lunes 16  de  febrero 2026
MEDICINA Y VOCACIÓN

El corazón como destino: la trayectoria del Dr. Joseph Lamelas

Tras más de tres décadas de ejercicio médico, mantiene una filosofía clara: salvar al paciente es solo el comienzo; ayudarlo a recuperar su bienestar es el verdadero propósito.

Diario las Américas | CARLOS ARMANDO CABRERA
Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI. - En la medicina hay decisiones que se toman con la razón y otras que se sienten como un llamado. Para el Dr. Joseph Lamelas, la cirugía cardíaca fue ambas cosas.

Hoy, con más de 35 años de ejercicio médico, continúa operando y desarrollando procedimientos cardiovasculares mínimamente invasivos desde el Naples Comprehensive Health, Rooney Heart Institute, en esa ciudad, con una filosofía clara: salvar la vida del paciente es solo el primer paso; ayudarlo a recuperar su bienestar es el verdadero objetivo.

Su historia con la especialidad de cardiología comenzó en los albores de su carrera de medicina, un momento que todavía conserva con nitidez en la memoria, aseguró en entrevista exclusiva para DIARIO LAS AMÉRICAS.

“Durante mi formación en cirugía general, realicé una rotación en cirugía cardíaca que resultó verdaderamente transformadora. Me sentí inmediatamente atraído por el corazón, no solo por su compleja anatomía, sino también por su propia dinámica”.

Más allá del reto técnico, lo que terminó de definir su vocación fue el impacto inmediato que podía ver en quienes llegaban a sus manos.

“En muchos campos quirúrgicos, la mejoría tarda semanas o meses en apreciarse. En esta especialidad, uno puede operar a una persona críticamente enferma y observar una mejoría significativa al día siguiente. Ver a un paciente pasar de la inestabilidad a la recuperación casi de la noche a la mañana es algo increíblemente poderoso”.

Con el paso de los años, su visión de la práctica médica evolucionó: la precisión técnica dejó de ser el único parámetro de éxito para dar paso a un modelo centrado en la recuperación integral, donde el resultado se mide no solo en supervivencia, sino en calidad de vida, funcionalidad y en la rapidez con la que las personas pueden retomar su vida cotidiana.

“Al inicio de mi carrera, mi enfoque estaba principalmente en dominar los aspectos técnicos de la cirugía. Con el tiempo, comprendí que esa labor es solo una parte de un panorama mucho más amplio”.

“El éxito ya no se mide únicamente por las tasas de supervivencia, sino también por la calidad de vida, la recuperación funcional y la rapidez con la que los pacientes pueden volver con sus familias”.

Bajo esa filosofía, se ha consolidado como una figura de referencia en el desarrollo de técnicas cardiovasculares de acceso reducido, llevándolas incluso a escenarios de alta complejidad. Entre sus aportes más relevantes sobresale haber logrado, por primera vez mediante abordajes de acceso quirúrgico limitado, intervenciones en la aorta ascendente y el arco aórtico, territorios que durante años se consideraron fuera del alcance de incisiones reducidas.

“Tradicionalmente se consideraba imposible y demostramos que podía realizarse de manera segura y efectiva”.

Sin embargo, al hablar de resultados, insiste en que la medicina nunca es un esfuerzo individual.

“Los resultados son sistémicos; dependen de todo el equipo. Ningún cirujano opera solo”.

Su trabajo en este campo ha contribuido a transformar estos procedimientos en alternativas seguras y efectivas, con beneficios tangibles en la recuperación.

“Al evitar la esternotomía completa, reducimos significativamente el trauma quirúrgico. Esto se traduce en menos sangrado, menos transfusiones, menos complicaciones y estancias hospitalarias más cortas”.

Pero insiste en un principio que resume su práctica médica:

“No se trata solo de hacer la incisión más pequeña, sino de acelerar la recuperación y mejorar la calidad de vida”.

En un campo donde los avances científicos evolucionan con rapidez, mantiene una postura clara sobre su rol dentro del quirófano.

“La tecnología siempre debe complementar, y no reemplazar, el juicio clínico. Son las manos y el criterio del cirujano lo que realmente determinan los resultados”.

De cara al futuro, visualiza procedimientos cada vez menos traumáticos y más integrados al trabajo multidisciplinario.

“El futuro no se trata solo de operar bien, sino de hacerlo de manera más inteligente”.

Aun así, insiste en que la verdadera medicina comienza antes de llegar al quirófano.

“La prevención es la herramienta más poderosa que tenemos en la medicina cardiovascular”.

En esta etapa de su carrera, su trabajo también se enfoca en la expansión de programas y centros de excelencia especializados en técnicas cardiovasculares de acceso reducido en el suroeste de Florida, con la meta de atender pacientes a nivel estatal, nacional e internacional.

“Mi visión ha sido consolidar un liderazgo real y convertir estos programas en destinos de referencia global para la atención cardiovascular avanzada”.

Cuando piensa en el legado que le gustaría dejar, su respuesta se aleja de títulos o logros técnicos.

“Me gustaría ser recordado como alguien que realmente se preocupaba por sus pacientes, alguien que nunca comprometió la calidad y que siempre puso al paciente en primer lugar”.

Y para quienes comienzan en la medicina, deja un mensaje directo:

“Mantengan la humildad. Nunca dejen de aprender. Persigan la excelencia”.

Porque, al final, resume, su especialidad es mucho más que un campo médico.

“No se trata solo de realizar una operación; se trata de asumir la responsabilidad de la vida de alguien en su momento más vulnerable”.

En un ámbito donde cada decisión puede cambiar un destino, la entrega del Dr. Lamelas también refleja lo más esencial de la medicina: el compromiso con las personas y con quienes las esperan al otro lado de la recuperación. Quizás por eso, en fechas como el Día del Amor y la Amistad, su historia recuerda que sanar va más allá de la ciencia: es sostener esperanzas, devolver abrazos y regalar tiempo a quienes aún tienen mucho por compartir.

Y si hay un símbolo que resume esa misión es el corazón: ese espacio donde habitan los afectos, la memoria y los sueños. Un órgano que, gracias a sus manos, puede ser reparado para seguir marcando el tiempo de quienes aún tienen capítulos por escribir, amores por abrazar y futuros por construir.

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