La Habana.- Si en algo hay consenso en Cuba es que el país pide cambios a gritos. Incluso los que apoyan -o simulan- lealtad a la dictadura castrista reconocen que el modelo comunista nunca ha funcionado.
Tras derrocar al régimen, el camino sería un consejo con tecnócratas, opositores, militares honestos, empresarios y cubanos del exilio para dirigir y organizar un proceso de transición
La Habana.- Si en algo hay consenso en Cuba es que el país pide cambios a gritos. Incluso los que apoyan -o simulan- lealtad a la dictadura castrista reconocen que el modelo comunista nunca ha funcionado.
Cuando usted le pregunta a Camila, médico general, su opinión sobre cómo desearía fuera el futuro en la Isla, te dice “que el primer paso es la renuncia íntegra del actual gobierno, concertar un diálogo nacional entre todos los cubanos, los de acá y los que han emigrado, trazar una hoja de ruta para implementar amplias reformas económicas y políticas y en el lapso de un año o dos efectuar elecciones libres. Se debería crear un consejo con tecnócratas, opositores, militares honestos, empresarios y cubanos del exilio para dirigir y organizar ese proceso de transición”.
¿Cómo forzar al régimen para que renuncie al poder?, le pregunto. “A principios de año, como muchos cubanos, era optimista. Pensaba que Trump y Rubio tenían un plan que terminaría esta larga pesadilla. Pero ha sido más retórica que pasos concretos para derrocar al gobierno. Porque con negociaciones no se resuelve nada. Para salir de esta morralla debe haber una operación militar. Sin el apoyo de Estados Unidos habrá dictadura para rato”, sentencia.
Roger, quien conduce durante doce horas un triciclo eléctrico que usa como taxi colectivo, no “quisiera una intervención militar, pues pueden morir civiles inocentes. Una operación de las fuerzas especiales es lo ideal. Pero tengo mis dudas si cargando con dos o tres delincuentes y corruptos que actualmente gobiernan se soluciona el problema. No tenemos agua, no tenemos luz y comer es casi una aventura. Pero el gobierno ha creado una estructura institucional y se están sosteniendo en el poder".
"Negociar es positivo. Pero no creo que se vayan al extranjero, aunque les permitan llevarse sus fortunas. El poder crea más adicción que las drogas. No van a soltar tan fácil el jamón. Los multimillonarios no son muchos. La familia real (de Raúl y Fidel Castro), algunos generales y poco más. El resto está mordiendo el cordobán (pasando trabajo) pero el gobierno ha comprometido a muchos dirigentes y militares en la represión al pueblo. Tengo amigos del aparato (Seguridad del Estado) y en privado reconocen los gobernantes son más capitalistas que Rockefeller. Pero han montado un clan mafioso y usan a los militares como su guardia pretoriana pagándoles con migajas, dándoles un carro o un apartamento".
"Los del gobierno, que son cientos de miles, quedarían expuestos a la ley si hay un cambio político. La justicia y las demandas legales los van a perseguir donde quiera que se metan. Un guardia de prisión que ha dado palizas por gusto a presos comunes o políticos, un funcionario de bajo rango en un partido municipal que ha robado y lucrado con bienes del pueblo y le ha hecho la vida imposible a un montón de gente, sabe que cuando llegue el cambio no tendrá asiento en el avión. Ellos saben que el sistema está en bancarrota. Pero no van a dejar de apoyarlo si no hay una amnistía general”, alega Roger.
En su opinión, “Trump debe buscar un punto de quiebre con ese bloque de burócratas y oficiales intermedios del MININT y las FAR y que dejen de apoyar al régimen. Estados Unidos puede meter mucha presión con sanciones a GAESA y el tema del combustible. Pero ellos -los de la dictadura- tienen dinero suficiente y el control de la sociedad para sobrevivir a su mandato. Y utilizarán al pueblo de rehén para justificar el hambre y las carencias”.
Yoandry, empleado estatal, está convencido de que la solución es emigrar. “Mientras más lejos, mejor. Sacar a tu familia si puedes y olvidarse de que Cuba existe. Que se queden con el país, total, ya lo han destruido”.
Ernesto, estudiante universitario, piensa que “es bonito hablar de democracia, elecciones presidenciales y multipartidismo. Pero la pregunta es qué hacemos los cubanos para que eso sea posible. La respuesta: no hacemos nada. La mayoría, yo el primero, espera que las soluciones vengan de afuera. Mientras la población tenga tanto miedo, seguirán en el poder. El gobierno lo sabe. Por eso reprimen cualquier acto de desobediencia”.
