MIAMI.- El anuncio lo hizo el canciller Bruno Rodríguez el 28 de octubre en un salón de la Universidad Howard, en Washington, DC, como plato fuerte de un evento denominado IV Encuentro de Cubanos Residentes en Estados Unidos en Defensa de la Soberanía Nacional y Contra el Bloqueo. Estuvieron presentes delegados de varios Estados y decenas de agencias de viaje.

Los cambios

En vigor desde el 1 de enero de 2018, las medidas levantan prohibiciones de décadas. Según documento de la cancillería cubana, estas son:

  • Eliminar la “habilitación” del pasaporte para los viajes a Cuba de los emigrados cubanos.

  • Autorizar la entrada y salida a Cuba de ciudadanos cubanos residentes en el exterior en embarcaciones de recreo, a través de las Marinas Turísticas Internacionales Hemingway y Gaviota-Varadero.

  • Permitir la entrada a Cuba de los ciudadanos cubanos que salieron ilegalmente del país, excepto aquellos que lo hicieron a través de la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo.

  • Eliminar el requisito de avecindamiento para que los hijos de cubanos residentes en el exterior, que hayan nacido en el extranjero, puedan obtener la ciudadanía cubana y su documento de identidad.

Para entenderlas, cualquier lector no cubano tendría que apoyarse en el Diccionario del surrealismo del socialismo tropical (en caso de que existiera). De otro modo pudiera creer que le toman el pelo: nada de lo anunciado puede hallarse en normativas migratorias internacionales similares. A falta del Diccionario, conviene explicarlas:

La llamada “habilitación”, que en lo adelante quedará eliminada, es una categoría diseñada para exclusivo uso de los cubanos que no residen en la isla. En realidad, ha sido un recurso extorsivo para obligar al viajero a abonar una cantidad adicional de dinero, a pesar de contar con un pasaporte debidamente actualizado; también funcionó como mecanismo para acallar críticas y disuadir algún tipo de actividad considerada “anticubana”. Con todo, queda en pie otro procedimiento extorsivo: la “prórroga”. Si el pasaporte cubano tiene vigencia de 6 años, ¿cómo se explica que haya que renovarlo cada dos? He aquí otra figura ideada para exprimir a los emigrados. Lo demuestra el hecho de que, si el pasaporte fuera utilizado para viajar a otro país, la tal prórroga sería innecesaria.

Pasemos a las “embarcaciones de recreo”. Hasta ahora, un estadounidense, canadiense o francés podía viajar a la isla en su yate, no así los cubanos. ¿Razones? Se consideraba que era un acto potencialmente peligroso para la seguridad nacional o, en todo caso, un mal ejemplo frente a tantas carencias. Ahora se da la bienvenida a las embarcaciones de cubanos radicados en el extranjero, pero no se permite a los nacionales y repatriados poseerlas y mucho menos usarlas para viajar. Los únicos yates permitidos son los de la “nomenclatura”.

El retorno al país —sea de manera temporal o permanente— lo decide el gobierno. Hasta ahora, se prohibía regresar a aquellos que habían salido del país de manera ilegal, sobre todo balseros. El texto advierte que se mantiene, no obstante, la prohibición para aquellos que lo hicieron a través de la Base Naval de Guantánamo. Además, aunque ya pueden retornar quienes salieron de manera ilegal, la veda persiste, durante ocho años, para aquellos profesionales, diplomáticos, artistas y deportistas que abandonen “misiones oficiales”. No hay referencia a la penalidad, no escrita, de cuatro años de negativa de salida para la familia de un “desertor”.

Anteriormente, los hijos de cubanos nacidos en otro país no podían obtener la nacionalidad cubana. En otros países, el vínculo consanguíneo es suficiente. En lo adelante, ese obstáculo queda eliminado. Muy bien, el hijo ya tiene la nacionalidad cubana y su documento de identidad (para lo cual tiene que pagar $350 de entrada, y $160 cada dos años). ¿Cuáles son los beneficios de este, el pasaporte más caro del mundo? En la isla, ninguno; allí el pasaporte “abrepuertas” es el extranjero. Y fuera de allí mucho menos: el documento cubano, según el sitio Passport Index, ocupa el puesto 67 de un ranking mundial de 98.

Los cambios, ¿positivos, suficientes?

Al igual que las regulaciones aprobadas en el 2013 (eliminación del Permiso de Salida, requisito de Carta de Invitación y permanencia en el exterior extensiva a 24 meses), estas de 2017 resultan, muy positivas en tanto benefician la comunicación entre las familias y, en general, entre cubanos.

Desde luego, no son suficientes. Hay otros cambios, mucho más relevantes, que quedan pendientes, a saber: aceptar el uso del pasaporte de Estados Unidos por parte de ciudadanos estadounidenses de origen cubano; rebajar el precio del pasaporte cubano; permitir la estancia en la isla por tiempo ilimitado; admitir el ingreso de cualquier persona, con independencia de su credo político o religión; y autorizar la salida y garantizar el regreso de cualquier persona, sin aplicar represalias por pensar diferente.

