Los roles familiares y los vínculos han cambiado muchísimo en las últimas décadas. Los padres de hoy ya no son como los de antes. No quieren ser sólo "los que traen la comida a casa". Ellos también sufren las dificultades de intentar conciliar la vida familiar con la laboral, y también sienten muchas veces la presión de su pareja, que quisiera un príncipe que mantenga el hogar y además sea un padre cariñoso. De ahí al burnout no queda mucho. Para ambos. ¿Cómo lograr la armonía en los dos mundos?

Vamos a ver cómo es el caso de los hombres. En general, los hombres que corren mayor riesgo de llegar a un límite son los que siempre quieren hacer todo bien, observa Helen Heinemann, del Instituto de Prevención de Burnout. Muchos se ponen mucha presión y tienen expectativas demasiado altas de lo que pueden dar, y cuando intentan hablar con sus jefes en el trabajo para lograr cierta comprensión, chochan contra una pared. En cualquier trabajo se espera que los hombres den el 100 por cien, sin importar si tienen o no familia.

Pero los hombres también tienen derechos y pueden elegir otros caminos. Por más extraño que suene, una opción es reducir horas de trabajo. "En mi caso es imposible", suelen decir los hombres. "Pero cuando me dicen eso yo les pregunto: ¿por qué no? ¿Cuál es el impedimento real? ¿Existe verdaderamente un obstáculo? Piense, ¿qué vínculo perdurará más en el tiempo, el que tiene con su empresa o el que tiene con sus hijos?", plantea el pedagogo Robert Richter.

El terapeuta Björn Sufke conoce muchos casos en que los hombres son discriminados si reducen la carga horaria por los hijos. En esos casos sirve tener una buena red, encontrarse con otros padres.

Y también es importante que exista un buen diálogo con las parejas. Muchas mujeres les transmiten a los hombres que no están siendo buenos padres, y eso para ellos es muy frustrante. Si las madres quierren que los padres hagan más, tienen que dejarlos que lo hagan a su manera, recomienda Heinemann.

Muchas veces las mujeres se obstinan con cosas que no son trágicas. Si el padre sale con el niño a dar un paseo largo y no lleva ninguna manzana, no morirán. Seguro comerán otra cosa.

Richter dice que no hay por qué caer en una distribución de roles arcaica con el nacimiento de un bebé, menos si a las dos partes de la pareja les gustaba su trabajo. Es más, él recomienda que las tareas no sean muy desiguales para que ninguno de los dos se agote.

Si uno antes de tener la primera reunión de trabajo por la mañana, ya tiene que llevar arduas negociaciones sobre el lavado de los dientes o la ropa que hay que llevar para no enfermar, en algún momento cae rendido, sea hombre o mujer.

Cuando las cosas llegan a un límite, hay que buscar ayuda, sabiendo que es algo que suelen atravesar todos.

En Alemania existen clínicas que ofrecen programas especiales para padres con hijos. Pueden ir los dos. El programa incluye actividades físicas, charlas sobre cuestiones educativas y temas vinculados a la salud.

Lo importante: no creas que hay que arrojar todo por la borda. Existen salidas.

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