Ahora mismo en Cuba, debido a la frustración y el miedo, muchas personas critican con saña a Trump y Rubio por no hacer lo suficiente para derribar al régimen. En las redes sociales insultan y hacen memes de Díaz-Canel. Pero son indiferentes a las violaciones de los derechos humanos y observan impasibles desde la acera de enfrente un acto de repudio o una golpiza a un opositor o a cualquiera que proteste en la calle contra la dictadura.
Un vecino de La Habana Vieja considera que “el pendejerismo (cobardía) de los cubanos es mayúsculo. Ese tipo -Ariel Limias Leyva- pasó por la calle donde vivo con un cartel que decía NO MÁS DISCRIMINACIÓN POLÍTICA ABSURDA ABAJO LA DICTADURA y nadie se le sumó ni lo apoyó. Viraban la cara hacia otro lado, algunos tiraron fotos, otros tacharon de loco a un señor que estaba reclamando lo que la mayoría del pueblo desea. La cobardía nuestra es terrible. Luego lo justificamos con pretextos: si los demás no se suman, yo tampoco”.
“No hay conciencia cívica. Recuerdo que cuando el éxodo del Mariel, tú le preguntabas a los que se iban del país cuál era el motivo y lo resumían en una frase: libertad. Ahora muchos salen a la calle a protestar por los apagones o el déficit de agua, gritan Díaz-Canel, singao y Patria y Vida. Pero cuando le ponen la luz o traen una pipa de agua regresan a sus casas, porque lo consideran una victoria, aunque al día siguiente regresen los apagones y la escasez de agua”, señala el vecino.
Rolando Rodríguez Lobaina, destacado opositor, fundador de la Alianza Democrática Oriental y director del medio audiovisual Palenque Visión, me contaba que vivió en primera persona el miedo y la indiferencia ciudadana. “Entre 2008 y 2013 nuestro grupo llegó a contar con más de mil activistas. Salimos a protestar en contra de la dictadura en varias ciudades de la región oriental del país. Y siempre notaba la indiferencia y el miedo paralizante de la población, que miraba las marchas sin involucrarse”.
“Una noche, en el hospital provincial de Guantánamo, después de esperar varias horas sin que atendieran a mi hijo que estaba con fiebre alta y vómitos, comencé a gritar Abajo la dictadura, Libertad y a reclamar mejores servicios médicos. Había muchas personas en el cuerpo de guardia que estaban en la misma situación que yo. Cuando comencé a protestar, el salón se vació. Llegaron varias patrullas y me dieron una golpiza brutal. Ninguna persona alzó la voz o me apoyó. Ese día supe que el pueblo cubano tiene que recorrer un largo camino si quiere emanciparse del yugo castrista”, apunta Lobaina.
Un activista residente en Estados Unidos subraya que esa indiferencia y ese temor son “frecuentes en un segmento de cubanos en Miami. Cuando se organizan protestas contra la dictadura, cuando más participan dos mil personas en una ciudad donde residen más de un millón y medio de compatriotas. Ves a la gente criticando a la dictadura en una ventanita comiendo croquetas y tomando café. Pero si les pides que se sumen a un proyecto o firmen una declaración en contra del régimen, buscan cualquier excusa y no se suman.
"Eso sí, a pesar de haberse acogido a la Ley de Ajuste (Ley de Ajuste Cubano, que regulariza el estatus en EEUU), son los primeros en viajar a Cuba, a vacilar y gastar dólares en hoteles de GAESA. Luego se molestan porque Trump no manda al ejército para derrocar al comunismo. Ya los cubanos dignos y cojonudos son historia antigua. De la gente que arriesgó su vida alistándose en la Brigada 2506 o combatiendo a la dictadura con plomo solo quedan sus testimonios. Ahora lo que hay son vividores que quieren tumbar al castrismo a distancia. O que los americanos peleen por ellos. Con esa forma de pensar el régimen celebrará los cien años en el poder”, asevera el activista.
La inmensa mayoría de los cubanos en la Isla reconoce que el sistema político y económico es un estruendoso fracaso. Apuestan por un modelo inclusivo y democrático. Pero no quieren correr riesgos. Esperan que la biología humana o un milagro nos traiga los deseados cambios.
“No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes, sino qué pueden hacer ustedes por su país”, dijo John F. Kennedy en su discurso de toma de posesión como presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 1961.
Los cubanos que deseamos el fin de la dictadura deberíamos inscribir esas palabras en letras doradas.
Especial
@DesdelaHabana

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