Positivos, pero en observancia…
Acuerdos que puedan comprometer recursos venezolanos durante décadas merecen especial cuidado mientras todavía no existen instituciones plenamente legitimadas por elecciones libres
Positivos, pero en observancia…
El 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después para Venezuela.
La salida de Nicolás Maduro, producto de la actuación de Estados Unidos, fue recibida por millones de venezolanos como el comienzo del fin de una pesadilla de más de un cuarto de siglo.
No se trataba solamente de sacar a una persona. Se trataba de comenzar a desmontar un sistema que nos quitó libertades, derechos, instituciones y oportunidades, y que convirtió a uno de los países con mayores recursos de América Latina en una nación donde millones viven en modo sobrevivencia.
Casi ocho millones de venezolanos salieron del país. Los que permanecieron han tenido que enfrentar hospitales deteriorados, escuelas abandonadas, fallas de electricidad y agua, salarios insuficientes y enormes dificultades para construir un futuro.
Por eso debemos reconocer el papel determinante que desempeñó Estados Unidos. Lo ocurrido el 3 de enero requirió coraje y determinación.
Pero sacar a Maduro no podía ser el objetivo final.
Tenía que ser el comienzo.
Entendemos que una transición requiere negociación, reconstrucción institucional y tiempo. Por eso me he mantenido, como he dicho anteriormente, positivo y en observancia.
Positivo porque quiero creer que Venezuela transita hacia la libertad.
En observancia porque el cómo importa tanto como el qué.
Y allí surgen preguntas.
Venezuela necesita inversión y necesita recuperar urgentemente su industria petrolera. Pero acuerdos que puedan comprometer recursos venezolanos durante décadas —incluso por cien años— merecen especial cuidado mientras todavía no existen instituciones plenamente legitimadas por elecciones libres.
Cada nación tiene derecho a defender sus intereses. Estados Unidos también.
Pero Venezuela tiene derecho a defender los suyos.
Precisamente porque millones vimos a Estados Unidos como un factor de liberación, Washington debe cuidar muchísimo el cómo. Sería lamentable que quien fue percibido como liberador terminara siendo considerado por algunos como cómplice o acompañante de las estructuras y prácticas que precisamente justificaron la actuación del 3 de enero.
No creo que ese sea el propósito de Estados Unidos.
Precisamente por eso debemos evitar que llegue a convertirse en esa percepción.
Pero quiero ir más allá de señalar problemas. Quiero proponer una idea.
Alianza Venezuela Renace
Estados Unidos es la mayor potencia económica del mundo y posee, junto con la comunidad internacional, miles de empresas grandes, medianas y pequeñas capaces de contribuir a la reconstrucción de Venezuela.
¿Por qué no movilizar esa extraordinaria capacidad?
Propongo estudiar una Alianza Venezuela Renace, basada en un principio en el que creo profundamente: los grandes problemas también pueden resolverse sumando muchas pequeñas soluciones.
No necesitamos una empresa que reconstruya todos los hospitales de Venezuela ni otra que recupere todas nuestras escuelas.
Hagámoslo de manera descentralizada.
Una empresa puede apadrinar un hospital. Otra, una escuela. Otra, recuperar el sistema de agua de una comunidad. Otra, instalar energía confiable en un centro de salud. Otras pueden asumir proyectos de conectividad, alimentación, formación para el empleo, espacios públicos o servicios de emergencia.
Empresas grandes, medianas e incluso pequeñas podrían asumir proyectos acordes con sus capacidades.
Así, un enorme problema nacional deja de parecer imposible y se convierte en cientos o miles de proyectos concretos, cada uno con un responsable, un presupuesto, un plazo y resultados que puedan medirse.
Esa es la fuerza de la descentralización: dividir un gran problema en pequeñas soluciones y multiplicar a quienes pueden resolverlas.
Estados Unidos podría además crear, mediante la legislación correspondiente, incentivos para que esas inversiones generen créditos o beneficios aplicables a los impuestos federales que las empresas pagan en ese país. Otra posibilidad sería reconocer determinadas inversiones para su compensación futura con recursos provenientes de la recuperación económica y petrolera venezolana.
