"¡Salta, salta, salta, pequeña langosta!", cantaba el argentino Rubén Mattos hace algunas décadas. Y tenía razón: parece que saltar, especialmente a la soga, es muy bueno para el sistema cardiovascular. Hoy en día se llama a esta técnica "rope skipping". La soga promueve, además, la coordinación de brazos y piernas, el equilibrio y la concentración. Y por supuesto fortalece los músculos del torso, las piernas y los glúteos.

Por si fuera poco, saltar es divertido. Saltar a la soga tiene muchas variantes, lo que permite ser muy creativo. Por lo tanto, hay varios motivos por volver a saltar como cuando éramos niños. Pero como en todo deporte, hay que tener en cuenta quién lo practica. Si se tiene sobrepeso o mala postura, no es una actividad recomendable, ya que al saltar se pueden sobrecargar innecesariamente las articulaciones.

Si no se practicó nunca más un deporte desde la escuela, hay que hacerse un chequeo médico antes de iniciar una actividad deportiva tan exigente como esta. Los principiantes harán bien en empezar de a poco: unos cinco minutos entre dos y tres veces por semana. Quien esté en forma puede empezar sin problemas con el "rope skipping".

Para practicar este deporte sólo se necesita un buen calzado, una soga que se pueda hacer girar desde los mangos y la música adecuada. Los temas con 130 a 140 beats por minuto (BPM) son los ideales para los avanzados. Al principio basta con temas de 110 BPM.

Primero hay que saltar como se aprende de niño: dos saltos por vuelta de la soga. Hay que mantenerse derecho, las rodillas levemente inclinadas, con una leve tensión en las piernas. Una vez que se domina esta técnica, se pueden introducir variaciones: un salto por vuelta de la soga, una vez con una pierna, otra vez con otra, hacia adelante y hacia atrás, con pequeños giros. Otra cosa no menor y que viene bien para practicar este deporte es tener cierto sentido del ritmo.

Por lo general, el entrenamiento comienza con un precalentamiento. Luego se practican ejercicios de resistencia, velocidad y coordinación y recién después se comienza a saltar la soga.

Si se tiene la disciplina necesaria se puede empezar esta actividad incluso a mediados de los 40. Pero hay que dedicarse: si sólo se toman clases una vez por semana, es probable que no se avance mucho en la coordinación.

En algunos gimnasios, saltar la soga no es una clase en sí, pero la soga es incoporada como un ejercicio más de una clase aeróbica. La ventaja es que la soga es en sí una unidad de entrenamiento individual y que su uso se puede dividir en unidades de entrenamiento. En una clase más larga, se la puede usar para el precalentamiento o como un breve entrenamiento consistente en bloques de saltitos.

FUENTE: DPA

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