Durante el primer semestre de 2026, los ingresos por turismo de República Dominicana alcanzaron US$6,716 millones, un aumento de 15.3% frente al mismo período del año anterior. Más de 6.5 millones de visitantes llegaron al país durante esos seis meses. Las cifras, publicadas por el Banco Central a finales de julio, muestran una dimensión del turismo que va más allá del número de viajeros que aterrizan en Punta Cana, Santo Domingo, Puerto Plata o Santiago.
US$20,500 millones que van más allá de los hoteles
La dimensión económica aparece con mayor claridad en los cálculos del World Travel & Tourism Council (WTTC). Según su investigación de impacto económico, el sector de viajes y turismo aportó aproximadamente US$20,500 millones al PIB dominicano en 2024, equivalentes al 16.1% de la economía nacional.
Ese mismo año, la actividad sostuvo más de 876,000 puestos de trabajo, alrededor del 17.6% del empleo del país.
La magnitud de esas cifras cambia la manera de interpretar el turismo dominicano. Una industria que representa aproximadamente uno de cada seis dólares de actividad económica y una proporción similar del empleo no opera de manera aislada. Su impacto se distribuye a través de una cadena extensa.
Un visitante necesita transporte aéreo y terrestre, alojamiento, alimentos, servicios financieros y telecomunicaciones.
La construcción de nuevos proyectos turísticos moviliza inversión inmobiliaria, materiales y empleo. Hoteles y restaurantes demandan agricultura, bebidas, energía, tecnología, mantenimiento y servicios profesionales. Por eso el impacto económico estimado por WTTC incorpora efectos directos, indirectos e inducidos y no debe confundirse únicamente con los ingresos de hoteles o establecimientos turísticos. Es precisamente esa diferencia la que permite hablar del turismo como un motor de país.
Las divisas muestran otra dimensión
El Banco Central ofrece otra forma de medir esa relevancia. Durante enero-junio de 2026, los US$6,716 millones en ingresos por turismo representaron US$891.2 millones más que en el mismo período de 2025. El incremento fue de 15.3%. Las llegadas de visitantes crecieron 7.9% y superaron los 6.5 millones.
Para una economía abierta como la dominicana, esos ingresos tienen una función que trasciende al propio sector turístico. Forman parte de las principales fuentes de divisas del país junto con las exportaciones, las remesas y la inversión extranjera directa. En el primer semestre de 2026, el Banco Central calculó que estas fuentes, junto con otros servicios, generaron más de US$26,500 millones en divisas. El turismo representa así una conexión directa entre la capacidad del país para atraer visitantes y su posición externa.
No todos los efectos pueden atribuirse a una sola política ni a una administración determinada. República Dominicana construyó su industria turística durante décadas mediante inversión privada, infraestructura, conectividad aérea, promoción internacional y desarrollo de destinos.
Los datos recientes muestran, sin embargo, la escala que el sector mantiene durante la administración de Luis Abinader y su peso dentro de la economía actual.
Empleo: la otra gran cifra del turismo
El impacto sobre el empleo es igualmente significativo. WTTC calculó que los viajes y el turismo sostuvieron más de 876,000 empleos en República Dominicana durante 2024 y proyectó para 2025 una cifra cercana a 893,000 trabajadores, equivalente al 17.9% de la fuerza laboral nacional.
La proyección económica para 2025 situaba además la contribución del sector por encima de US$21,000 millones. Estas cifras incluyen tanto el empleo directamente vinculado a la actividad turística como el generado a través de su cadena económica más amplia.
Esa característica explica por qué la discusión sobre turismo termina conectándose con cuestiones que, a primera vista, parecen pertenecer a otras políticas públicas: formación profesional, movilidad, vivienda, infraestructura, energía, gestión urbana y desarrollo territorial.
El crecimiento del número de visitantes amplía las oportunidades económicas y, al mismo tiempo, refuerza la importancia de seguir desarrollando los servicios y capacidades que acompañan a una industria de esa escala.
Una potencia turística dentro de una región turística
República Dominicana forma parte, además, de una región en la que el turismo tiene un peso económico excepcional. WTTC calculó que viajes y turismo aportaron aproximadamente US$81,400 millones a la economía del Caribe en 2024, equivalentes al 17.6% de la economía regional. Para 2025, el organismo proyectó una contribución cercana a US$86,000 millones y más de tres millones de empleos. El contexto ayuda a entender tanto la oportunidad como la competencia. Los destinos del Caribe comparten mercados emisores, conexiones aéreas y una parte importante de su propuesta turística. La capacidad de mantener visitantes, inversión y gasto depende por ello de factores que van más allá de los atractivos naturales: conectividad, infraestructura, calidad de los servicios, capital humano y capacidad de desarrollar productos turísticos diferenciados.
A escala internacional, la relevancia económica del sector también continúa aumentando. Los datos más recientes del WTTC estiman que viajes y turismo representaron 9.8% de la economía mundial en 2025, con una contribución de US$11.6 billones y 366 millones de empleos.
La comparación ayuda a dimensionar el caso dominicano: el peso relativo del turismo sobre la economía nacional es considerablemente superior al promedio mundial.
De destino turístico a plataforma económica
Esa escala modifica también la pregunta sobre el futuro del sector. Cuando el turismo alcanza una participación económica significativa, crecer deja de significar únicamente sumar habitaciones o aumentar las llegadas. La discusión se amplía hacia cuánto valor permanece en la economía local, qué empleos se generan, qué proveedores participan en la cadena y qué territorios pueden integrarse a nuevos circuitos de desarrollo.
WTTC identifica precisamente talento y empleo, infraestructura y conectividad resilientes, transformación digital, entorno empresarial y acceso al financiamiento entre los factores necesarios para sostener el desarrollo turístico en América Latina y el Caribe.
Para República Dominicana, esas variables conectan el turismo con una agenda económica más amplia. Durante la presidencia de Luis Abinader, el país ha mantenido elevados volúmenes de visitantes mientras el turismo continúa representando una fuente relevante de divisas, empleo y actividad económica. Este desempeño se apoya en una industria desarrollada durante décadas y en la participación conjunta de empresas, trabajadores, comunidades e instituciones públicas.
Los datos permiten por ello una lectura que va más allá de la promoción de un destino. En República Dominicana, el turismo funciona simultáneamente como industria de servicios, mercado laboral, fuente de ingresos externos y generador de demanda para otras actividades productivas.
La siguiente etapa ofrece la oportunidad de ampliar esas conexiones: que el crecimiento del turismo continúe trasladándose hacia empleo, proveedores, infraestructura, inversión y oportunidades económicas en diferentes partes del territorio.
Para un país en el que viajes y turismo representan una parte sustancial de la actividad económica, el verdadero indicador ya no es únicamente cuántas personas llegan, sino cuánto valor económico se construye alrededor de cada llegada.
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