El diamante que tengo en La Habana se llama Melany García Roig. Es mi nieta, hija de mi hijo, el periodista independiente Iván García Quintero, y de la ingeniera Margarita Roig Cárdenas. Nació el 3 de febrero de 2003. No la conozco, pero sus padres se han encargado de que, a pesar de la distancia, no me haya perdido su desarrollo como niña, adolescente y joven.
Sacó las mejores notas en la enseñanza primaria, después en la secundaria y finalmente en el preuniversitario, como en Cuba llaman al bachillerato, que terminó en febrero de 2022 con excelentes notas.
Título de bachiller de Melany García Roig.
Cortesía/Tania Quintero
Calificaciones de Melany García Roig.
Cortesía/Tania Quintero
Si en julio de 2024 la Embajada de Estados Unidos en La Habana le hubiera dado la visa a la hija y nieta de dos periodistas independientes, para que en Miami hiciera el examen que le hubiera permitido estudiar en la Universidad Internacional de la Florida (FIU), ya hubiera cursado la mitad de la carrera seleccionada.
Pero a la hija y nieta de dos periodistas independientes desde 1995, no le dieron la visa. Sí, se la han dado a hijos, nietos, hermanos y familiares de funcionarios de la dictadura castrista, unos civiles, otros militares.
Una injusticia difícil de digerir para sus padres, su abuela y sobre todo para ella. Superado el batacazo, mi nieta Melany, que ya cumplió 23 años, sigue superándose por su cuenta, con ayuda de libros y cursos online.
En mi desaparecido blog, a mis dos nietas les dediqué varios posts. En junio de 2012 escribí:
"El domingo 3 de junio mi nieta Yania Betancourt García, cumplió 18 años. Arribó a la mayoría de edad en Lucerna, el cantón suizo donde vive y estudia desde hace nueve años. Es mi nieta mayor. La menor, Melany García Roig reside en La Habana y también nació un día 3, pero del mes de febrero de 2003. Todas las abuelas lo dicen, pero en mi caso es verdad: mis dos nietas son hermosas, buenas e inteligentes".
Su padre, Iván García, también la ha recordado en los tres blogs que teníamos y Google los eliminó:
Gracias al esfuerzo de su abuela y su tía que viven en Suiza, y se quitan del poco dinero que tienen, para que mi hija vea el mundo de otro color, Melany pudo ir a la playa, a una piscina y a un parque de recreaciones. Todo pagado en moneda dura. Mi hija no es tonta. Sabe que la mayoría de sus amiguitos apenas pudieron ir a pasear en estas vacaciones. Como regalo de fin de verano, su madre y yo le habíamos prometido llevarla a la playa de Varadero, a 132 kilómetros al este de La Habana.
Pero ella prefirió que le hiciéramos una pequeña fiesta con sus amiguitos del barrio. Con caramelos, croquetas, refrescos y un cake de capuchino. Una noche me confesó: “Papá, elegí la fiesta para que mis amiguitos puedan disfrutar conmigo algo de lo que se puede comprar en chavitos (cuc o pesos convertibles)".
Para el próximo año, quiere que le hagamos una fiesta de Halloween, con disfraces y todo. Le dije que en Cuba no existe esa tradición. Seria me miró y respondió: “A lo mejor para el año que viene, en Cuba también se celebran las fiestas de Halloween”.
Caminando con su padre por La Habana Vieja el 3 de febrero de 2012.
Cortesía/Tania Quintero
Después de terminar el bachillerato, Melany ingresó en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de La Habana, en la cual aprobó el primer año. Luego se trasladó a la Facultad de Artes y Letras, donde terminó el primer año de Filología. Iba a empezar el segundo año cuando le avisaron que debía prepararse para hacer ese examen en inglés para la FIU, que anteriormente se podía hacer desde la Embajada de Estados Unidos, pero ahora había que viajar a Miami y hacerlo en la FIU. No le dieron la visa y le troncharon sus estudios universitarios.
Facultad de Artes y Letras, marzo de 2024.
Cortesía/Tania Quintero
En 2020, en el blog Desde La Habana, ya desaparecido, salió un post suyo titulado "Tres meses sin salir de mi casa". Cuando lo lean, comprenderán por qué considero que mi nieta Melany es un diamante.
Ya se han cumplido tres meses desde el 23 de marzo de 2020, día que comenzó la cuarentena en Cuba, aunque al estar prácticamente todos los días sin salir de la casa, parece mucho más tiempo.
En estos tres meses, me he tomado un tiempo para pensar y reflexionar sobre mi futuro.
He intentado aprender cosas nuevas e incluso hacer algo de ejercicio cada vez que puedo, pero sobre todo he percibido la importancia de esas cosas que antes parecían insignificantes: al mirar por el balcón se nota claramente la diferencia, pero también estoy consciente que debido a la situación del país, no todos pueden cumplir con lo establecido, y como siempre hay personas irresponsables que no entienden realmente la gravedad de la situación existente a nivel mundial.
Realmente espero que las personas logren aprovechar este tiempo en cosas útiles y no lo malgasten, porque la única ventaja de todo esto es que podemos pensar en todo aquello que antes no nos daba tiempo a realizar, aprender algo nuevo, leer algún libro o informarnos sobre temas que no conozcamos.
Puede parecer absurdo, pero creo que mejoré como ser humano, al conocer las necesidades por las que pasan muchas personas en Cuba. También me he preguntado que habrá sido de los perros callejeros y de la gente sin hogar, quisiera pensar que no siguen en las calles, tal vez se encuentran en albergues con condiciones pésimas e insalubres, realmente no lo sé. A pesar de todo, para mí esta cuarentena ha tenido un lado bueno. Aunque nada volverá a ser como antes. Melany García Roig. La Habana, 25 de junio de 2020.