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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Cuando el 4 de mayo varios camiones de remolques, un par de retroexcavadoras y el ruido ensordecedor de una brigada de martillos eléctricos del Contingente Blas Roca comenzó a demoler la Tribuna Antiimperialista, una plaza con arcos de estructuras metálicas al mejor estilo del realismo socialista soviético, Ana Luisa, vecina de la calle Calzada, en el Vedado habanero, pensó que “por la fiebre de hoteles que tiene esta gente (el gobierno), habían dado la orden de derribarla para construir uno de lujo”.

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Popularmente conocida como Protestódromo, la Tribuna Antiimperialista fue levantada a pocos metros de la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Inaugurada el 3 de abril del 2000, formaba parte de un proyecto del difunto dictador Fidel Castro durante la intensa campaña por el retorno del niño balsero Elián González, quien en diciembre de 1999 milagrosamente se salvó, cuando naufragó la precaria embarcación donde viajaba rumbo a EEUU con su madre Elizabeth Brotons, fallecida en la travesía.

La tribuna fue sede de innumerables marchas de protestas y actos políticos durante la autodenominada Batalla de Ideas instaurada por Castro en sus últimos años de gobierno. También ha sido escenario de multitudinarios conciertos, entre ellos del dúo puertorriqueño Calle 13, el grupo australiano Air Supply, la cantante puertorriqueña Olga Tañón, el cantante franco hispano Manu Chao y más recientemente DJ Diplo y la agrupación estadounidense Major Lazer.

También por iniciativa de Fidel Castro, el 6 de febrero de 2006, en un acto que presidió, se inauguró el llamado Monte de las Banderas, cuyo objetivo era camuflar la pantalla digital colocada por la entonces Sección de Intereses para brindar información a los cubanos. Se erigieron 138 astas con igual número de banderolas, que primero eran de color negro con una estrella blanca al frente, y luego sustituidas por banderas cubanas.

Al estar ubicada frente al Malecón habanero, el salitre, las penetraciones del mar y los huracanes fueron deteriorando aceleradamente las instalaciones de la Tribuna Antimperialista.

Residentes de la zona siempre fueron muy críticos por la presencia de la Tribuna Antiimperialista. “Ay mi’jo, la que se armaba aquí cuando tocaba alguna orquesta era tremendo. Broncas con armas blancas, fajazones, trompones, parecía un cartel de boxeo olímpico, sin contar que la gente se orinaba o defecaba en cualquier lado. Los vecimos queríamos que la cerraran mejor”, comenta Lucilda, ama de casa.

Héctor, dueño de una cafetería, comenta que “cuando la embajada yuma funcionaba a full, las ventas eran muy buenas pues todos los días atendías a cientos de personas. Ahora la cosa está mala, porque ya no hay conciertos en la Tribuna ni casi nadie viene a la embajada. Cuando me dijeron que iban a construir un hotel salté de alegría. Pero luego salió en la televisión que no, que la van a reparar por el 500 aniversario de la fundación de La Habana”.

Barbarita, inquilina de un ruinoso caserón en la Calle K, considera que “con la que está cayendo en el país, el gobierno gastando dinero en remozar el Protestódromo, cuando por los alrededores, cientos de vecinos, como es mi caso, tenemos tremenda necesidad de vivienda”. Y cuenta que en 2005, hace catorce años, "cuando por causa de las lluvias se me levantó el piso, planteé la primera queja. Otros vecinos y yo, hemos ido a todas partes. No me ha quedado ministerio o institución por visitar, desde el Instituto de la Vivienda, el Poder Popular [Gobierno], el Partido provincial hasta el Consejo de Estado”. Y muestra los destrozos que han provocado las lluvias y los huracanes en su casa.

En una carpeta gruesa, Barbarita tiene compilada todas las cartas y sus respectivas respuestas de las entidades gubernamentales y un número de expediente, 2284/05, que le abrieron en el Instituto de la Vivienda.

“Nos han engañado. Nos prometen soluciones que jamás cumplen. Año tras año vienen los especialistas y dictaminan las obras que se deben hacer. Después nadie hace nada. Cuando el huracán Irma, en 2017, las aguas subieron hasta más de dos metros dentro de mi casa. Los vecinos de la planta baja tuvimos que subir al segundo piso. Lo perdí todo. Las aguas me estropearon todos los equipos y mis muebles. Las autoridades no nos dieron ni un colchón”, precisa Barbarita.

Sin embargo, a pesar de la tensa situación financiera, desabastecimiento de alimentos y una nueva vuelta de tuerca al embargo económico por parte de la administración Trump, el régimen decide abrir la billetera y renovar una plaza heredada de la narrativa castrista. “Bajo ninguna circunstancia vamos a demoler la Tribuna, no tendrá otro fin que seguir siendo la plaza por excelencia para la lucha contra el imperialismo”, aseguró al medio digital oficialista Cubadebate, Orlando Llanes Mestres, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial de La Habana.

Según la prensa estatal, la primera fase debe concluir el 26 de julio. En esa etapa se demolerán todas las estructuras dañadas, lo que permitirá el acondicionamiento del área de trabajo, para luego comenzar a levantar las plataformas sobre las cuales se construirán dos nuevas edificaciones de un piso en el lugar que ocupaba el antiguo escenario.

Un proyectista de la obra reveló a DIARIO LAS AMÉRICAS que “utilizarán materiales de primera calidad y resistentes al salitre. También se remodelarán varios edificios de los alrededores, centros gastronómicos y nocturnos”. Consultado por el costo de la renovación dijo que “supera los treinta millones de pesos e igual cifra en moneda dura. Sin contar el equipamiento técnico que se instalará posteriormente”.

A dos cuadras la Tribuna Antiimperialista, en un mercado en la planta baja del edificio Focsa, Elena, empleada bancaria, lleva una hora haciendo cola, a ver si puede comprar pechugas de pollo. Cuando usted le pregunta su opinión sobre la remodelación del Protestódromo, responde:

“Los ‘mayimbes’, como siempre en la luna de Valencia. Mucho discurso patriótico, defender a cualquier precio a Venezuela y gastando un dineral en reparar la Tribuna Antiimperialista, mientras la gente tiene que inventar pa’ alimentarse. Para el gobierno, los símbolos son más importantes que la comida del pueblo”.

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