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LA HABANA.- El tiempo en Cuba es diferente. Existe un calendario de doce meses, 365 días y las horas tienen sesenta minutos. Pero aquí “time” no es “money”. Todo lo contrario.

Las jornadas laborales son el pretexto perfecto para que un segmento amplio de trabajadores realice sus compras o paguen las facturas de la electricidad. O no hagan nada. Solo chismear del último lance amoroso, jugar Angry Birds con el teléfono móvil o comentar un partido de fútbol en el Mundial de Rusia.

La improductividad en las empresas estatales, que son la mayoría, es monstruosa. Los centros de trabajo son una especie de trofeo de caza donde los operarios acuden a robar cuánto puedan.

En Cuba todos se toman su tiempo. Construir un edificio de vivienda puede demorar veinte años, los funcionarios del Estado tienen como lema 'sin prisa, pero con pausa' y un trámite legal cualquiera te puede llevar varios meses.

Les presento a Rosa, una ingeniera industrial que devenga un salario varias veces inferior al de un carretillero que vende frutas, frijoles y viandas en la esquina del barrio.

Durante su jornada laboral, Rosa aprovecha y recorre los agros, hace una cola de hora y media para comprar las diez almohadillas sanitarias que asigna el régimen verde olivo a las mujeres nacidas en la Isla.

Incluso le alcanza el tiempo para darle a DIARIO LAS AMÉRICAS su opinión del nuevo mandatario y sus expectativas de cara al futuro. “Considero positivo que Díaz-Canel esté siempre en las noticias. Se reúne todos los días con alguien, recibe a políticos extranjeros y por la mañana puede estar en La Habana y por la tarde en Santiago de Cuba”, señala y agrega:

“Pero un palo no hace monte. A Díaz-Canel lo veo con cara de persona azorada, escoltado por Ramiro Valdés o Machado Ventura, que lo miran igual que un profesor a un alumno tomando notas en una agenda y escuchando a todo el mundo. Luego hace preguntas manidas, da un discursito populista, pero hasta el momento no ha solucionado problemas hace mucho tiempo acumulados. Todavía no lleva tres meses en el poder, pero sigue dándole vueltas a la noria sin resolver nada. El pueblo le va a enfilar los cañones. Los cubanos estamos cansados de tanta muela”.

Según Arturo, quien utiliza su viejo Ford de 1954 como taxi colectivo, “se rumora que el hombre (Díaz-Canel) se ha puesto una gorra y un par de gafas y ha caminado por las calles hablando y preguntándole cosas a la gente. Tiene otro estilo. Intenta conectar con los ciudadanos de la calle. Ahora, si pasan cuatro o cinco años y sigue en eso y la situación no mejora, al guajiro de Villa Clara le pueden explotar en la cara todos los problemas que tenemos en Cuba”.

La estrategia del presidente designado es buena. Se cuenta que el presidente de Finlandia se transformaba en taxista para conocer de primera mano la opinión de los finlandeses con respecto a su gestión.

Yilian, estudiante universitaria, aprueba que a la calle no solo salga el presidente, "si no los funcionarios de todos los niveles, para conocer en primera persona las duras condiciones de vida de la mayoría de la población. Me da igual que se vista de chofer de un ómnibus o inspector de la vivienda, lo que hace falta es que hablen con la gente y conozcan sus problemas, pero que después los resuelvan. Si siguen imponiendo los criterios desde arriba, en cualquier momento el país puede explotar. El pueblo ya no aguanta más el mismo discurso y la falta de futuro”.

Emprendedores privados consultados siguen con más cautela que optimismo la extensa agenda de Díaz-Canel. “El tipo se ha reunido con casi todas las instituciones. Camina Rampa arriba Rampa abajo y hasta estuvo en el Santuario del Cobre, pero no ha tocado el candente tema del trabajo por cuenta propia. Debiera también reunirse con nosotros, sobre todo después de las medidas divulgadas el 10 de julio”, expresa, Jorge, propietario de una paladar [pequeño restaurante privado] .

Sandra, dueña de una peluquería al oeste de la capital, opina que a estas alturas del juego, con una crisis económica interminable, Venezuela que no puede regalarnos más petróleo, menos turistas y los precios de los alimentos por las nubes, no creo que Díaz-Canel quiera jugar con candela. Sería suicida apretarle más el cuello a los que intentamos salir adelante”.

Sin embargo, y aunque la lógica del pensamiento popular no vea probable que al régimen se le ocurriría adoptar medidas que afectaran a los trabajadores por cuenta propia, el nuevo decreto tributario recientemente emitido por el Gobierno demuestra que en la isla, lo ilógico sigue siendo probable.

Las nuevas obligaciones fiscales han desatado una gran polémica en la población por ser considerados excesivamente desproporcionadas con relación a los bajos salarios que puede ganar un trabajador cubano.

Aunque pudiera parecer que las tímidas reformas económicas emprendidas por el autócrata Raúl Castro fueron incompletas, sería muy complejo revertirlas sin generar un descontento mayoritario entre la población.

Pero nunca se sabe. La Cuba de los Castro es atípica. Va en contra de la lógica humana. Esa es su naturaleza.

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