En medio del clamor por más contacto humano y físico durante la pandemia del coronavirus, la gente está recurriendo a un lujo para la salud hasta hace poco reservado para los ricos y los deportistas de alta competencia: Los estiramientos asistidos.

“Es como ir al gimnasio, solo que te sientes más flexible”, dijo Kelly O’Neal, de 51 años, mientras le estiraban una pierna durante una reciente sesión en el StretchLab, un estudio abierto hace poco en Centerville. Luciendo un tapabocas, agrega que le duelen pies y piernas después de sus turnos en la tienda de comestibles donde trabaja, a menudo haciendo horas extras por el COVID-19, y que sale revitalizada de las sesiones de estiramiento con instructores.

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Otros mencionan ciertos intangibles derivados del uso de instructores en plena pandemia.

“Es lindo que te toque un humano”, expresó Laura Collins, de 39 años, que visita un local de StretchLab cerca de su casa en White Plains, Nueva York, dos veces a la semana. “Estamos privados del contacto social, de los abrazos de conocidos... Te sientes bien aquí”.

Los estudios de estiramientos empezaron a proliferar antes de la pandemia. Generalmente tienen ocho o diez mesas en salones con buena circulación del aire.

Kory Floyd, profesor de comunicaciones y psicología de la Universidad de Arizona, dice que las actividades que ofrecen contacto social y alivian en parte “la sed de un contacto físico” pueden ayudar a sobrellevar el estrés. La ausencia de un contacto físico casual, como tomarse de las manos, un abrazo, colocar un brazo en los hombros de alguien, un estrechón de manos, puede tener un impacto muy negativo, según Floyd.

El contacto físico “es beneficioso incluso si no hay una conexión emocional fuerte con la otra persona”, como cuando alguien da un masaje o hace estiramientos. “Tal vez no conozcamos a la otra persona, pero es beneficioso no solo por la atención y la conexión que se genera, sino por el contacto físico”.

Loren Anthens, quien estudia el tema para el Centro para Soluciones para la Comunidad de Cleveland, dijo que los estudios que hacen estiramientos están ofreciendo servicios de salud parecidos a los masajes y la fisioterapia a precios rebajados.

Los estiramientos asistidos eran hasta hace poco un lujo reservado para las elites de ciudades como Nueva York, Miami y Los Ángeles, pero ya habían empezado a surgir alternativas más baratas antes de la pandemia. Y la llegada del coronavirus les dio más impulso todavía.

Beth McGroarty, vicepresidenta del Global Wellness Institute, una entidad sin fines de lucro, dice que la popularidad de los estiramientos coincide con un nuevo enfoque que enfatiza el bienestar general más que la actividad física en sí.

“Los estiramientos ya eran una tendencia antes del COVID y probablemente tomaron más fuerza por la pandemia”, señaló McGroarty.

Cada estudio tiene sus propias prácticas, pero en general una persona estira los músculos del cliente un poco más de lo que ellos lo pueden hacer por sí solos.

Estos estudios, por otro lado, son una alternativa laboral para los fisioterapeutas asistentes, instructores de gimnasios y masajistas que se quedaron sin trabajo por la pandemia.

FUENTE: AP

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