Por Pedro Paul Betancourt
@PedroPaulB

En Estados Unidos, cada cuatro años, los medios de comunicación, los politólogos e incluso los mismos candidatos presidenciales, reconocen la importancia del voto latino y cómo puede ser clave en la selección del nuevo presidente. Este año eso es todavía más relevante, ya que los latinos se convierten, por primera vez, en la minoría más numerosa del país, con el 13.3% de votantes registrados, convirtiéndolos en un factor electoral decisivo. Sin embargo, el voto latino, a diferencia de otras minorías en Estados Unidos, no es monolítico.

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A escala nacional, el voto latino pareciera decantarse mayoritariamente por Joe Biden, gracias al apoyo de grupos demográficos clave como mexicanos y puertorriqueños, los cuales tradicionalmente han apoyado al partido demócrata; pero en la Florida, la batalla por el voto latino está mucho más cerrada. A diferencia del resto de hispanos en el país, un 58% de los cubanos registrados para votar se identifican con el partido republicano, mientras que solo 38% se identifica con los demócratas; el resto de los hispanos se identifica en un 65% con el partido demócrata y 32% con el republicano, de acuerdo con un estudio del Pew Research Center.

El 65% de los 1.4 millones de votantes registrados cubanos viven en la Florida y éstos, junto a otros grupos hispanos como los venezolanos y nicaragüenses residentes en el mismo estado, prefieren a Donald Trump. Según un estudio de El Diario, 66% de ellos tiene la intención de votar por Trump este 03 de noviembre. ¿La clave? Según el estudio del Pew Research, el 75% de los votantes cubanoamericanos dicen que la política extranjera y la violencia son sus prioridades electorales, versus 45% para los portorriqueños y mexicanos.

Por eso, la posición de los candidatos hacia Cuba y Venezuela es determinante para estos votantes. Venezuela siempre ha sido clave para los intereses de Estados Unidos en la región, pero ahora se ha convertido en una potente amenaza a la seguridad de todo el hemisferio debido a sus actividades de crimen organizado y las crecientes y fortalecidas alianzas del régimen de Nicolás Maduro con Irán, China y Rusia.

Cada día son más claros y obvios los vínculos del régimen de Maduro con grupos terroristas, bandas criminales y grupos de crimen organizado. Maduro ya no se sostiene gracias al petróleo, sino gracias al narcotráfico, el tráfico de armas, contrabando de oro y otros negocios que favorecen a grupos irregulares internacionales que tienen puertas abiertas para hacer negocios en Venezuela a cambio de proteger la estabilidad del régimen. Ante la nueva realidad del país, retirarse y abandonar los espacios ocupados por empresas americanas sólo dejaría las puertas abiertas a un adversario para hacerse del control completo de la posición estratégica que ocupa Venezuela en la geopolítica global.

En este contexto es donde las concepciones de política exterior de los demócratas, más aislacionista, y de los republicanos, más intervencionista, coinciden en que Venezuela es clave para los intereses de Estados Unidos. Así surge el apoyo bipartidista al reconocimiento de Juan Guaidó como Presidente Interino de Venezuela.

En este sentido, lo que debe plantearse en el próximo gobierno – sin importar quien lo presida – es que la postura frente a Venezuela debe ser un tema Estado y no una discusión partidista. A pesar de las diferencias, ambos partidos entienden que la situación de Venezuela es un tema geopolíticamente clave para Estados Unidos, por lo que los dos van a continuar una política que busque debilitar la posición del régimen de Maduro.

En general, en el concepto de política exterior de Estados Unidos hay tres temas de análisis fundamentales: seguridad nacional, narcotráfico y terrorismo. En el caso de Venezuela están presentes los tres elementos: Venezuela es un narcoestado comprobado que atenta contra los derechos humanos y que aloja terroristas. Por lo tanto, pensar que el próximo gobierno, sea demócrata o republicano, se quedará de brazos cruzados, es falso.

Por eso, entre las acciones que se vayan a tomar respecto a Venezuela, es importante que Estados Unidos se mantenga presente activamente en el país, con posibilidades de generar un impacto real en la consecución de los objetivos democráticos y contribuir a generar estabilidad económica en un país clave para mantener el equilibrio de poder en el mundo occidental. Sin la presencia de Estados Unidos en Venezuela, va a ser muy difícil lograr una rápida reconstrucción. Retirarse y dejar puertas abiertas a adversarios – como Rusia, Irán y China – sería un error grave y peligroso para EE.UU.

Asimismo, los venezolanos que vivimos en Estados Unidos debemos exigir a los líderes políticos que determinen un camino unificado y presionar para que se quiebren los últimos apoyos que algunos países todavía le dan al régimen de Maduro. Debemos dejar de pensar entre si nos gusta más Biden o Trump y empezar a preocuparnos por proteger y exigir el cumplimiento de políticas adecuadas para lograr nuestros intereses, además de presionar para ver cuál candidato se compromete a restaurar la democracia y la justicia en Venezuela en el próximo período presidencial.

Pedro Paúl Betancourt es consultor y analista político venezolano.

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