Pero lo verdaderamente poderoso sería la velocidad.
Si Estados Unidos y la comunidad internacional pueden movilizar miles de empresas, Venezuela podría movilizar simultáneamente miles de soluciones.
Imaginen además la enorme demanda de productos, servicios y empleos que esto generaría inmediatamente en Venezuela. Recuperar un hospital, una escuela o un sistema de agua significa contratar trabajadores, técnicos y profesionales; comprar materiales, equipos y alimentos; requerir transporte, tecnología, mantenimiento y cientos de servicios.
Miles de pequeñas soluciones funcionando simultáneamente significarían también miles de empresas venezolanas produciendo, contratando y creciendo.
La reconstrucción comenzaría así a generar su propio círculo virtuoso: inversión, empleo, ingresos, consumo y nuevas oportunidades.
No tendríamos que esperar años para comenzar a ver resultados.
Mientras recuperamos la producción petrolera y reconstruimos las instituciones, podríamos estar recuperando hospitales, escuelas, sistemas de agua, electricidad y comunidades enteras.
No esperar a reconstruir Venezuela para cambiarle la vida a la gente. Cambiarle la vida a la gente mientras reconstruimos Venezuela.
Porque allí está, a mi juicio, el verdadero desafío de esta etapa.
Podemos avanzar rápidamente en acuerdos petroleros, pero casi ocho meses después de la salida de Maduro todavía existen presos políticos y persisten denuncias de represión y restricciones.
¿Cómo podemos avanzar tan rápidamente en acuerdos económicos que durarán generaciones mientras avanzamos mucho más lentamente en devolverles plenamente la libertad y una vida digna a los venezolanos?
El petróleo es importante.
Pero la libertad es más importante.
Las inversiones son necesarias, pero también lo son la justicia, las instituciones, el Estado de derecho y la dignidad de cada venezolano.
El éxito de esta transición no podrá medirse solamente en barriles producidos, contratos firmados o miles de millones de dólares invertidos.
Se medirá cuando una madre lleve a su hijo a un hospital y encuentre médicos, medicinas y equipos. Cuando una familia abra el grifo y tenga agua. Cuando encienda la luz y haya electricidad. Cuando un niño vuelva a una escuela digna. Cuando se genere empleo. Cuando nadie vaya preso por pensar diferente. Y cuando millones de venezolanos que hoy estamos dispersos por el mundo podamos volver a mirar hacia nuestro país y pensar: quizás llegó la hora de regresar.
Por eso este no es un planteamiento contra Estados Unidos.
Todo lo contrario.
Es un llamado a un país al que millones de venezolanos reconocimos el coraje de actuar cuando parecía que nadie más podía hacerlo.
Estados Unidos hizo algo trascendental el 3 de enero.
Ahora tiene una responsabilidad igualmente trascendental: cuidar el cómo y acelerar el cambio.
Sigo positivo y en observancia. Reconociendo lo que merece ser reconocido, apoyando los avances, proponiendo soluciones y levantando la voz cuando sea necesario recordar cuál debe ser siempre la prioridad: el pueblo venezolano.
Venezuela necesita petróleo. Necesita inversión. Necesita empresas, tecnología y capital para reconstruirse.
Pero el petróleo es el medio, no el destino.
El destino es recuperar la libertad, reconstruir las instituciones, devolver las oportunidades y lograr que Venezuela vuelva a ser un país digno para su gente.
Ese es el rumbo.
Y precisamente ahora, cuando nuevamente el mundo mira hacia nuestras enormes riquezas, debemos asegurarnos de algo fundamental: que el petróleo no nos haga perder el rumbo.
Henrique Fernando Salas Romer
Economista y político venezolano que se desempeñó como gobernador del estado Carabobo en cuatro oportunidades. Conferencista, autor, asesor y especialista en inversiones inmobiliarias.Fue presidente de la Asociación de Gobernadores de Venezuela y vicepresidente de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA).
