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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Antes del que feroz tornado volcara autos en el barrio de Santos Suárez, arrancara postes de electricidad y destruyera cientos de viviendas, Aniel, cocinero de un hotel cinco estrellas en la Habana Vieja, ni siquiera saludaba a sus vecinos.

Su casa la enrejó y la transformó en una fortaleza a prueba de robos o asaltos. Cada mañana corría cinco kilómetros por las calles interiores de Santos Suárez y luego de una ducha, mientras escuchaba jazz en su teléfono inteligente, abordaba un taxi colectivo rumbo a su trabajo.

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“Esa era mi rutina diaria. No daba los buenos días ni saludaba a nadie en el barrio. Mi esposa tampoco y mi hijo de 10 años apenas tenía amiguitos. Todo el tiempo metido en su cuarto, entretenido con videojuegos en su computadora. La desigualdad existente en nuestra sociedad, la envidia de muchas personas cuando el prójimo mejora su calidad de vida y el egoísmo nos había convertido en ermitaños”, explica Aniel.

La Habana está lejos de la violencia de Caracas o Río de Janeiro, pero cuando usted camina por sus calles, observa cómo casi la totalidad de las familias se enclaustran detrás de rejas o muros, para intentar resguardar su privacidad.

“La mayoría de mis bienes los conseguí por la izquierda (ilegalmente) y para no tener encima la mirada del CDR y de los vecinos, creía que la mejor solución era apartarme de la gente. Las fiestas eran con familiares o amigos del trabajo. Pero después que pasó el tornado, cuando me paré en el portal y vi aquellos destrozos a mi alrededor, me quedé sin palabras. Recorrí la barriada y cuando regresé a la casa, tras haber visto aquellas escenas, que parecían sacadas de una película de la Segunda Guerra Mundial, muchas cosas cambiaron de repente”, confiesa Aniel.

Como su casa no sufrió daños, habilitó una habitación vacía y se la ofreció a un matrimonio joven y su hija. "Los conocía de vista. Su vivienda quedaba a tres puertas de la mía, pero ni siquiera sabía cómo se llamaban. Cuando una noche regresé del hotel, me partió el alma verlos durmiendo a la intemperie, porque habían perdido su casa. Mi esposa, mi hijo y yo estuvimos de acuerdo en darles cobijo. Donde caben tres caben seis. No hace falta ir a la iglesia a escuchar una misa para que las personas se rediman consigo mismas”, concluye Aniel.

En las calles habaneras se había convertido en un tópico la pérdida de valores en la sociedad, los malos modales, hablar a gritos y con palabrotas deformando el idioma español en una jerga vulgar e incomprensible. Regina, madre soltera de dos hijos que intenta sobrevivir en las duras condiciones del socialismo cubano lavando y limpiando en casas particulares, reflexiona al respecto:

“Tu notabas cómo las personas con más recursos se distanciaban de los que éramos pobres. Nos miraban por encima del hombro, por nuestra mala suerte en la vida, no vestir ropa de marca o tener un teléfono celular de última generación. Pero después de que pasó el tornado, la solidaridad y el altruismo los ha cambiado. Vecinos que nunca me saludaban, me han dado dinero, comida y ropa. Y yo no fui de las más afectadas. El gobierno pa’darte unos pocos materiales de la construcción, que aunque te lo rebajen a mitad de precio, hay que pagarlos, tienes que soportar una burocracia enorme y, encima, te piden que votes Sí a la Constitución. Pero la gente te da lo poco que le sobra sin nada a cambio”.

Aunque el régimen verde olivo ha reseñado la solidaridad de los vecinos, en los medios estatales le ha dado poco espacio a la ayuda desinteresada y gratuita de cientos de emprendedores privados, artistas y deportistas famosos.

Carlos, sociólogo, considera que “el gobierno, como siempre, opta por sobredimensionar sus logros y ocultar sus fallos. Obvian que los trámites para comprar materiales (no todos lo que se necesitan para levantar una casa), además de que son engorrosos, los materiales tienes que pagarlos. Las condiciones de los albergues destinados a los que perdieron su casa no son las mejores. Pero Díaz-Canel, en un tono de alarde, prefiere destacar que fue el Estado el que puso la luz en cinco días o el agua en cuatro. Eso es lo que le corresponde solucionar a cualquier administración pública. Han pretendido ningunear las ayudas del sector privado, de la iglesia y de los cubanos residentes en el exterior”.

Algunos pocos ejemplos. La cantante Haydée Milanés salió a repartir agua, ropa y aseo por Luyanó. La Fábrica de Arte Cubano ha movilizado a decenas de músicos y artistas y entregado ayudas en Regla y Guanabacoa. La joven actriz María Karla Rivero Veloz, hija del periodista Raúl Rivero y la actriz Coralita Veloz, viajó de Miami a La Habana con un cargamento de artículos útiles reunidos en tiempo récord por compatriotas de la Florida. El pelotero Alfredo Despaigne, que juega en la liga japonesa, donó 21.000 dólares a damnificados en la barriada de Jesús del Monte. Dueños de paladares y cafeterías particulares de la capital donaron alimentos o sirvieron comidas a módicos precios.

Tras el paso del tornado, miles de cubanos en el exterior giraron dinero y paquetes a los afectados por el tornado, fueran o no familiares. “Cada día, como promedio, nosotros entregamos de 10 a 15.000 pesos convertibles. Pero desde hace dos semanas los giros desde Estados Unidos y Europa se han triplicado”, indica una empleada de la sucursal de Western Union ubicada en la Tienda Brimart, del municipio Diez de Octubre.

Mientras aguarda en la cola para recoger un dinero enviado por su hermano desde Tampa, Diana, ama de casa, se desahoga: "Me molesta que el gobierno infle el pecho por lo rápido y eficaz que ha sido en la recuperación de los daños, cuando eso es lo que le corresponde. No todo lo que dicen es cierto, algunas cosas son mentiras. Hay personas que hace 20 años perdieron su casa por culpa de un ciclón y todavía no les han dado una vivienda. También me molesta que al gobierno y a la prensa en Cuba no les guste reconocer el importante papel de las familias cubanas en el exterior. Nunca publican la cantidad de remesas enviadas, pero son miles de millones de dólares. Un porcentaje elevado de cubanos podemos comer y vivir mejor, gracias a ese dinero. Ahora, a raíz del tornado, mientras el Estado te pide un montón de papeles para darte arena, bloques y cemento, y lo divulga a los cuatro vientos, un amigo mío que vive en Miami, sin tanta pamplina, me mandó 500 dólares para arreglar el techo de la casa”.

Si en algo coinciden los cubanos de a pie es que el despliegue de miles de ciudadanos en La Habana fue impresionante. Nunca se había visto una movilización espontánea de esa magnitud. Ojalá ese sentimiento solidario perdure más allá del desastre.

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