A decir verdad, sería inconcebible que se emprendieran dichos cambios, con lo cual desecharía una fuente segura de divisas, además de perder parte del control sobre los ciudadanos.

Las causas

Al igual que en el 2013, pero quizás con mayor apremio en vista de la situación en Venezuela y la disminución del turismo norteamericano, el gobierno cubano está muy necesitado de moneda dura. Así, todos los cambios anunciados confluyen en una sola meta: promover viajes.

Luego de la expulsión de 15 funcionarios de la embajada de Cuba en Washington —debido a los “ataques” contra diplomáticos de EEUU en La Habana—, resulta imposible asumir los trámites burocráticos exigidos para viajar a la isla: era urgente hacer arreglos para obviarlos.

La motivación es estrictamente económica, aunque, de paso, pudiera servir como recurso propagandístico. El turismo es la segunda fuente de ingresos en divisas después de la exportación de servicios profesionales. Solamente en el primer semestre de 2017 Cuba obtuvo, según cifras oficiales, cerca de $1.500 millones en ingresos. Al parecer, el panorama será radicalmente diferente en el segundo semestre.

Las perlas de Bruno

Durante la reunión en Washington hubo dos frases del canciller Rodríguez que provocaron el aplauso unánime del auditorio. Son verdaderas “perlas” y merecen analizarse por separado.

El Gobierno de Estados Unidos cierra y Cuba abre”.

Falacia. La cantidad de turistas no es criterio para medir la apertura de Cuba al mundo —tal como pidió Juan Pablo II—. Eso solamente pudiera ocurrir cuando exista libertad de prensa, libertad de culto, pluripartidismo y elecciones libres y, por cierto, total cumplimiento del artículo 13 de la declaración de Derechos Humanos (“Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado” y a “salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país”).

Lo que ha hecho Cuba es facilitar trámites para incentivar viajes y así obtener divisas. Ello no significa mayores libertades ni mejores condiciones de vida para la población, aunque puede ser una buena noticia para los viajeros y, sobre todo, para las agencias de viajes.

“Es inaceptable e inmoral que cualquier diferencia política entre Gobiernos dañe a los pueblos”.

Esta es la perla mayor. Recomiendo leerla de nuevo.

Desde 1959 al presente las relaciones conflictivas entre Cuba y EEU —momentos mejores y peores— han repercutido directamente en la vida cotidiana de los cubanos. El grupo en el poder secuestró la nacionalidad y consideró a todo aquel que disintiera como apátrida, traidor, no persona. Cárcel, palizas, amenazas, vigilancia, acoso, discriminación. Con el castrismo la familia cubana se dividió por motivos políticos, algo que no había ocurrido nunca durante la República.

Quienes optaron por emigrar a Estados Unidos fueron catalogados de “gusanos” y “escoria”, y muchos fueron objeto de mítines de repudio, una variante tropical de los pogromos antijudíos que popularizó el nazismo. Al marcharse, lo perdieron todo: patrimonio (casa, propiedades, reliquias) y derechos. En el aeropuerto de Rancho Boyeros se despojaba a las mujeres hasta de sus anillos de boda. Y la salida era, de verdad, “definitiva”, porque no había esperanza de regreso y muy poca de comunicarse.

La persona desaparecía. “Irse de Cuba (…) era como ‘morirse’ en un doble sentido: porque los que lo hacían ‘pasaban a mejor vida’ según el humor popular, y porque el que se iba no volvía”, dice Armando Navarro Vega en su libro Cuba, el socialismo y sus éxodos (2013).

En los formularios aparecía la consabida pregunta: “a) ¿Tiene familiares en el extranjero?”. “b) ¿Mantiene correspondencia con ellos?”. Las cartas demoraban (recientemente supimos que existe una enorme instalación donde se revisan las cartas y paquetes en busca de ‘información’ de interés) y las llamadas telefónicas eran casi milagrosas. Pero la correspondencia podría quemar las manos. Una artista famosa prefería recibirla en otra dirección por temor a represalias. Si decías que sí al inciso b) de los formularios, ya te condenabas. Muchas familias prefirieron negarlo; otras cortar la comunicación. ¡Qué difícil y penoso, 30 o 40 años después, recuperar el vínculo!

Sí, las diferencias políticas entre Cuba y Estados Unidos, ocasionaron mucho sufrimiento al pueblo cubano. Muchas familias se separaron porque algún de sus miembros estaba en edad de servicio militar y se le impedía emigrar.

Por mucho tiempo, y hasta nuestros días, a infinidad de personas le negaron la entrada a su propio país en casos de fallecimiento de familiares. Y otros tantos engrosaron listas negras por escritos, declaraciones o actividades políticas. O por meras sospechas.

El gobierno administra su finca a su antojo y abre y cierra la talanquera de sus trillos a su conveniencia.

