Gabriela fue mamá por primera vez en 2015. Tenía muchas ganas de tomarse un año de maternidad, pero también de darle continuidad a su trabajo. Lo que ocurrió es que, poco después de tener a su primer hijo, se dio cuenta de que la situación demandaba toda su atención y que tenía que dejar de lado sus propios intereses, mucho más de lo que hubiera creído.

A los cuatro meses comenzó a sentir cierto hastío. Ya no aguntaba. "Quería hablar de algo que no tuviera nada que ver con los niños", dice Gabriela Urban, que hasta ser mamá trabajaba a tiempo completo como periodista.

Cuando notó lo que le estaba pasando, decidió ponerse objetivos muy claros y concretos. Iba a necesitar bastante disciplina para llevarlos adelante, pero se lo había propuesto. Cuando su hijo dormía dos o tres horas a mediodía, se sentaba al ordenador y comenzaba a desarrollar sus propios modos de publicación, a hacer cursos online, a generar redes.

Y así fue como logro crearse una rutina distina. "Eso me ayudó a tener una mucha mayor autoestima", recuerda. Dos meses después, intentó hacerse un poco más de tiempo para sí misma. Su situación fue un poco ideal, porque acordó con su marido que él se llevaría al niño un día por semana al trabajo.

A veces, sobre todo cuando somos padres por primera vez, necesitamos que alguien nos dé buenos consejos para no colapsar. Cristiane Kutik, que se dedica a asesorar en inquietudes interrogantes pedagógicas y de crianza, dice que es muy importante ver esa etapa de la maternidad o de la paternidad como una oportunidad. Por supuesto, los padres deben asumir y aceptar esa nueva situación y entender cuáles son las necesidades del niño. Al amamantar o cambiar los pañales del niño, es fundamental que los padres pongan toda su atención en él.

Pero también es crucial que los adultos sientan que pueden hacerse un tiempo al día para ellos. Lo mejor es que los padres, antes del embarazo, se planteen claramente para qué quisieran aprovecharr ese período. "Porque los niños no necesitan atención las 24 horas. Después también necesitan su propio espacio para jugar", explica la especialista.

Si el niño sale a explorar la casa, los padres no tienen que estar permanentemente con él. Por supuesto, partiendo de la base de que se han tomado los recaudos necesarios para que circule sin que sea un peligro. En ese momento, o cuando el pequeño está en su corralito, entreteniéndose, los padres puedes hacer otra cosa.

La partera ndrea Hagen-Herpay nos cuenta que muchas mujeres ya quieren saber en el curso preparto cuánta atención deberían darle al niño y cuánta a sí mismas. Ella les responde que no hay una respuesta que sirva para todos los casos, "porque depende mucho de cada niño".

Hay niños que lloran más que otros y que por ende requieren más atención. Otros tienen mayores problemas para conciliar el sueño. Y, por supuesto, a eso se suma que hay que contemplar la situación de vida de cada uno. Si uno es madre soltera, tendrá muy poco tiempo para hacer otras cosas.

De todos modos, estar sola no necesariamente implica más "trabajo" que estando acompañada. Porque todo depende también del carácter de los padres, de su compromiso, de su forma de organizarse. Hay personas que disfrutan mucho que en esa fase el tiempo vaya más despacio, que la vida no corra, mientras que otras se ponen extremadamente nerviosas.

"Lo más importante es deshacerse de la presión de tener que ser la madre o el padre perfecto, ni ser la mujer perfecta ni bien nace el bebé", recomienda la partera.

Lo peligroso es cuando uno pasa del aburrimiento o el hastío a la depresión. Si uno siente que no tiene absolutamente ningún interés en tener una vida social o ya no tiene en cuenta a su pareja, puede que esté sufriendo una depresión. "En esos casos, es importante consultar a un médico", dice Hagen-Herpay.

FUENTE: dpa / Monika Kophal

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