo una cazuela vacía, fue captada por el lente de un fotógrafo en esta jornada de manifestaciones. Importa más que amigos, conocidos, y en general, pueblos por los que he transitado y en los que he vivido, y hasta el pueblo donde nací, Palma Soriano, estaban poniendo sus caras, brazos y piernas para expresar que ya no aguantan. Porque mientras más se les pide resistir, menos fuerzas quedan, en un entorno en que las desigualdades son patentes e imposibles de ignorar: tiendas en moneda nacional por un lado y, por otro, tiendas dolarizadas, en Moneda Libremente Convertible (MLC) a la que solo pueden acceder quienes reciben remesas o cuentan con otras vías de ingresos, mientras los nietos de los generales hacen kite surfing (Antonio Lusson nieto) o estrenan “jugueticos” como un Mercedes Benz (Sandro Castro).

Por eso no puedo normalizar que mueran cubanos en enfrentamientos con otros cubanos que son uniformados, pero también son parte del pueblo adoctrinado por décadas. Por eso, tampoco puedo normalizar ninguna idea de militarización de la isla donde nací.

¿Quién mató a Laurencio Tejeda?

Laurencio Tejeda, quien vivía en la mencionada zona sureña de La Habana, según nota oficial de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), avanzaba entre integrantes de “grupos organizados” que intentaban llegar el lunes 12 de julio por la tarde a la Estación de Policía del Capri, a menos de un kilómetro del centro del barrio.

De acuerdo con la misma fuente, a su paso estos civiles fueron interceptados por fuerzas del Ministerio del Interior (MININT) y que, en el enfrentamiento, algunos fueron detenidos, y otros resultaron lesionados, incluyendo agentes policiales. Insiste el MININT en llamar a estos civiles “elementos antisociales y delincuenciales en el Consejo Popular La Güinera, municipio de Arroyo Naranjo”, que alteraron el orden y buscaban “agredir (en la estación policial) a sus efectivos y dañar la instalación”.

Un tuit que cita a la agencia de prensa AFP, indica que “un hombre murió en protesta registrada en periferia de La Habana (oficial)”. Aun cuando no dice en concreto La Güinera sino “periferia”, fuentes ciudadanas consultadas vía telefónica confirman que el lunes, además de los heridos, falleció al menos una persona, lo que coincide con este primer dato oficial sobre una muerte violenta en el contexto de las protestas en territorios de Cuba. El canciller Bruno Rodríguez niega que se trate de un “estallido social”.

La prensa oficial, previo lamento en un párrafo final de la muerte de Laurencio Tejeda, publicó, contra toda ética, sus “antecedentes por desacato, hurto y alteración del orden, por lo cual cumplió sanción”.

Habla la prensa estatal de los antecedentes penales de Diubis Laurencio, el primer fallecido que oficialmente reconoció en una nota el Ministerio del Interior de Cuba. Aunque podría haberlos tenido —en un barrio donde se sobrevive como se puede— cómo se explica que termine muerto. ¿Acaso sus antecedentes penales justifican la muerte de este joven de 36 años?

El testimonio en video de Raga Llopiz, cubano residente en Barcelona que conocía a Laurencio relata que este no tenía tales antecedentes, que era como su hermano. “En la nota oficial dicen que supuestamente falleció. No. Lo mataron”, dijo. Y añadió el joven rapero y actor: “el Pikiry Rasta, como le gustaba que lo llamaran, por su nombre artístico, cantó conmigo varias veces, grabamos canciones, hicimos conciertos, compartimos familia, era un muchacho bueno, familiar, compartidor, le gustaba hacer música y estar tranquilo, nunca estaba en problemas. A mí no hay quien me haga el cuento de los antecedentes y de que era un revoltoso, yo sí que lo conocía. No maten más, no mientan más… Lo que más me duele es que encima de que lo maten, le inventen cargos”.

