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Una de las enfermedades más comunes de la boca, de la que se diagnostican alrededor de tres millones de casos al anualmente aquí en Estados Unidos, es la estomatitis aftosa, un trastorno caracterizado por la presencia de pequeñas y dolorosas ulceras en la mucosa bucal.

Estas lesiones, llamadas aftas, afectan especialmente las partes blandas de la boca, es decir, la lengua, los labios, el área interior de las mejillas, las encías y la garganta. Pueden ser redondas u ovaladas, medir entre uno y cinco milímetros, y suelen ser de color blanco o amarillento en el centro, y rojas en los bordes.

Es bastante común que se les confunda con el herpes labial, una lesión causada por el virus del herpes, pero se diferencian fundamentalmente en que las aftas solo aparecen dentro de la boca y no son contagiosas.

Las aftas, pequeñas pero muy dolorosas, pueden manifestarse como una lesión única o en forma de grupo de hasta 20 llagas o más. Afectan a entre un cinco y un 80 por ciento de la población global, siendo más frecuente en niños y adolescentes, de entre 10 y 19 años de edad, y aunque puede afectar a cualquier persona, las estadísticas confirman una mayor propensión entre las mujeres.

Más que una quemadura

Su nombre proviene del griego “aphtai” que se traduce como quemaduras, pero no necesariamente el término explica su origen. La ciencia aun desconoce la causa exacta para el desarrollo de las aftas, solo se ha logrado determinar que algunas son producto de la fricción que provocan el roce de la dentadura, las automoderduras, las lesiones provocadas por el cepillo de dientes o las prótesis dentales, y el contacto con ciertos agentes químicos presentes en algunas pastas dentales o medicamentos.

También se ha señalado que la aparición de las aftas puede estar relacionada con problemas del sistema inmunológico; la presencia de alguna bacterias o virus; la acción de factores desencadenantes como el estrés, los cambios hormonales o las alergias alimentarias; el tabaquismo; la deficiencia de hierro y ciertas vitaminas, especialmente del complejo B.

Incuso se ha mencionado la posibilidad de que la aparición de estas incomodas ulceras en la mucosa bucal sea resultado de un trastorno genético. Lo que sí está confirmado es que en algunos casos, las aftas son la manifestación visible de un trastorno específico, la Enfermedad de Behçet, un trastorno caracterizado por la inflamación de los vasos sanguíneos que provoca la aparición de ulceras en distintas zonas del cuerpo, así como dolor, hinchazón y rigidez de las articulaciones.

Entre grupos y colores

Las aftas están categorizadas en tres grandes grupos. El primero de denomina estomatitis aftosa menor, grupo al que corresponde el 80 por ciento de los casos, este se caracteriza por la aparición de una lesión más bien pequeña, de menos de un centímetro de diámetro, superficial y generalmente única que sana por si sola en aproximadamente una semana sin dejar cicatriz.

Le sigue la estomatitis aftosa mayor, la variedad más severa, que concentra un 15 por ciento del total de diagnósticos. En este caso, las lesiones tienen más de un centímetro de diámetro y suelen ser profundas, extremadamente dolorosas, y tardan alrededor de dos semanas en sanar dejan a su paso una pequeña cicatriz.

Finalmente está la estomatitis aftosa herpetiforme, la menos común, y en la que la lesión implica la aparición de un grupo de úlceras muy pequeñas, que pueden llegar a unirse hasta formar una lesión mayor que desaparece por si sola en aproximadamente una semana sin dejar rastro.

Un dolor sin cura

Los síntomas característicos de este trastorno, además de la aparición visible de las úlceras, es la presencia de un dolor incómodo y punzante, que puede llegar a dificultar actividades diarias como comer o hablar, y que suele tener una duración de entre siete y 10 días. En algunos casos la estomatitis aftosa puede provocar fiebre, inflamación de ganglios linfáticos, y malestar general.

Esta sintomatología puede mantenerse hasta por tres semanas y no implica ningún riesgo o peligro para la persona afectada, de hecho se trata de lesiones que suelen sanar por si solas, es por eso que no existe un tratamiento específico para combatir la aparición de las aftas.

La estrategia de acción en estos casos se concentra en aliviar el dolor y reducir la inflamación. Para reducir la sensibilidad al dolor los médicos recomiendan el uso de anestésicos locales, como por ejemplo la lidocaína al dos por ciento en enjuagues bucales, a los que se puede recurrir cada tres horas o antes de las comidas.

Mientras que para reducir la inflamación, se emplean antiinflamatorios tópicos corticosteroides, como la hidrocortisona y sus análogos, bien sea en tabletas, crema o gel. Una medida adicional, y a discreción del especialista, a fin de contener la presencia de cualquier agente infeccioso, es recurrir a ciertos antibióticos como la tetraciclina o minociclina.

Algunas recomendaciones

  • No use enjuagues bucales con alcohol, estos pueden empeorar la lesión. Puede optar por usar agua con sal, un elemento con reconocidas propiedades antisépticas
  • Evite las comidas muy calientes o en extremo condimentadas, así como el picante, al menos hasta que las úlceras sanen.
  • Cepille sus dientes con cuidado y tome precauciones para evitar lesiones producto del roce mecánico.
  • Siga un plan de alimentación rico en vitaminas, especialmente C y B, así como en omega-3, que contenga especialmente frutas, verduras de hoja verde, cereales integrales, y leche.
  • Aproveche las propiedades antiinflamatorias del hielo, colocarlo sobre las ulceras puede disminuir las molestias.
  • Mantenga una higiene bucal adecuada.

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