Atlántida, es el nombre de una isla antigua desaparecida en el mar.

Ficción, utopía o realidad son algunas de las palabras a mencionar a la hora de tratar el tópico. Por siglos, la Atlántida no solo ha sido un enigma, sino un lugar famoso para todo amante del cine o la literatura. La idea de esta isla perdida descrita como una sociedad maravillosa y avanzada cuya sabiduría pudo haber traído al mundo la paz y armonía es una imagen que ha cautivado a ocultistas y soñadores por generaciones. Mucho se ha escrito sobre ella y muchos han desembolsado fortunas y arriesgado sus vidas por buscarla.

La leyenda de la Atlántida es universal. Las raíces de esta historia se conocen a diferencia de muchos otros mitos cuyo inicio es una incógnita. Fue citada por primera vez en los textos de Platón, que datan de unos 330 años A.C., y todos los pueblos del mundo aceptan la existencia de este admirable continente cuya cultura dejaron escrita en confusos relatos Homero y los grandes historiadores de la antigüedad.

El Océano Atlántico se conecta con la Atlántida, se dice que allí existió este monumental continente hundido para siempre; Atl, que indica agua en lengua náhuatl, también coincide con ese nombre fabuloso Atl-Atlántida y se cree que de allí vino su raíz.

Hasta ahora nadie ha podido ubicar con precisión el lugar del mar o de la tierra en donde estuvo la Atlántida, que aseguran fue un territorio de gran cultura y adelantos científicos.

Edgar Cayce (1877-1945), profeta y clarividente, en sus frecuentes trances, tuvo sueños y visiones de la Atlántida y su avanzada civilización. Cayce creía que los atlantes habían conocido la energía atómica y el vuelo, pero su radiante civilización acabó siendo destruida por catástrofes nucleares: la primera, 50.000 años A.C., y la última, 10.000 A.C. Muchos atlantes que supieron percatarse del desastre habrían emigrado con anterioridad a Egipto y América Central.

Cayce situó geográficamente la Atlántida en la isla de Bimini septentrional, pequeña parte de las Bahamas, y vaticinó que en 1968 o 1969 podrían descubrirse algunos aspectos de los antiguos templos de la civilización perdida.

Se dice que la raza atlante sucumbió para siempre tragada por las aguas, en medio de un cataclismo aterrador y destructor como el mismo diluvio, y, sin embargo, relatos y leyendas hacen suponer que algunas de las razas y pueblos que llegaron a Mesoamérica, especialmente la maya, fueron originarios del continente perdido. Esta afirmación se presta a polémicas puesto que asegura que los teotihuacanos fueron también atlantes y que los olmecas, los mixtecos y muchos habitantes de América, antes de la conquista, llegaron de la Atlántida.

El impedimento principal que se ha expuesto para aceptar esta teoría la indica el lenguaje, pues la lengua hablada por mayas, toltecas, mixtecos, zapotecas, totonacas, teotihuacanos y olmecas eran y siguen siendo distintas y sus culturas también, aunque se han encontrado ciertas analogías tanto en sus temas políticos como religiosos. Desde mi punto de vista los antropólogos y arqueólogos piensan en la Atlántida como un solo continente, con una misma cultura y un mismo idioma, unas mismas costumbres y una sola religión, y quizás la Atlántida fue un continente gigantesco que se sumergió en las aguas, en el cual estaban radicadas varias naciones que hablaban diversas lenguas y tenían múltiples tradiciones y culturas.

Probablemente los pueblos que arribaron a Mesoamérica eran descendientes de aquellos atlantes, transfiriendo sus prodigiosas culturas que aún hoy fascinan a los más eruditos y los llenan de incógnitas con respecto a cómo pudieron lograr aquellas grandezas de edificios de tallado escultórico, de corpulentísimos monolitos y de material de construcción, y cómo llegaron al conocimiento de la astronomía, la aritmética, el calendario, las artes y la orfebrería.

Tal vez, la leyenda de la Atlántida sea uno más de los grandiosos enigmas del universo de los que nunca podremos conocer la legítima respuesta.

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