Aunque la prensa estatal obvió la causa de muerte de Laurencio, y la causa de la causa, su amigo responsabiliza al gobierno por la manera en que manejó las protestas, aferrándose a un poder no acostumbrado a hacer concesiones.

Hasta entrada la noche del lunes, los residentes de ese barrio capitalino perdieron el flujo eléctrico, tampoco tenían Internet, como ocurre en varios territorios desde que el domingo parte de la población cubana salió a las calles en diferentes puntos del país. No se menciona nada sobre cortes de Internet en la nota citada, sino que, en cambio, se culpa a los manifestantes de “vandalizar viviendas, incendiar contenedores y afectar el tendido eléctrico”.

En este sentido, la ACN es enfática en que los civiles agredieron con armas blancas, piedras y objetos contundentes a los agentes y a otros civiles en el lugar. Un video transmitido en directo por un usuario de Facebook en el lugar de los hechos, muestra a un grupo de personas caminando rumbo a la estación policial mientras lo dicen. No alcanza a mostrar la parte de los enfrentamientos que dejaron, además, varios lesionados que fueron trasladados hacia hospitales. La información oficial tampoco aporta más datos sobre el estado de salud de estos pacientes.

Con los apagones e intermitencias del Internet, el relato que pertenece a la ciudadanía fue capitalizado por el gobierno. Pero las imágenes, extremadamente violentas, que han ido apareciendo en redes y medios internacionales, hablan solas. Nada de lo que se escriba es más potente que la realidad misma.

Los hijos “malditos” de la Revolución cubana

El grupo, según se ve en el video, había salido del punto más céntrico del barrio hasta la Calzada de Bejucal, a pocas cuadras, e iban coreando por el camino varias consignas que difieren del histórico “Patria o Muerte” con que se ha prolongado en el poder por más de 60 años el Partido Comunista.

En otras imágenes que se volvieron virales en las redes, aparecen efectivos de tropas especiales, con escudos, junto a jóvenes que llevan bates y palos en las manos. Al fondo un camión del que deben haber bajado. Los jóvenes parecen ser reclutas del Servicio Militar Obligatorio (SMO). Una de las imágenes muestra a policías de uniforme negro caminando por las calles de La Güinera. Otra, muestra a los jóvenes de los bates caminando en la misma dirección: la Calzada donde se ubica la estación de policía. A pesar de los puntos ciegos, entre una foto y otra, hay indicios para creer que marcharon hacia ese punto.

De lo que vino después, solo contamos con la versión oficial, si bien vecinos dijeron que los estanques de basura cercanos a la estación fueron quemados, y que “mataron a golpes” al jefe de sector de la policía. Esta información no ha podido ser confirmada y, en todo caso, las muertes no son bienvenidas. Más allá de los rostros y de quienes empuñan armas o dan golpes, hay un sistema que lo está propiciando. Pero la izquierda desconfía de los testimonios y relativiza el conflicto porque es Cuba, su paradigma emancipatorio. Relativiza por el embargo y porque le teme a mentiras y a verdades de Miami, donde por estos días mucha gente no pega un ojo por estar al tanto de la situación de la isla de la que emigraron y hasta huyeron.

Desde allá, cerca del lugar de los hechos, La Güinera, un joven médico, dijo vía telefónica que una doctora de guardia ese día le contó cómo llegaron varios heridos, entre ellos un menor de 13 años, a los dos hospitales más cercanos: Julio Trigo, para adultos; y Aballí, un pediátrico. Al menor, herido de bala que no se ha confirmado si metálica o de goma, lo trasladaron al Hospital Nacional, indica la fuente. “Sobrevivió”, dice, pero no sabemos de su estado de salud actual. Mientras tecleo, la misma fuente me escribe: “La madre del muchacho que mataron (Laurencio) se suicidó ayer. Tomó pastillas. Ese era su único hijo”.

Por Darcy Borrero Batista

*periodista cubana radicada en Miami

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