Las reacciones

Las agencias de viaje que asistieron a la reunión de Washington tienen razones para estar de plácemes. Más viajes, más negocio. Curiosamente, se mostraron silenciosas” fueron infructuosos los intentos de DIARIO LAS AMERICAS por recoger las opiniones de directivos. Cuba Travel Services, Havana Express y Machi Community Services no respondieron a las llamadas. La única excepción fue Vacuba, quizá una de las más populares. Silvana Echeverri, quien se identificó como directora (aparece en la web como “President’s Assistant”), admitió haber participado en la reunión, pero dijo que “no podemos hablar”, “respetamos las leyes” y “nos regimos por lo que dice la embajada (de Cuba)”.

Fue imposible conversar con Alejandro Cantón, presidente de la agencia Somos Cuba Travel Services. Este declaró el 2 de noviembre en el programa de Mega TV, “Tejera en vivo”, que se habían eliminado “trabas”, como la prórroga o la prohibición de ingreso a los balseros. Los cambios, dijo, “son muy positivos para todos”.

La abogada de Inmigración Grisel Ybarra les restó importancia. En su opinión, el gobierno cubano trata de “engatusar” a la gente para atraer más visitas y obtener divisas. “El fin de las regulaciones no es beneficiar a los cubanos sino beneficiar al gobierno”. Ybarra confiesa que, “si tuviera un yate, lo pensaría muy bien antes de viajar a Cuba, pues ese es un país sin leyes y cualquier cosa puede ocurrir”.

La abogada no le ve sentido a que los padres de un niño, nacido en otro país, reclamen un pasaporte cubano. “¿A quién le interesa ese pasaporte?”, se pregunta. Ybarra cuenta que ha atendido numerosos casos de cubanos que han tenido accidentes o enfrentado casos civiles. “Ir a Cuba puede ser problemático. Además, si eres ciudadano de Estados Unidos, ¿a quién le vas reclamar, si te sucede algo? Estás indefenso. ¿Qué país dará la cara por ti?”, indicó.

En la isla, la oposición interpreta las medidas con escepticismo. Un día antes del anuncio, el 26 de octubre, y como para no dejar dudas de que una cosa es la propaganda y otra la vida real, las autoridades cubanas le negaron la entrada a Ofelia Acevedo, esposa de Oswaldo Payá Sardiñas. Ofelia había viajado a la isla con la finalidad de recibir el informe de autopsia de su esposo.

“Todo el tiempo estuve reclamando que me explicaran las causas por las que yo tenía la prohibición de ser admitida en mi país, y en ningún momento me las dieron”, declaró Acevedo al periodista Luis Leonel León, de DIARIO LAS AMÉRICAS. “Es una arbitrariedad, un acto evidente de represión”.

Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, ve ese acto como una muestra de la hipocresía del régimen. Ella misma, apenas el 27 de octubre, sufrió la violación del derecho de circulación. “Tenía una invitación para viajar a Nueva York, pero me dijeron en el aeropuerto que no podía salir; sin más explicaciones. Esta es la cuarta vez en el año que eso sucede”. Soler menciona que también ha sucedido con José Díaz Silva, del Movimiento Democracia; Manuel Cuesta Morúa, del Partido Arco Progresista; con miembros de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y las Damas de Blanco, entre otros.

“Les dicen en el aeropuerto que deben una multa o que su carnet de identidad tiene errores”, afirma Soler. A su juicio, los cambios tienen una finalidad económica. “Ahora, como se ven con el agua al cuello, y la embajada de Cuba en Washington está prácticamente cerrada, han tenido que levantar las prohibiciones, que nunca debieron existir, para aumentar el flujo de turistas”.

Para Sebastián Arcos, subdirector del Cuban Research Institute, de la Florida International University (FIU), la motivación primordial del régimen es económica, aunque sin dejar de explotar la situación desde el punto de vista político. “Tienen que ampliar la base de sus clientes en momentos en que la administración Trump, por causas ajenas a su voluntad, les estrecha el campo que se había abierto con Obama. Hay menos turistas estadounidenses, y probablemente menos cubanoamericanos, yendo a Cuba. Y eso es lo que tratan de evitar”, afirma.

Razones económicas estuvieron detrás de las visitas, en 1979, de los llamados miembros de la llamada “comunidad cubana en el exterior” y también de las que realizan los cubanoamericanos casi medio siglo después. Difícilmente alguien trague el cuento del canciller sobre la preocupación sincera de su gobierno por el bienestar de los ciudadanos. Este siempre ha medrado del conflicto y azuzado el fantasma del enemigo (yanqui) para coartar las libertades y atornillarse en el poder.

Arcos discrepa: “Lamentablemente, mucha gente de aquí y del resto del mundo se inclina a aceptar lo que dice el gobierno cubano como la verdad. Bien porque simpatizan con este, bien porque no simpatizan con los norteamericanos. Y son fuerzas nada despreciables”, concluye.

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