Violencia contra la mujer es básicamente la que ejerce cualquier persona, ente, autoridad o institución contra una mujer “por el hecho de ser mujer”. No estamos hablando de un fenómeno nuevo. Las mujeres a través de la historia hemos sido objeto de diversos tipos de violencia, incluidas la física, la psicológica, la verbal, la sexual, la emocional, la económica, la laboral, hasta llegar al feminicidio. A veces la violencia contra la mujer está enmascarada y no es tan evidente. Algunos ejemplos son:

Insultarla o menospreciarla diciéndole que es tonta, que no sirve para tomar decisiones, decirle cosas que la hagan sentir vergüenza de su cuerpo o minarle su autoestima y seguridad, celarla, vigilarla, acosarla (violencia verbal y psicológica).

Obligarla a tener relaciones sexuales incluso dentro del mismo matrimonio, o someterlas a conductas lascivas violentas en contra de su voluntad (violencia sexual).

Pagarle un sueldo inferior al de un colega masculino que hace el mismo trabajo, no darle el suficiente reconocimiento por sus méritos, ponerle como jefe a un hombre menos capacitado, no contratarla por ser mujer (violencia laboral).

No dejarla trabajar por su cuenta, o administrar el dinero que gana. Retenerla con la excusa de que no tendrá la capacidad de mantenerse sola, restringir sus gastos o el acceso a las cuentas comunes (violencia económica).

La buena noticia es que esto pasó de ser un problema subyacente a algo que se discute abierta y públicamente y se están creando leyes que apoyan y protegen a las mujeres cada vez en más países del mundo. Ahora bien, ¿qué más podemos hacer las mujeres para luchar en contra de este problema?

Reconocer y salirse del ciclo: El problema de la violencia contra la mujer es que muchas veces ocurre en su entorno natural, dentro del hogar, en su familia o en su trabajo. ¡Hay mujeres que están siendo maltratadas y ni siquiera se dan cuenta! Solo sienten que son inferiores, actúan con inseguridad y miedo y todo es parte del mismo ciclo. Entonces, lo primero es reconocer que existe la situación y lo segundo, por duro que sea, tomar la decisión de salirse del ciclo vicioso. Nadie ha dicho que será fácil, pero es posible.

Denunciar: ser objeto de violencia puede dar mucha vergüenza y también hay un estigma que impide que las mujeres denuncien cuando son maltratadas. La sociedad tiende a juzgarlas: “¿qué habrá hecho esa mujer para que la traten así?”. Aun así, es importante denunciar a cualquier persona o institución que ejerza violencia.

En vez de sentirse una víctima, empoderarse: sí, puede que te hayan acabado la autoestima, que te hayan maltratado y que ahora les creas y sientas que tenían razón. Del maltrato y la violencia quedan muchas secuelas psicológicas que deben abordarse con ayuda de un especialista. Hay muchos recursos para las mujeres que han sufrido violencia. Es importante aprovecharlos para dejar de ser una víctima, recuperar tu vida y demostrar a todos que la opinión más importante es la que tienes de ti misma.

@PosadaLifeCoach

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